El secreto de los directores técnicos argentinos

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Creditos Foto: Toru Hanai/Reuters

Incluso después de que ya tenía una carrera como director técnico, José Pékerman se rehusaba a desprenderse de su taxi. Había conducido aquel Renault 12, que le dio su hermano, durante cuatro años, después de que una lesión lo forzó a retirarse de jugar pero antes de entrenar a equipos juveniles como el del club Estudiantes.

En esos días, Pékerman llegaba a los entrenamientos en el auto que él mismo había pintado de amarillo y negro. Su ambición era ser director técnico y rápidamente demostró que era bueno para ello, pero no quería desprenderse del taxi. Era su salvaguardia, una garantía y red de seguridad para proveer para su familia. Porque en el fútbol argentino uno nunca sabe cuándo se necesitará esa red de seguridad.

Hasta ahora esta no ha sido una Copa como las de antaño para quienes están conectados a Argentina. La selección, pese a la presencia de Lionel Messi, apenas si logró clasificar a octavos después de varias crisis.

Sin embargo, hay otro componente de presencia argentina en el torneo. Cuatro equipos más que han participado en Rusia -Colombia, Perú, Egipto y Arabia Saudita- tienen un director técnico de este país suramericano. Con cinco entrenadores principales en el Mundial, Argentina equipara un récord establecido por Brasil en 2006.

De todos modos, ninguno de esos cinco ha tenido un Mundial que pueda calificarse de completamente exitoso. Los equipos de tres ya quedaron eliminados, incluido el Egipto de Héctor Cúper y la Arabia Saudita de Juan Antonio Pizzi.

El Perú de Rircado Gareca se ganó varios aficionados por su entusiasmo, su ataque y la oleada de hinchas blanquirrojos, pero perdió los primeros dos partidos antes de triunfar en el tercero. Perú esperó 36 años para regresar a un Mundial pero en solo ocho días quedó sellada su salida.

Eso deja a la Argentina de Sampaoli y a la Colombia de Pékerman como los únicos con expectativa de avanzar.

El hecho de que algunos de los emisarios técnicos de Argentina estén batallando seguramente será una excusa más para la autoflagelación argenta. Pero también es posible hacer otra interpretación: la cantidad de DT en las canchas de esta Copa debería ser una fuente de orgullo para Argentina, algo que compruebe que, aunque el desempeño de los jugadores en casa quizá no ha sido el esperado, el país sí que sabe de entrenadores.

El país siempre ha producido grandes directores técnicos y usualmente los ha exportado, particularmente al resto de América Latina. Marcelo “el Loco” Bielsa, Claudio Borghi y el mismo Sampaoli han estado al mando de Chile; Pékerman es el quinto DT argentino de una selección colombiana. Incluso Uruguay, al otro lado del río de la Plata, alguna vez contó con Daniel Passarella, excapitán de una selección Albiceleste que ganó un Mundial.

Con los cinco entrenadores en Rusia, y con técnicos muy apreciados en clubes europeos -como Mauricio Pochettino en el Tottenham Hotspur o Diego Simeone en el Atlético de Madrid-, la cadena de producción luce particularmente imparable.

“Intentamos asegurarnos que nuestros entrenadores no se pierdan nada de lo que necesitan”, dijo Victorio Cocco, presidente de la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino, ante la pregunta de a qué atribuye el éxito de los graduados de la ATFA. Dijo que hay mucho enfoque en métodos, pero también “cursos de psicología, ciencia del deporte, análisis de video… nos aseguramos de que estén preparados para lo que sea que se puedan encuentrar”.

Calificar para ser técnico en Argentina es más difícil que en muchos países europeos: son cuatro años antes de poder entrenar un equipo de primera división. Los primeros dos años, dijo Cocco, deben darse en el nivel juvenil, seguido de dos años más con futbolistas adultos.

“No hay saltos exprés”, dijo. “Los jugadores solo tienen que jugar. Pero un técnico debe saber una montaña de cosas, desde cuestiones de la dieta hasta cómo hablar con los deportistas. Hay mucho que aprender y eso toma tiempo”.

La explicación, sin embargo, no radica solamente en la educación formal. También tiene que ver con que Argentina alberga una confluencia de ideas, dijo Cocco, con influencias de “Italia, Alemania, España, Suecia” y lugares en medio que facilitan que sus técnicos puedan trabajar fuera de casa. “Nos gusta viajar por todo el mundo y adaptarnos”, dijo Cúper, quien dirigió al equipo egipcio.

Además, el ámbito tan competitivo del fútbol argentino también tiene como resultado entrenadores de alto calibre.

“Hay cientos de ligas y miles de clubes”, dijo Cocco, lo que hace que, quienes aspiran a ser técnicos, tengan cómo formarse, pero la presión es clara y no da tregua desde el nivel juvenil. Los entrenadores deben aprender, y rápido, o son despedidos. Esa es la razón por la cual Pékerman no quería deshacerse de su taxi, y esa es la razón por la cual ahora está en el Mundial a cargo de Colombia.

“En Argentina, como en Uruguay y en Brasil, las ligas juveniles son de un estándar altísimo”, dijo Pékerman. “Es la mejor escuela de jugadores y la mejor escuela para técnicos. Las demandas son considerables: no solo se trata de padres y amigos en las gradas. Los niños saben que los seguidores quieren que ganen y eso nos obliga, como técnicos, a jugar bien”.

Quienes no cumplen con los estándares regresan a sus taxis, o a su equivalente. Solo los mejores sobreviven, avanzan, escalan y aprenden a tener logros bajo presión. “Esta experiencia te da una ventaja para lograr cosas importantes cuando vas a otros países”, dijo Pékerman.

Los cinco técnicos argentinos que llegaron a Rusia saben cuáles son las consecuencias del fracaso. La presión no es tan distinta de la que enfrentaron en sus carreras en Argentina. Y su capacidad para lidiar con esta es la que los trajo hasta aquí y lo que hace de los técnicos de ese país suramericanos algunos de los más demandados en el mundo: la posibilidad de que tengan que regresar al taxi nunca está lejos.