Bolivia/Brasil: El precio del gas detrás de la salida de Patriota

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El Diario

 

Buenos Aires.- Bolivia pudo ofenderse por el refugio que Brasil dio a Roger Pinto, referente de la oposición boliviana, acusado por casos de corrupción por el gobierno de Evo Morales, aunque no demasiado. Los bolivianos saben tanto como los brasileños que deben mantener buenas relaciones para renegociar los contratos de exportación de gas que vencen en 2019, según información difundida por el periódico Urgente 24.

Así, la rápida reacción de Dilma Rousseff, quien desplazó al canciller Antonio Patriota, parece estar destinada a zanjar con velocidad el conflicto y seguir trabajando para conseguir precios más bajos del hidrocarburo boliviano.

Cuando el domingo se le consultó en Bolivia a Juan Ramón Quintana si el traslado del senador Roger Pinto a Brasilia tensaría las relaciones entre ambos países, al ministro de la Presidencia le costó aceptarlo.

“Brasil es nuestro principal aliado comercial, es nuestro principal socio en materia energética, es el país con el que tenemos la mayor frontera territorial, tenemos temas comunes, formamos parte de mecanismos de integración regional, tenemos muchas tareas pendientes para construir economías solidarias, debemos convivir de manera armoniosa y nuestra política exterior con Brasil debe ser amigable, de beneficios recíprocos”, describió el exmilitar y sociólogo.

Si hay necesidad de ponerle cifras a las reflexiones de Quintana, basta ver el desempeño de la balanza comercial entre ambos países en los últimos años. Según datos recogidos por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), en 2012 Bolivia tuvo un superávit comercial con Brasil de US$ 2.142 millones, casi todos proveniente de la venta de gas natural al gigante sudamericano.

En los últimos 10 años, esta ventaja económica se ha multiplicado por 10, ya que en 2004 el superávit alcanzaba solo a US$ 220 millones.

Bolivia importa de Brasil productos manufacturados por un monto de US$ 1.523 millones. El principal ítem de importación es el acero para construcción. En cambio, si se eliminaran las exportaciones de gas, Bolivia solo vendería a Brasil US$ 100 millones.

Justamente, el incidente diplomático generado por el traslado de Pinto a Brasil llega cuando ambos socios comerciales han comenzado las negociaciones para ampliar el contrato del gas más allá de 2019.

Brasil consume el 75% del gas de exportación boliviano, a razón de 30 millones de pies cúbicos por día y tiene un contrato de provisión hasta 2018. En la actualidad, según la revista brasileña Valor, el Gobierno de Dilma Rousseff presiona al de Evo Morales para que garantice la provisión del energético hasta ese año, ya que a partir de 2016 está previsto que los megacampos bolivianos de donde sale el gas de exportación comiencen a declinar la producción.

Y eso Brasil lo sabe bien, ya que Petrobras es la que administra San Alberto y San Antonio y está ampliando la capacidad de producción de Itaú.