Migrantes bolivianos retornan y emprenden pequeños negocios

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Mil trabajadores bolivianos que retornaron a Cochabamba el último año, buscaron apoyo en la Federación Departamental de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Fedemype) para establecer pequeños y medianos emprendimientos de manufacturas. Las crisis económicas  de Brasil y Argentina, la inseguridad y una percepción positiva de la economía boliviana fueron los motivos señalados por los compatriotas para emprender la repatriación voluntaria.

La mayoría de estos trabajadores se dedicaba al rubro textil de Brasil y Argentina, por lo que adquirieron conocimientos técnicos valiosos para el desarrollo de la economía boliviana, según consideró el presidente de Fedemype Cochabamba, Salustiano Acapa.

Por ello, Acapa busca el apoyo del Gobierno para beneficiar a los emprendedores en el proceso de instalación de sus proyectos en el departamento, ya que asegura que se crearán más fuentes laborales y se generarán mayores divisas para el país.

“Ellos han ido a aprender muchas cosas, han ido a aprender el tema del marketing y creo que quieren demostrar, pero por lo tanto, debemos dar desde el Gobierno central la comodidad, la facilidad a esos emprendedores y empresarios”, explicó Acapa.

Recesión y venta ambulante El analista económico Pablo Cuba advirtió que este proceso que pretende instalar nuevos emprendimientos textiles se da en un contexto boliviano caracterizado por grandes bolsones de pobreza y desempleo, contrario a la percepción positiva que provocó el retorno de los trabajadores.

Considera que los nuevos emprendimientos impulsados por los sectores repatriados deben atravesar por un contexto económico “muy difícil”, debido a las características actuales del aparato productivo.

“Yo creo que el tema se complejiza bastante, porque realmente estamos en una especie de recesión también en el país”, sostuvo Cuba.

En este sentido el especialista explicó que las pequeñas y medianas industrias textiles también se ven afectadas por la comercialización de la ropa usada.

Por su parte, Acapa advirtió que muchos de los nuevos productores instalados en el departamento se ven obligados a vender sus productos en la calle ante la imposibilidad de comercializarlos formalmente.

“No saben dónde vender y a la fuerza salen a ambular a las calles y generalmente terminan en la cancha. Con tantos ambulantes que existen hoy en día, la cancha está saturada y eso nos preocupa bastante”, precisó Acapa.

Asimismo los emprendedores deben lidiar con los controles de la Intendencia Municipal y las normativas locales que complejizan aún más la precariedad de los trabajadores, denunció el dirigente de la federación.

Vivienda social

Encontrar una vivienda con las condiciones necesarias para instalar los talleres textiles es un problema frecuente con el que se topan los emprendedores.

Según Acapa, un porcentaje considerable de los trabajadores tiene dificultades para acceder a una vivienda propia en la que también puedan llevar adelante sus actividades económicas.

Es por ello que buscan concretar una reunión con el Gobierno central para presentar un proyecto que contemple un programa denominado “Vivienda productiva”.

“Muchos de nuestros hermanos que van a emigrar a la Argentina, Brasil retornan y no tienen casa, viven a veces en anticrético o en alquiler y es muy incómodo cuando tienen tres, cuatro wawitas. Vamos a plantear que el Gobierno los ayude”, indicó Acapa.

Agregó que un productor necesita contar con una vivienda con al menos cuatro ambientes para desarrollar su actividad económica sin dificultades. Al mismo tiempo requiere de condiciones especiales , no brindadas en las casas alquiladas tradicionalmente.

Para ello, proponen que el Gobierno financie la infraestructura,  mientras que las alcaldías faciliten la dotación de los terrenos.

Destinos

Argentina y Brasil son los países de destino que concentran el 52,0 por ciento de los emigrantes bolivianos, de acuerdo a los resultados publicados por el censo nacional del año 2012, según informó el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Según los datos oficiales, España concentra el 23,8 por ciento de los bolivianos que dejaron el país.

Asimismo, el informe revela que Cochabamba es el segundo departamento que más migrantes tiene, ya que alcanza 23,2 por ciento, superado por Santa Cruz que representa el 22,7 por ciento, mientras que La Paz genera el 27, 5 por ciento.

 

“El 52 % de los migrantes bolivianos viven en Argentina y Brasil”

 

RECOMIENDAN DEFINIR  PERFIL LABORAL DE LOS REPATRIADOS

Bolivia no tiene programas de trabajo para los migrantes que vuelven al país

El Estado boliviano no cuenta con programas de reinserción laboral destinados a los compatriotas que decidieron retornar a nuestro país.

Del mismo modo, el Instituto Nacional de Estadística (INE) no posee datos sobre el flujo migratorio de repatriación registrado durante los últimos años.

Las estadísticas más recientes se limitan al Censo Nacional de 2012 que sólo da cuenta de la cantidad de bolivianos que abandonaron el país y las naciones de destinos.

Para el analista económico Pablo Cuba, es necesario que el Gobierno defina un perfil de los bolivianos que están retornando al país para readecuar la inserción laboral, sobre todo de la mano de obra calificada.

Cuba recordó irónicamente que el último programa de inserción laboral para bolivianos repatriados funcionó durante un gobierno de tinte neoliberal.

“Que se reacondicionen en función a la ayuda de familias, de amigos y amistades, antes que funcione realmente un programa de esta naturaleza”, sostuvo.

Por su parte, el director de Empleo del Ministerio de Trabajo, Víctor Vacaflor, informó que el Gobierno ofrece tres proyectos generales a los que pueden postularse con una inversión de 17 millones de dólares.

Para ello, el Ministerio de Trabajo cuenta con una base de datos que relaciona las demandas laborales con los desempleados.

El Programa de Ayuda Al Empleo (PAE) ofrece capacitación técnica en base a las demandas laborales para los postulantes. Hasta el momento cuenta con 18.484 beneficiarios.

Finalmente, el programa Mi Primer Empleo, destinado a jóvenes que no completaron la educación formal, pretende capacitar a esta población en riesgo social.  El proyecto ha atendido 12 mil beneficiarios hasta la fecha.

 

TALLER FAMILIAR EMPLEA A CINCO PERSONAS

Don Felipe Chambi decidió volver a Bolivia hace dos años. Escogió la ciudad de Cochabamba como el lugar adecuado para instalar su próspero taller de ropa que actualmente emplea a cinco personas. Recuerda sus 21 años de intenso trabajo como costurero en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, llenos de sacrifico y también de discriminación.

“Viví una vida muy fuerte, siempre discriminados, tanto como esclavizados, a veces no teníamos libertad, trabajábamos de lunes a sábado  (y) a mediodía sin salir”, rememoró.

En 1994 la familia Chambi intentó probar suerte en la capital argentina, ante la falta de trabajo y oportunidades que le presentaba su natal ciudad de Oruro.

21 años en Argentina le enseñó la importancia de la disciplina en el trabajo, varias técnicas en la costura, además de darle dos hijos nacidos en Argentina.

La devaluación del peso Argentino, un incidente que puso en peligro la vida de su hija y la añoranza por Bolivia, fueron los detonantes para emprender el retorno.

“Subieron tanto las cosas, casi se triplicaron la luz, el gas, los recados, la carne, la papa, todo subió, ya no se puede. Para vivir allá está bien, pero si tú vas de acá allá a trabajar, a ganarte algo no sirve y el cambio bajó. El cambio está en 0,40 o en  0,42, antes cuando yo me fui estaba uno por uno, un peso por un dólar”, dijo don Felipe.

“Poco a poquito” regresaron los Chambi a Bolivia. Oruro fue el primer destino para probar las condiciones del mercado local. Finalmente, en 2015 la familia se reunió nuevamente en Cochabamba, en una casa alquilada y con muchas ganas de progresar.

“Acudimos al banco y sacamos un préstamo, compré casita aquí. Y más feliz nos sentimos porque es nuestra casa propia”, explicó Felipe Chambi.

Actualmente los Chambi confeccionan “canguros” que entregan a sus clientes en diferentes puntos del país, como Bermejo, Tarija. El taller familiar brinda trabajo a dos personas, además de los tres miembros de la familia que llevan adelante el emprendimiento local.

“Me está yendo muy bien en Bolivia, me siento muy feliz, aquí mis hijos están estudiando; eso (costurar) es lo que yo estoy haciendo ahora”, finalizó don Felipe.

 

SOBREVIVIENDO EN MI TIERRA

Mario Choque partió hacia la ciudad de Buenos Aries en 2008, luego de haber agotado todo su capital en un fallido intento de sostener un taller de jeans en la ciudad de Cochabamba.

Poco tiempo pasó para que un empresario argentino lo contrate junto a su esposa para confeccionar ropa de mascotas. En ese lugar conoció todos los beneficios laborales a los que no accedió en Bolivia.

“En Buenos Aires he trabajado, me iba bien, ganaba muy bien, cada que subía algún aumento de sueldo, (lo) teníamos. Teníamos doble aguilando, vacaciones pagadas, o sea que yo he laburado durante los cinco años muy bien, perfecto, excelente. De eso no puedo renegar”, recuerda nostálgico Choque.

Mario explica que en aquellos años recibía un buen sueldo junto a su esposa. El percibía 6.500 pesos argentinos, mientras que su compañera de vida obtenía otros 4.500 pesos de la moneda local.

En total lograban ganar el equivalente a 1.500 dólares al cambio de esos años.

“Aquella vez el dinerito ya estaba devaluando en Argentina; ha bajado bastante, ganaba por los menos unos 6 mil a 6 mil 500 pesos. Mi señora ganaba unos 4 a 5 mil (…) un sueldo iba directamente al ahorro, y un sueldo era para gastarnos en el mes, para vivir.”

Las devaluaciones y la preocupación por la seguridad de su hijo que se quedaba solo en su casa fueron los motivos para que la familia Choque regrese en marzo del 2013.

Un banco cochabambino le puso un alto a las ilusiones de la familia que intentaba acceder a un crédito para comprar su vivienda. “No he podido, he intentado, también te piden garantes, nosotros los productores no tenemos garantes, la mayor parte”, dijo.

Actualmente, Mario y su esposa venden las poleras que producen en su casa alquilada de cuatro a seis de la madrugada en la calle Esteban Arce. Sólo ofrecen los productos  dos veces a la semana.

Por día pueden llegar a ganar hasta 800 bolivianos, sin embargo deben destinar hasta 600 bolivianos para comprar telas y comenzar el proceso otra vez.

“Volver a Argentina, no creo, pero tiene su lado malo también”, finalizó.