OMC: divergencias insuperables

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Una discusión sin rumbo. Las posiciones irreconciliables sobre comercio entre los países industrializados y los que buscan su desarrollo.

Al concluir la Segunda Guerra Mundial se reorganizó el sistema internacional. En lo político, se creó la Organización de las Naciones Unidas y, en lo económico financiero, se levantaron las instituciones de Bretton Woods, principalmente el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Entonces, como parte del reordenamiento económico mundial, no pudo conformarse una organización que regule el comercio mundial. Sólo se logró un acuerdo multilateral que se denominó GATT, acrónimo de General Agreement on Tariffs and Trade (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), que, en principio, organizó diferentes rondas de negociaciones comerciales en áreas tradicionales del comercio, principalmente para reducir aranceles, a fin de contribuir a la libre circulación de mercaderías.

Sin embargo, ya en la década de los sesenta del siglo pasado, la reducción de aranceles fue tan grande que en los países desarrollados empezaron a surgir tendencias proteccionistas para algunos sectores, como en la agricultura. Por otra parte, grupos de países se organizaron para defender productos sensibles, es el caso de la OPEP que comenzó a diseñar cupos y determinar precios para el petróleo y comenzaron a regirse por sus propias normas.

En ese escenario  -que ya distorsionaba los fundamentos de total apertura de  mercados, inspirado en las políticas liberales- y tras los dictámenes del llamado Consenso de Washington, se inició en 1986 el octavo ciclo de negociaciones comerciales denominado “Ronda Uruguay”, que procuró extender las regulaciones comerciales al ámbito de servicios, inversión externa y propiedad intelectual. Los resultados de esta ronda fueron incompletos y matizados con la creación de una Organización Mundial de Comercio, la OMC, que se fundó el 1º de enero de 1995, con el gran objetivo de liberar el comercio internacional.

La difícil situación de la OMC

Desde entonces, la OMC ha celebrado ocho Conferencias Ministeriales. La última en Ginebra el diciembre pasado, que volvió a poner al descubierto las grandes diferencias de enfoques e intereses entre los países miembros y las tensiones subyacentes en numerosas cuestiones, las mismas que persistirán durante 2012.

El clima de estancamiento en las negociaciones comerciales es tal, que gran parte de los esfuerzos de la OMC están orientados a evitar que trasciendan los escasos o prácticamente nulos avances que existen, lo que se traduciría en la opinión pública mundial como un vergonzoso fracaso.

Para concluir las negociaciones de Doha que comenzaron en 2001, así como para definir cuál deberá ser la labor de la OMC durante los próximos años, las partes están sometidas a una serie de presiones. En ausencia de entendimientos, la Conferencia Ministerial de diciembre de 2011 se redujo a una combinación de discursos formales y discusiones informales, que se sintetizan en una declaración, cuya primera parte abordaba los temas preparados de antemano y la segunda resume las discusiones de los ministros.

En retrospectiva, está claro que las grandes potencias comerciales no tenían ninguna intención de llevar a cabo sus propias obligaciones cuando firmaron en Marrakech el fin de la Ronda Uruguay del GATT y la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pues han incumplido todos los compromisos de eliminación de los subsidios y protecciones a su sector agrícola que asumieron en 1994 en Marrakech, mientras que los países en desarrollo, al depositar su confianza en los compromisos solemnes de las principales economías desarrolladas y creer que serían puestos en práctica de buena fe, pagaron un alto precio por adelantado y aceptaron diversas disciplinas en su propio comercio de bienes y servicios, y en los acuerdos sobre propiedad intelectual.

Para matizar estos resultados, el mandato de eliminar los subsidios agrícolas fue promocionado durante un tiempo como un elemento crucial en la “agenda del desarrollo”, pero poco después fue puesto patas arriba y ahora es presentado a las principales economías emergentes, conocidas como el BRIC, como elemento negociador para proporcionar, en particular a los Estados Unidos, mayor acceso a sus mercados de bienes y servicios, incluidos los financieros, algo que los países en desarrollo no consideran justo.

La mayoría de los países desarrollados han propuesto un nuevo método que consiste en que las negociaciones y los resultados se lleven a cabo sobre una base multilateral y que participen únicamente los miembros interesados. Este método fue rechazado categóricamente por un centenar de países en desarrollo que en la declaración titulada “Amigos del Desarrollo” afirmaron que iba en contra de los principios de multilateralismo e inclusión.

Con Doha en un callejón sin salida, algunos sostienen que las negociaciones comerciales que involucran a todos los países ya no son manejables. El clima adverso llega a tal punto que incluso antiguos entusiastas de la Ronda de Doha están considerando si liquidarla definitivamente como un fracaso o congelarla y emprender nuevas agendas.

 

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