La entrevista Claure – Antelo

Por Carlos Rodriguez San Martín
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entrevista Claure Antelo
Foto: Captura video RRSS

El porqué de la no entrevista Claure – Galindo.

No alcancé a ver la entrevista completa entre el empresario Marcelo Claure y la presentadora (en un papel no periodístico) Jimena Antelo, hago esta diferenciación no con el ánimo de desmerecer la capacidad de la conductora de “No Mentiras”, sí en mérito a una preocupante y abrumadora verdad que se ha convertido en tema de discusión central en el mundo entero: la emotividad moldeada para determinado momento. No vale en esta definición una preparación extraordinaria en el ejercicio intelectual de cada personaje; la realidad discurre entre la superficialidad, la emocionalidad y obviamente en el uso en regla de la propaganda (tanto la de ella como la de él).

No está mal plantearlo, porque de la discusión final se absorben componentes deontológicos más serios y necesariamente discutibles para entender, por ejemplo, la insistencia de la presentadora en la idea de impresionar (lo que no está mal, pero tampoco bien en estos casos) en la tradicional manera de sentar al entrevistado en una celda (castigo), idea con la que ha logrado éxito que no necesariamente representa las variables intelectuales de la figura.

Cuando el empresario consultó a su audiencia en X (sugerencias de nombres para la entrevista), alguien planteó a María Galindo. Claure no leyó esa respuesta o se hizo el desentendido. (Él dice, lo repitió en la entrevista de mil maneras, que configura su actividad diaria en base a la lectura y la interacción en las redes para sacar conclusiones del tiempo y espacio finando atención en Bolivia que nos ayude a ser mejores, a encontrar salidas), es decir, lee, contesta y se forma una idea patriotera a través de su inapelable exitismo, que, según dice, lo hace actuar en base a las necesidades de una “Bolivia extraordinaria con enorme futuro”. Ponerla a María Galindo no era aceptable desde la misma esencia de la comunicadora (“al ataque”) que habría roto el molde de Claure de lucirse, haciéndose ver como quien modestamente, también “aprende”.

Antelo finalmente se despidió agradeciendo a Claure porque no le impuso condiciones para la entrevista -salvo dijo- en un tema, lo que de hecho no era necesario decirlo ya que demuestra una concesión a su independencia periodística sin necesidad de recurrir a un guion. Quien llamó primero a quién si fue Evo o Marcelo o viceversa (ya repetida en una entrevista con García Linera). Ese no era el punto. Antelo se encontraba al frente de un personaje que basa su poder económico en la capacidad de modular los estados de conciencia de la audiencia, la forma en la que percibimos e interpretamos la crisis.

Un elocuente y entusiasta reproductor de las necesidades de la población (“encuestas más grandes con las empresas más grandes” que le gusta repetir, midiendo atención y percepción).

Hipnocracia

libro hipnocracia

Hace un par de días en esta misma columna plateamos el término hipnocracia que sustituye las “fake news” o la “posverdad”. Asistimos dice Jianwei X (autor del libro Hipnocracia) a una transformación mucho más profunda: el surgimiento de un sistema en el que el control se ejerce no reprimiendo la verdad, sino multiplicando las narrativas hasta hacer imposible cualquier punto fijo. Una nueva forma de control de la conciencia, donde los ciudadanos no son oprimidos por la fuerza, sino seducidos por las narrativas manipuladas que simulan ser verdad; la obsesiva repetición y constante desestabilización de todo marco de referencia  (como cuando en su discurso de posesión Donald Trump acude al término “una nueva época de oro está empezando en los EEUU”), a partir del cual manipula la construcción de un relato que define la temporalidad discursiva de una verdad sin ser necesariamente verdad.

La hipnocracia para definir (hipnosis y democracia), la relación obsesiva del “yo conozco, pero yo aprendo” se vuelve maleable bajo la fuerza de la sugestión: se transforma en un espacio psíquico que puede ser manipulado a voluntad, por la grandeza de una vocación desconocida de mesianismo bajo la fuerza de la sugestión.

 

 

 

 

"Todo intelectual tiene la obligación moral de poner en discusión las decisiones que emanan del poder político"

Jean Paul Sartre
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