Microempresas se reinventan y apuestan por trajes de bioseguridad

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Foto: Hernán Andia / Los Tiempos

A pesar de que muchas empresas reportan millonarias pérdidas a causa de la pandemia del coronavirus, otras han visto en esta situación una oportunidad de negocios, se han reinventado, adaptado y logrado gambetear a la crisis.

Se trata de muchas microempresas de confección, que han comenzado a elaborar mamelucos, cofias, barbijos y otros para empresas y hospitales.

Muchas han ingresado en el rubro porque han encontrado una oportunidad de negocios y otras cuando algunas personas les han solicitado la confección de estos trajes.

La Cámara Departamental de la Pequeña Industria y Artesanía Productiva Cochabamba (Cadepia) tiene unas 35 empresas de confección de ropa que ahora se dedican a los trajes de bioseguridad. Los emprendimientos han sido capacitados por Cadepia y personas con conocimientos de bioseguridad, informó la presidenta de la cámara, Luz Mari Zelaya.

Esta ropa es tan requerida que los productores la envían a La Paz, Santa Cruz, Oruro, Potosí, Beni y Pando.

Los barbijos se fabrican con dos y hasta cuatro capas de tela de algodón. En cambio, los mamelucos son de un material impermeable. “No pasa el agua, se han hecho las pruebas con spray. No debe haber muchas costuras, tiene elástico en puños y piernas, es cómodo y flexible”, dice la productora Sandra Cosme Cruz, de Confecciones Harold.

Zelaya indicó que las microempresas han dado un solución a la escasez de estos implementos en el mercado.

Empresas

La empresa Job Jeans de Juli Berrios se dedicaba a la confección de jeans, pero desde principio de año sus ventas cayeron  y el negocio estaba en una difícil situación. Con la pandemia, la microempresa vio una oportunidad y comenzó a elaborar mamelucos y barbijos. Sus productos fueron aceptados y demandados desde el primer momento.

Gracias a esa aceptación, Job Jeans mantuvo a sus 35 empleados, que ahora son insuficientes para cubrir la demanda.

La empresa saca al mercado unas 300 unidades de mamelucos y 200 de barbijos.

“Estaba preocupada porque a principio de año la venta de jeans había caído bastante y estaba buscando clientes para no despedir gente, cuando llegó la pandemia vi que podíamos fabricar barbijos porque no había en el mercado y viendo tutoriales hicimos los mamelucos”, explica la propietaria.

En cambio, Sandra Cosme Cruz, de confecciones Harold, dice que antes producía poleras y trajes deportivos, pero sus familiares en el exterior le advirtieron de la demanda de estos implementos y le sugirieron confeccionarlos.

Cosme se ha especializado en mamelucos y tiene pedidos de instituciones como la Policía, Fuerzas Armadas o Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Cosme indica que los transportistas libres también están interesados en su producto. “Tenemos la capacidad de hacerlo. Sólo para el sector de  transporte estamos hablando de un mínimo de 500 trajes”, dice,

Su empresa da trabajo a 32 personas entre cortadores, costureras y empaquetadores, que entregan por semana 2.000 mamelucos. “Hemos generado trabajo. Es una muestra clara de que sí se puede superar la crisis y generar recursos”, dice.

 

35 pequeñas empresas se dedicaron a la elaboración de estos nuevos productos, requeridos durante la pandemia

 

TRABAJANDO PESE A LA ADVERSIDAD

Ana María Centellas, propietaria de Confecciones Gasich,  empezó a realizar trajes de bioseguridad porque un médico se lo solicitó. Su empresa produce por día 70 mamelucos, batas, gorras y barbijos.

Trabaja con su hermano e hijos porque sus costureros viven lejos y además la Agetic le ha negado lo permisos de circulación. “No nos han explicado por qué, sólo han rechazado nuestro permisos y debemos salir sólo cuando nos toca, eso nos limita para la compra de tela y entregas de pedidos”, indicó.

Sus implementos de bioseguridad se llevan a otros departamento y personas parti