OMC: las barreras comerciales por motivos de “seguridad nacional” se han triplicado en 10 años

El País
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  • Entre 2015 y 2025, los gobiernos pasaron de imponer alrededor de un centenar de restricciones de seguridad a rozar las 300, según el último informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
  • El auge del proteccionismo explica el frenazo en el crecimiento de las cadenas de producción globales. Si entre 1995 y 2008 el comercio internacional aumentó a una media anual de casi el 6%, desde la crisis financiera la tasa ha caído al 2%.
  • En un escenario más fragmentado, basado en acuerdos bilaterales en lugar de un marco comercial común, según proyecciones para 2050, reduciría el PIB mundial casi un 7% y las exportaciones un 27%.

Las barreras al comercio internacional impuestas por motivos de seguridad nacional casi se han triplicado en los últimos 10 años. Entre 2015 y 2025, los gobiernos pasaron de imponer alrededor de un centenar de restricciones de este tipo a rozar las 300, según el último informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El salto refleja el cambio de prioridades entre las principales potencias. Estados Unidos, China y la Unión Europea recurren con más frecuencia a controles sobre las importaciones y exportaciones para proteger sectores considerados estratégicos, desde los semiconductores y los minerales críticos hasta las tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial.

El cambio de prioridades ayuda a explicar buena parte de las decisiones comerciales adoptadas en los últimos años por distintos presidentes, entre los que destacan el estadounidense Donald Trump o el chino Xi Jinping. La guerra en Ucrania, la rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín y las interrupciones de las cadenas de suministro durante la pandemia han puesto de manifiesto hasta qué punto unas pocas economías concentran la producción de bienes esenciales. Lo que durante años se presentó como una ventaja de la globalización —que cada país se especializara en aquello que hacía mejor— ahora es visto como un riesgo.

Los semiconductores son, quizá, el mejor ejemplo. Cinco economías ―China, Taiwán, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos― concentran alrededor de tres cuartas partes de la producción mundial. Se trata de un sector del que depende casi toda la tecnología, incluyendo automóviles, centros de datos y hasta sistemas militares. Algo parecido sucede con varias de las materias primas necesarias para la transición energética y las tecnologías avanzadas. La producción está tan concentrada que el país líder de cada mercado controla más de la mitad de la oferta global. Australia tiene el control del litio y la República Democrática del Congo del cobalto. China, por su parte, concentra más del 50% de la producción mundial de tierras raras y grafito, mientras que en el caso del galio su cuota supera el 90%.

La alta concentración de materiales y la posición dominante de China han llevado a las potencias rivales a calificar la dependencia comercial como un riesgo para la seguridad nacional. De ahí que en el último decenio se haya multiplicado la aplicación del artículo XXI del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, que regula las excepciones relativas en esta materia. Estados Unidos tiene un rol protagonista, pues es una de las siete economías que concentran casi dos tercios de todas las medidas antidumping en el mundo. Además, el actual gobierno republicano ha impuesto restricciones a sectores como el acero o el aluminio bajo el argumento del interés nacional, lo que ha desencadenado disputas ante la OMC.

La Unión Europea ha respondido a este proceso de fragmentación comercial protegiendo con más fuerza su propio mercado y buscando alternativas de cooperación internacional. El informe de la organización detalla que Bruselas usa con frecuencia (en más de la mitad de los casos) medidas antidumping para proteger a sus empresas frente a productos extranjeros que se venden por debajo del precio que se considera justo, o cuando ha intervenido el Estado del país de origen para distorsionar el mercado. En paralelo, en 2020 la UE impulsó la creación del Acuerdo de Arbitraje de Apelación Interino Multipartito, un mecanismo que permite resolver disputas comerciales cuando no funciona el tribunal de apelaciones de la OMC. A mediados de 2026, este sistema contaba con 34 participantes y cubría alrededor del 36% del comercio mundial de mercancías.

El problema es que cuanto más recurren a la cláusula de seguridad nacional, menos margen de maniobra tiene la OMC para garantizar que todos los países compitan bajo las mismas condiciones. Al respecto, el propio organismo señala que “el equilibrio entre las preocupaciones de seguridad y el sistema basado en normas es cada vez más difícil de mantener a medida que las políticas motivadas por la seguridad se siguen expandiendo”. Y añade que “cuando las medidas comerciales relacionadas con la seguridad restringen el comercio, discriminan entre socios comerciales o favorecen a las empresas nacionales, generan preocupaciones que son expresadas por los miembros en los órganos de la OMC”. De hecho, el organismo registra un repunte en las disputas relacionadas con este tipo de restricciones, aunque no ofrece la cifra exacta.

El auge del proteccionismo explica el frenazo en el crecimiento de las cadenas de producción globales. Si entre 1995 y 2008 el comercio internacional aumentó a una media anual de casi el 6%, desde la crisis financiera la tasa ha caído al 2%. Además, hay un mayor número de países que están dejando de cumplir con sus obligaciones comerciales. Un ejemplo claro es la falta de información sobre las ayudas públicas que ofrecen a sus empresas e industrias. Entre 2015 y 2024, solo el 59% de los miembros de la OMC notificó sus programas de subsidios conforme a sus obligaciones, y el 77% de esas notificaciones llegó con un retraso medio superior a un año.

La OMC también se ha ido debilitando. Su órgano de apelación está paralizado desde finales de 2019, después de que Estados Unidos se negara a autorizar el nombramiento de nuevos jueces. Esa falta de quórum ha dejado sin resolver, hasta la fecha, 35 apelaciones, según el informe.

Las proyecciones para 2050 no son halagueñas. Si el comercio mundial se sigue dividiendo en bloques geopolíticos, el PIB global podría caer más de un 5% y las exportaciones más de un 18%. En un escenario más fragmentado, basado en acuerdos bilaterales en lugar de un marco comercial común, reduciría el PIB mundial casi un 7% y las exportaciones un 27%. La dinámica opuesta produciría el efecto contrario. Una mayor cooperación comercial podría sumar un 3% al crecimiento global y un 18% al comercio.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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