Brasil elecciones: Los grandes retos que afronta Brasil

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El próximo presidente de Brasil, cuyo nombre va a empezar a definirse este 5 de octubre, enfrentará problemas sociales y económicos y deberá impulsar profundas reformas para sacar a Brasil de la recesión técnica, la alta inflación y el estancamiento de su modelo de desarrollo.

Por lo que hasta ahora se sabe Dilma Rousseffapuesta por la continuidad con leves cambios mientras que Marina Silva anuncia cambios más profundos aunque promete mantener parte de las estructura economicosocial vigente.

La crisis del modelo económico brasileño

Sin duda que el primer problema en este momentos es el de la crisis económica la cual en realidad está delatando un problema de modelo económico. Un modelo (intervencionista y proteccionista) que ha condenado al país que su economía vuele muy bajo desde hace cinco años: tras un alza del 7,5% del PIB en 2010, Brasil creció al 2,7% en 2011, al 1% en 2012 y al 2,5% en 2013.

Se considera que ahora Brasil se encuentra en recesión técnica tras dos trimestres consecutivos con resultados negativos. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) ha desvelado que Brasil se contrajo 0,6% respecto al primer trimestre y que, en los tres primeros meses del año retrocedió un 0,2%, ingresando oficialmente a su primera recesión desde finales del 2008 e inicios del 2009.

Moody’s ya ha anunciado el cambio de estable a negativa en su perspectiva de la economía del país lo cual  “refleja los mayores riesgos relacionados con el bajo crecimiento y el empeoramiento de los indicadores de deuda que apuntan a una reducción en la calidad crediticia de Brasil”.

Además, la inflación, del 6,5%, sigue siendo un problema estructural para el cual no se ha encontrado solución.

“La inflación en Brasil que se mantiene en el límite superior del rango objetivo del banco central deja poco espacio de maniobra al banco central a pesar del debilitamiento de la actividad económica”, señala el servicio de estudios del BBVA.

Brasil tiene su moneda sobrevaluada, padece una caída de la competitividad de las exportaciones, una presión fiscal muy elevada y un gasto público muy alto que ha provocado una déficit del 3,6%.

Todo apunta a que la salida de la crisis será lenta y que para conseguirlo se requieren profundas reformas.

Para el economista Fausto Spotorno existe un “profundo retraso estructural”, que obligará al nuevo gobierno, ya sea Dilma Rousseff, la opositora Marina Silva o Aecio Neves, a concentrarse en el “traslado de la protección de las industrias en el mercado doméstico al fortalecimiento sistemático de su competitividad en la economía global. Brasil necesita un giro de 180 grados en su orientación estratégica, que obligue a las compañías brasileñas a innovar, invertir y transnacionalizarse”.

Lo que frena a Brasil son “sus barreras internas; consecuencia de una historia de 50 años del proyecto de Getulio Vargas de sustitución de importaciones. Ahora el mundo ha cambiado y Brasil todavía no”, agrega.

En esa misma línea, Margarida Gutiérrez, profesora de Macroeconomía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), advierte que gane quien gane, 2015 será un año de ajustes: “Brasil pierde ritmo de crecimiento desde 2011 por un cuadro de política económica con muchas incertidumbres, mucho intervencionismo del Estado en la economía, y este año hay incertidumbres adicionales: las elecciones, el riesgo de racionamiento de energía eléctrica y ajustes que deberán ser realizados en 2015″.

Las reformas prometidas

Este panorama económico va a condicionar el resto de las políticas públicas. Las demandas de quienes salieron a protestar en 2013 y 2014 van en la línea de mayor gasto público en áreas como los servicios públicos (educación), las infraestructuras (trasporte público), la salud y la seguridad.

Hasta ahora Marina Silva se ha limitado a decir que mantendrá los programas sociales de la era lulista (entre ellos Más Médicos, por ejemplo) que hará más eficiente en sistema de protección social y que los fondos saldrán no de un aumento impositivo sino de una racionalización del gasto y combatir la corrupción.

Abandera un giro “neoliberal” (impulsaría la autonomía del Banco Central, reduciría el tamaño del Estado, limitaría la acción de la banca pública y “destetar(ía)” a la industria, como declaró esta semana su asesor económico Eduardo Giannetti)…

…pero asegura que lo hará manteniendo y profundizando aún más la atención social y respetando programas como ProUni, Pronatec, Bolsa Família.

Incluso ha prometido más gasto en temas como salud y cultura: “Vamos a ampliar progresivamente los recursos”.

Dilma no ha dado pistas de por dónde van a ir sus reformas aunque sí ha anunciado el final de una época en el área económica con las salida del gobierno de su ministro Guido Mantega.

Sin embargo, ha sido el propio Mantega el encargado de presentar el programa de Dilma en donde se asegura que se va a mantener la política industrial y de financiamiento de inversiones, se va a dar continuidad del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) que lleva ya 30.000 millones de dólares invertidos en obras de infraestructura, o el “Reintegra” que beneficia a los exportadores con devoluciones de impuestos.

Dilma va a seguir apegada a una estrategia “gradual” en la corrección de tres ítems clave de la macroeconomía: el tipo de cambio, las tasas de interés y el ajuste fiscal. “No comulgamos con estrategias de choque, como sostienen algunos de nuestros críticos” señaló Mantega.