Cambio Climático | ‘Nadie está a salvo’: el clima extremo afecta a los países más prósperos

Por Somini Sengupta | The New York Times
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Rusia olas de calor

Los fenómenos meteorológicos extremos han afectado enormemente a todo el mundo. Y las recientes inundaciones en Alemania y los incendios en el oeste de EE. UU. evidencian que ningún país está preparado para afrontar las consecuencias del cambio climático.

Este fin de semana, algunos de los países más ricos de Europa quedaron sumidos en el caos cuando ríos embravecidos se desbordaron en Alemania y Bélgica, lo que sumergió pueblos, lanzó autos estacionados contra árboles y dejó a los europeos conmocionados por la intensidad de la destrucción.

Solo unos días antes, en el noroeste de Estados Unidos, una región famosa por su clima fresco y nublado, cientos de personas murieron por el calor. En Canadá, un incendio forestal borró a una aldea del mapa. Moscú se tambaleó por las temperaturas históricas registradas. Y este fin de semana, en el norte, las Montañas Rocosas se preparaban para otra ola de calor mientras los incendios forestales se extendían a lo largo de 12 estados en el oeste estadounidense.

Los desastres climáticos desmedidos en Europa y América del Norte han sensibilizado sobre dos hechos esenciales de la ciencia y la historia: el mundo en su conjunto no está preparado para frenar el cambio climático ni para vivir con él. Los sucesos de la semana han devastado a algunas de las naciones más ricas del mundo, cuya prosperidad ha sido posible gracias a más de un siglo de quema de carbón, petróleo y gas, actividades que llevaron gases de efecto invernadero a la atmósfera y que están calentando el mundo.

“Digo esto como alemana: ‘La idea de que posiblemente puedas morir por el clima es totalmente ajena’”, expresó Friederike Otto, una física de la Universidad de Oxford que estudia los vínculos entre el clima extremo y el cambio climático. “Ni siquiera nos damos cuenta de que la adaptación es algo que tenemos que hacer ahora mismo. Tenemos que salvar la vida de las personas”.

Las inundaciones en Europa han causado la muerte de 165 personas hasta el momento, la mayoría de ellas en Alemania, la economía más poderosa de esa región. En Alemania, Bélgica y los Países Bajos, se reportó la desaparición de cientos de personas, lo que sugiere que la cifra de fallecidos podría aumentar. Ahora, se están planteando interrogantes sobre si las autoridades le advirtieron al público sobre los riesgos de manera adecuada.

La pregunta más importante es si los crecientes desastres en el mundo desarrollado influirán sobre lo que harán los países y las empresas más influyentes del mundo para reducir sus propias emisiones de los gases que calientan al planeta. Esas preguntas llegan unos meses antes de noviembre, cuando las Naciones Unidas liderarán las negociaciones climáticas que se llevarán a cabo en Glasgow, Escocia, lo que será un momento de ajuste de cuentas para determinar si las naciones del mundo podrán acordar formas de controlar las emisiones y evitar los peores efectos del cambio climático.

Después de todo, los desastres magnificados por el calentamiento global han dejado un largo rastro de muertes y pérdidas en gran parte del mundo en desarrollo, han arrasado con cultivos en Bangladés, eliminado aldeas en Honduras y amenazado la existencia misma de pequeñas naciones insulares. El tifón Haiyan devastó Filipinas en el periodo previo a las conversaciones sobre el clima en 2013, lo que llevó a los representantes de los países en desarrollo a presionar para obtener fondos con el fin de enfrentar las pérdidas y los daños ocasionados por desastres climáticos de los que no eran responsables. Esto fue rechazado por países más ricos, incluidos Estados Unidos y Europa.

“Los fenómenos meteorológicos extremos en los países en desarrollo a menudo causan una gran cantidad de muertes y destrucción, pero son vistos como nuestra responsabilidad, no como algo agravado por más de cien años de gases de efecto invernadero expulsados por los países industrializados”, dijo Ulka Kelkar, directora ambiental de la oficina en India del Instituto de Recursos Mundiales. Estos desastres cada vez más intensos que ahora golpean a los países más ricos, dijo, muestran que los países en desarrollo que buscan la ayuda del mundo para luchar contra el cambio climático “no han estado pidiendo ayuda por nada”.

De hecho, desde que se negoció el Acuerdo de París de 2015 con el objetivo de evitar los peores efectos del cambio climático, las emisiones globales han seguido aumentando. China es el mayor emisor del mundo en la actualidad. Las emisiones han ido disminuyendo de manera constante tanto en Estados Unidos como en Europa, pero no al ritmo necesario para limitar el aumento de la temperatura global.

Un recordatorio de los costos compartidos provino de Mohamed Nasheed, el expresidente de las Maldivas, una nación insular en grave riesgo por el aumento del nivel del mar.

“Aunque no todos se ven afectados por igual, este trágico evento es un recordatorio de que, en la emergencia climática, nadie está a salvo, ya sea que viva en una pequeña nación insular como la mía o en un Estado desarrollado de Europa occidental”, dijo Nasheed en un comunicado emitido en nombre de un grupo de países que se autodenominan el Foro de Vulnerabilidad Climática.

La ferocidad de estos desastres es tan notable como el momento en el que ocurren, justo antes de las conversaciones globales en Glasgow para tratar de llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el cambio climático. Hasta ahora, el mundo tiene un pobre historial de cooperación y este mes surgieron nuevas tensiones diplomáticas.

Entre las principales economías, la Comisión Europea presentó la semana pasada el plan de acción más ambicioso para el cambio. Propuso leyes para prohibir la venta de automóviles a gasolina y diésel para 2035, exigir que la mayoría de las industrias paguen por las emisiones que producen y, lo que es más significativo, imponer un impuesto a las importaciones de países con políticas climáticas menos estrictas.

Pero se espera que esas propuestas se encuentren con rotundas objeciones tanto dentro de Europa como en otros países cuyas empresas podrían verse amenazadas por la propuesta de un impuesto fronterizo al carbono, lo que podría complicar aún más las perspectivas de cooperación global en Glasgow.

Los acontecimientos de este verano se producen después de décadas de indiferencia ante la ciencia. Los modelos climáticos han advertido sobre el desastroso impacto del aumento de las temperaturas. En 2018, una exhaustiva evaluación científica advirtió que, si no se evita que la temperatura media global se eleve más de 1,5 grados Celsius, en comparación con el inicio de la era industrial, se podrían producir resultados catastróficos, desde la inundación de ciudades costeras hasta la pérdida de cosechas en varias partes del mundo.

El informe ofreció a los líderes mundiales un camino práctico, aunque estrecho, para salir del caos. Se requería que el mundo en su conjunto redujera a la mitad las emisiones para 2030. Sin embargo, desde entonces, las emisiones globales han seguido aumentando, tanto que la temperatura promedio global ha aumentado en más de 1 grado Celsius desde 1880, lo que estrecha la ruta para mantener el aumento por debajo del umbral de 1,5 grados Celsius.

A medida que aumenta la temperatura media, se ha incrementado la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos en general. En los últimos años, los avances científicos han señalado el grado en que el cambio climático es responsable de eventos específicos.

Por ejemplo, Otto y un equipo de investigadores internacionales concluyeron, casi con total certeza, que la extraordinaria ola de calor registrada a finales de junio al noroeste de Estados Unidos no habría ocurrido sin el calentamiento global.

Y aunque se necesitará un extenso análisis científico para relacionar el cambio climático con las catastróficas inundaciones de la semana pasada en Europa, una atmósfera más cálida retiene más humedad y ya provoca lluvias más intensas en muchas tormentas de todo el mundo. No cabe duda de que los fenómenos meteorológicos extremos seguirán siendo más frecuentes y más intensos como consecuencia del calentamiento global. Un artículo publicado el viernes prevé un aumento significativo de las tormentas lentas pero intensas en toda Europa para finales de este siglo debido al cambio climático.

“Tenemos que adaptarnos al cambio que ya hemos introducido en el sistema y también evitar más cambios reduciendo nuestras emisiones, reduciendo nuestra influencia en el clima”, dijo Richard Betts, científico del clima de la Met Office británica y profesor de la Universidad de Exeter.

Está claro que ese mensaje no ha calado entre los responsables políticos, y quizá tampoco entre el público, sobre todo en el mundo desarrollado, que ha mantenido una sensación de invulnerabilidad.

El resultado es la falta de preparación, incluso en países con recursos. En Estados Unidos, las inundaciones han matado a más de 1000 personas solo desde 2010, según datos federales. En el suroeste, las muertes por calor se han disparado en los últimos años.

A veces esto se debe a que los gobiernos han tenido dificultades para responder a desastres que no habían experimentado antes, como la ola de calor en el oeste de Canadá el mes pasado, según Jean Slick, jefe del programa de gestión de desastres y emergencias de la Universidad Royal Roads en la Columbia Británica. “Se puede tener un plan, pero no se sabe si va a funcionar”, dijo Slick.

Otras veces se debe a que no hay incentivos políticos para gastar dinero en la adaptación.

“Para cuando construyan nuevas infraestructuras contra las inundaciones en su comunidad, probablemente ya no estarán en el cargo”, dijo Samantha Montano, profesora de gestión de emergencias en la Academia Marítima de Massachusetts. “Pero van a tener que justificar que se gasten millones, miles de millones de dólares”.

 

Christopher Flavelle colaboró con la reportería.

Somini Sengupta cubre temas climáticos internacionales. También ha cubierto Medio Oriente, África Occidental y el sur de Asia para el Times y en 2003 recibió el premio George Polk por su trabajo en el Congo, Liberia y otras zonas de conflicto. @SominiSenguptaFacebook