Cuál el significado de la visita de Marco Rubio a la región (I Parte)

La visita del secretario de Estado de EEUU a Ecuador, Colombia y Perú.
Después de la guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo, vivimos en la época de la guerra contra el “narcoterrorismo”. Hace algunos días, en su primera visita a tres países de la región el jefe de la diplomacia estadounidense habló de una agenda conjunta para “combatir formalmente al narcoterrorismo”.
En Colombia, el presidente Abelardo de la Espriella dijo que “Colombia quiere consolidarse nuevamente como el principal socio de seguridad hemisférica con los Estados Unidos”. Un día después, en Ecuador, Rubio prometió que Washington iba a apoyarlos para luchar contra el narcoterrorismo. “Le vamos a pedir al Congreso norteamericano 45 millones adicionales para seguir contribuyendo a este esfuerzo”, aseguro. Al otro día, durante su visita a Perú, Keiko Fujimori anunció que el país se sumaba al Escudo de las Américas para fortalecer la lucha contra el crimen organizado transnacional. “Agradecemos esta oportunidad porque para nosotros, que hemos tenido que enfrentar al terrorismo, sabemos lo difícil que es ahora enfrentar esta criminalidad que no respeta fronteras”, afirmó la presidenta.
Perú y Colombia son los últimos en incorporarse a la corte de países alineados sin fisuras con el gobierno de Donald Trump, pero ya tienen experiencia con esto: fueron los primeros en utilizar el término “narcoterrorismo” en los años ochenta. Pero el escenario actual es bastante diferente. Para la analista colombiana Sandra Borda, son problemas y estrategias que ya conocemos, “pero en esteroides”. Sandra es doctora en Ciencias Políticas y una experta reconocida en relaciones internacionales en el continente. Con ella habló el Podcast El Hilo, transcribimos una parte de la entrevista porque la analista observa con claridad el papel que juega Marco Rubio en ese proyecto y en qué medida la sumisión de los gobiernos afines a Trump puede generar cambios en las relaciones militares, la inteligencia y la coordinación con Estados Unidos.
El Faro: Colombia y Perú son los últimos dos países en elegir gobiernos de derecha en la región que están totalmente alineados con Washington ¿Qué es lo que está intentando construir Washington en el hemisferio? ¿Ha cambiado realmente la manera en que Estados Unidos entiende su relación con América Latina?
Sandra Borda: Sí, sin duda alguna. Ahora, la otra pregunta es por cuánto tiempo, porque no creo que esto sea un modelo de entendimiento con América Latina que vaya a durar mucho tiempo. Porque, digamos, creo que ni siquiera hay consenso al interior del Partido Republicano de que esa es la mejor forma de afrontar la relación. Creo que tampoco hay consenso sobre la necesidad de darle tanta importancia a América Latina. Y ni siquiera incorporemos en la ecuación a los demócratas, que están en otra página totalmente distinta. Entonces creo que es una forma de entendimiento que tiene fecha de expiración bastante clara, desde mi punto de vista. Ahora, ¿en qué consiste? Creo que ese documento de seguridad Nacional en el que se definía la famosa doctrina Monroe, deja en claro cuál es el paraguas conceptual, que creo que es la idea de reconfigurar, repensar el poder de Estados Unidos sobre su área de influencia histórica tradicional, que es América Latina. Y eso básicamente por cuenta de la proliferación de organizaciones criminales, de la proliferación de problemas de seguridad en general, que ahora están siendo conectados los unos a los otros en formas muy particulares para poder combatirlos. Creo que Estados Unidos está buscando alinear las preferencias de los latinoamericanos alrededor de temas, por ejemplo, como el de Venezuela, en el que fue exitoso, porque creo que no hubo ningún ejercicio de resistencia ni de oposición fuerte a lo que hizo Estados Unidos, a la extracción de Maduro, y creo que está empezando a hacer el mismo ejercicio con Cuba, que termina en un gran apoyo de la región a estas formas de intervención y a lo mínimo en un silencio medio cómplice que les ayuda a actuar a ellos con bastante facilidad para cumplir con esos temas definidos que tienen en su agenda.
P: Se habla mucho de la seguridad como la puerta de entrada que justifica este movimiento, pero hay muchos de los elementos que aparecen ahora en el discurso que existen desde hace mucho tiempo, y específicamente en el caso colombiano. ¿Cuál ha sido la importancia de Estados Unidos en las distintas estrategias, digamos, en las últimas dos décadas? Pero también en términos de apoyo económico y logístico que ha implementado Colombia en términos de seguridad.
R: Sí, yo creo que ese punto es fundamental, porque el tipo de estrategia que estamos viendo en este momento es la misma estrategia de siempre, pero en esteroides. Es lo mismo, que es simple y sencillamente pensar que la solución pasa directamente por el involucramiento de las fuerzas militares en el combate contra estas organizaciones y por el uso de la fuerza como única alternativa, concebida como la alternativa más efectiva para combatirlas. En general, diría yo que esa es la forma en la que han concebido la lucha contra la criminalidad. Y eso, como lo sugieres, tiene una manifestación más clara y más contundente en la historia de la cooperación entre Colombia y Estados Unidos, que claro, es más viejo, porque Colombia viene sufriendo de estos problemas desde hace mucho más tiempo que el resto de América Latina. Lo que pasa es que a América Latina ahora le está cayendo el 20, o sea, todo aparece como una cosa súper novedosa. Bueno, nosotros llevamos como medio siglo en esas, entonces, claro, en la medida en que fuimos el epicentro de la producción de drogas ilícitas, por supuesto, construimos una relación con Washington muy cercana que pasaba, justamente, por formas de cooperación alrededor de temas de inteligencia, alrededor de equipamiento y alrededor de recursos que, entre otras cosas, terminaron por convertir a las Fuerzas Armadas y a la policía colombiana en uno de los cuerpos de seguridad más efectivos que hay en la región. Más sofisticados, con más más juguetes, con más formas de combatir estas organizaciones. Tristemente, tenemos que decir que después de todos estos años, con todas estas ayudas y con todas las ganas que le hemos metido los colombianos, incluso pagando en términos de vidas y en términos de daño ambiental y en términos de salud de la gente, pues el resultado es que no hemos logrado reducir ni siquiera sustancialmente el nivel de cocaína, que es lo que nosotros más producimos, que le proveemos al mundo. Seguimos proveyendo cerca del 75% de la cocaína que se consume en el mundo. Y eso básicamente quiere decir que todos estos esfuerzos, todas las ganas que le hemos echado, todo lo que hemos hecho, pues básicamente no se han traducido en una reducción ni del consumo ni del tráfico de cocaína. Entonces, el punto es: ese mismo modelo que nosotros ya tenemos la experiencia histórica de que no ha sido funcional, es el modelo que está intentando aplicarle Estados Unidos, mucho más intensamente, con mucho más volumen, a toda la región. Entonces, el drama colombiano está en este momento corriendo el riesgo de convertirse en el drama latinoamericano.
Una sola nota de pie de página para aclarar una cosa, no es que el problema de seguridad y el problema de las organizaciones criminales, que es por el que esté pasando América Latina, sea exacto al problema por el que pasó Colombia en los 80 en los 90. Yo creo que es peor. Porque nosotros no teníamos esta proliferación enorme de formas de criminalidad asociadas. Ahora tenemos, claro, narcotráfico, pero también tenemos minería ilegal, tenemos tráfico de armas, tenemos tráfico de personas, o sea, tenemos un montón. El negocio se diversificó. Y no solamente se diversificó el negocio, sino que también hubo una curva de aprendizaje súper importante por parte de las organizaciones criminales, que hoy son más poderosas, están más transnacionalizadas, tienen formas de operación a lo largo y ancho de la región, mucho más sofisticadas que en el pasado. Y aprendieron, por ejemplo, que esta cosa de los carteles era una pésima idea porque les daba demasiada visibilidad y era una organización demasiado jerárquica y rígida. Hoy se han descentralizado. Cuando acabas con un cabecilla, surge el otro rápidamente. Cuando reprimes un poco en un país, en el otro se desarrolla rápidamente la sustitución. Entonces, han ido mucho más rápido en el ejercicio de sofisticar su actividad criminal, esas organizaciones, de lo que han ido los Estados en su esfuerzo por combatirlas.
P: Me interesaría saber cuán relevante es la presencia de Estados Unidos, por ejemplo, para el equipamiento militar que tiene Colombia o que tienen los países de América Latina.
R: Yo creo que es una pregunta clave, porque lo que ha pasado con Estados Unidos, es una reducción clarísima de la cooperación de todas las formas.
P: La cooperación militar tuvo su punto más alto con el Plan Colombia, a finales del gobierno de Andrés Pastrana y comienzos del de Álvaro Uribe. Ese apoyo fue decisivo para cambiar el equilibrio de fuerzas entre las FARC y el Estado. Después, durante el gobierno de Obama, Estados Unidos buscó combinar la cooperación en seguridad con apoyo económico y social, en un contexto marcado por el proceso de paz.
R: Y de ahí en adelante lo que ves es una bajada gradual pero contundente de la cooperación militar. Y yo creo que eso responde en una muy buena parte, uno, a la fatiga del cooperante. Es como “a ver, carambas estos colombianos, ¿hasta cuándo? Si ayudamos y ayudamos y ayudamos y hoy estamos en el 2026 y los colombianos siguen con un problema enorme de seguridad y con un problema enorme de narcotráfico, pues entonces ¿qué es lo que estamos haciendo? Y paradójicamente, la visita de Marco Rubio deja claro que Estados Unidos no está totalmente convencido de soltar toda esta cantidad de dinero para este problema. Están muy convencidos de los bombardeos, están muy convencidos de las operaciones conjuntas. Pero el cuento de la cooperación en equipamiento y en recursos no les está sonando tanto. Y no les está sonando tanto porque tienen elecciones en noviembre. Ya pagaron un costo altísimo en materia de sobre expansión militar con lo de Irán, pensando que iba a resultar como Venezuela y no. Están pagando un costo electoral grande, por eso no lo van a complementar, digamos, con un involucramiento militar tan poco excesivo en esta zona del mundo. Ellos lo que quieren son golpes efectivos en materia electoral y eso son esos bombardeos.
P: Hace algunos días, Estados Unidos decidió mantener a Colombia en la lista de países que, a juicio de Washington, no han colaborado suficientemente en la lucha contra el narcotráfico. Es el segundo año consecutivo que el país aparece en la lista, y la decisión podría afectar a una parte de la ayuda estadounidense. Pero el gobierno de Trump culpó a la gestión de Gustavo Petro por tener que mantener la calificación y dijo que es probable que reviertan la decisión en 2027, porque confían en el compromiso del nuevo presidente por “recuperar su lugar” como uno de sus principales aliados en seguridad en el hemisferio.
R: Aquí en Colombia todo el mundo estaba esperando que Marco Rubio llegara con grandes anuncios sobre millones y millones de dólares para la seguridad y el equipamiento y no sé qué. Nada, nada.
P: Y eso no lo están haciendo con ningún país. Esto conduce a otra pregunta que tenemos, ¿no? Porque los gobiernos que están estrechando su relación con Washington, suponemos que no lo hacen solamente porque Estados Unidos los presione, también tienen incentivos propios, especialmente frente a problemas de seguridad que no han podido resolver. Ahora, ¿qué está ofreciendo Estados Unidos que resulta tan atractivo para estos gobiernos?
R: Sí, sí. Mi respuesta es no mucho. Yo creo que, si tú te fijas, por lo menos en el caso de Colombia, muy particular, porque se acabó la visita de Marco Rubio y el resultado palpable fueron dos memorandos de entendimiento.
P: Un memorando de entendimiento es un documento que deja por escrito que dos partes quieren trabajar juntas y cuáles son las bases de esa colaboración. No es que estén obligadas a hacer algo en términos legales. Entonces, Colombia y Estados Unidos firmaron dos de esos documentos durante la visita de Marco Rubio.
R: Uno de los cuales es sobre tierras raras y minerales críticos, que creo que sobra decir a quién va a beneficiar. No hubo acuerdos, a pesar de que el presidente De La Espriella habla de los “acuerdos de Barranquilla”, no hay ni un papel firmado. Dijo: “Estamos proponiéndole a los Estados Unidos una asociación en la que Colombia pone proyectos, territorio, capacidad productiva, recursos y reglas claras, y Estados Unidos aporta inversión, financiación, tecnología y capacidad empresarial”. De La Espriella tuvo una interlocución para todos los colombianos y dijo “Pedí esto, pedí esto, pedí esto” y él llama a todas esas solicitudes “Acuerdos de Barranquilla”, que es una cosa un poco loca. Marco Rubio no anunció absolutamente nada distinto a esos dos memorandos. Pero mi punto es, yo creo que parte de lo que está haciendo Estados Unidos en este momento es, primero, buscando a América Latina con un objetivo en mente y es tratar de empezar a cerrarle el espacio a China en la región, que creo que eso es importante para ellos. Por eso firmaron un memorando de entendimiento sobre minerales críticos en Colombia, porque a pesar de que nosotros todavía no somos grandes productores de minerales críticos, eventualmente vamos a serlo, al parecer, y ellos se quieren asegurar de que lo que sea que salga de acá no vaya a parar a manos chinas, porque ya tuvieron la experiencia con Chile y están tratando de cerrar el espacio, un espacio que dejaron, para ser honestos, abierto por mucho tiempo, porque China llegó con mucha tranquilidad. Incluso a Colombia, que es un socio tradicional de Estados Unidos. China llegó con proyectos de infraestructura enorme. Tú sabes, el metro de Bogotá lo está construyendo una empresa china, además con financiación de la banca multilateral, es decir, con una muy buena parte de la financiación venida de Estados Unidos, Banco Interamericano de Desarrollo y Banco Mundial. Luego, la actitud de ellos fue muy laxa durante mucho tiempo y en este momento están cerrando espacio. Creo que eso es fundamental en este momento de la agenda. Y la otra cosa, creo, es empezar a construir un consenso en la región, alrededor de este poder militar y de esta versión, como digo, un poco más securitizada de lo que ellos consideran debe ser su papel aquí. No me cabe duda que hay un elemento fundamental en la cabeza de Marco Rubio y es el tema de Cuba, que te estaba mencionando inicialmente. Yo creo que para ellos también, que la región cierre filas alrededor del proyecto que ellos tienen con Cuba es fundamental. Marco Rubio sabe que para su carrera política en Estados Unidos lograr algo en Cuba es de vital importancia. Entonces, creo que ese tema también está allí, en la agenda. Luego creo que ellos tienen muchos temas, están buscando muchas cosas. Los gobiernos latinoamericanos, por supuesto, también tienen interés en consolidar sus aparatos de seguridad con la colaboración de Washington, pero siento que por lo menos hasta noviembre, Estados Unidos no va a tener un margen de maniobra para anunciar formas de cooperación en materia militar en América Latina mucho más profundas de lo que lo ha hecho hasta ahora. Si el Congreso llega a cambiar de manos en noviembre, se va a traducir en un acotamiento sustancial de esos espaldarazos gruesos en materia de seguridad que los latinoamericanos estaban esperando.
Mañana continúa la entrevista en la que se abordan temas como la presencia de China en la región, la discutida paradoja Trump y la secularizada estrategia del garrote de EEUU sobre AL.












