Cuando la limosna es grande…

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Según el calendario oficial, aprobado la semana pasada en Nueva York por la Asamblea General de las Naciones Unidas, las negociaciones sobre una nueva “agenda de desarrollo” que sustituya a los Objetivos de Desarrollo del Milenio deben comenzar en setiembre de 2014, de manera de dar tiempo a los países a pensar sobre el tema.

Sin embargo, la creación de un “mecanismo de colaboración”, que es uno de los puntos claves de la nueva agenda propuesta por el secretario general, Ban Ki-moon, ya fue incluida en el presupuesto para el año próximo y podría ser aprobada en las próximas semanas por un comité sin que la mayoría de los miembros se percate de qué se trata. El nuevo mecanismo, conocido como UNPF por las siglas en inglés de United Nations Partnership Facility, contará con un presupuesto de 1.5 millones de dólares al año, dedicados en un noventa por ciento a pagar a cinco funcionarios de alto nivel, encabezados por un subsecretario general. Se prevén, además, recursos “extrapresupuestales”, es decir procedentes de donaciones, por un valor de más de doce millones de dólares al año, con los cuales la nueva oficina se encargará de coordinar las asociaciones existentes con el sector privado (empresas, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil) e impulsar otras nuevas para “aumentar significativamente los recursos existentes y ampliar la efectividad de su uso” a nivel global y en los países en desarrollo.

Entre esas partnerships hay varias que hasta el momento son oficialmente “iniciativas personales” del secretario general de las Naciones Unidas. Quedarían así oficializadas las iniciativas denominadas “Cada Mujer, Cada Niño”, “Energía Sostenible para Todos”, “Educación Primero” y varias más.

En momentos en que muchos países desarrollados sufren recesión y han reducido sus presupuestos de ayuda al desarrollo, la idea de recurrir a fondos de la filantropía privada parece obvia y razonable. Sin embargo, en un comunicado emitido en Nueva York la semana pasada, el Grupo de Reflexión integrado por redes de la sociedad civil (entre ellas TWN, Fundación Friedrich Ebert, DAWN, Terre des hommes, Global Policy Forum y Social Watch, representado por el autor) alertó a los diplomáticos sobre la posibilidad de que el efecto sea el opuesto: “En vez de ‘apalancar’ recursos privados hacia el desarrollo, estas asociaciones habilitan a inversores privados a utilizar parte del escaso dinero público disponible (de la asistencia oficial al desarrollo) para reducir sus riesgos. Si hay pérdidas, éstas serán cubiertas por la ayuda pública, mientras que las ganancias seguirán siendo privadas, y a menudo exoneradas de impuestos”. Además, agrega el Grupo de Reflexión, “la experiencia reciente de muchos países muestra que estos mecanismos ‘innovadores’ son a menudo ineficaces, mal regulados y pueden conducir a la corrupción en países prestatarios y prestamistas”.

Los escasos informes oficiales son muy optimistas y aseguran, por ejemplo, que la campaña “Cada Mujer” ha “proporcionado” (delivered) 10,000 millones de dólares y que la iniciativa “Energía Sostenible para Todos”, lanzada hace poco más de un año, “ha visto promesas” de 50,000 millones. Son sumas impresionantes, si se considera que el total de la ayuda oficial al desarrollo de los países más ricos es de alrededor de 100,000 millones de dólares al año y está bajando. Sin embargo, los números no son claros. La iniciativa “Educación Primero”, presidida por el ex premier británico Gordon Brown, anunció con bombos y platillos “compromisos” por valor de 1,500 millones de dólares hace un año. De ellos, mil millones serían proporcionados por Western Union, la empresa especializada en canalizar remesas de emigrantes, y quinientos millones por la emisora de tarjetas de crédito MasterCard.

Sin embargo, tanto la Fundación Western Union como la Fundación MasterCard apenas superan los cien millones de dólares anuales cada una en su total de donaciones. El dinero de Western Union será donado, se explica, a un ritmo de 10,000 dólares diarios… ¡con lo cual se necesitarían doscientos setenta y cuatro años para llegar a los mil millones! Los quinientos millones de Mastercard, en cambio, se distribuirán a lo largo de diez años, pero en forma de becas parciales para quince mil estudiantes universitarios africanos. El dinero no pasará en ningún caso por el control de ningún gobierno o agencia de las Naciones Unidas. No se explica, por otra parte, si estas sumas son adicionales al presupuesto regular de estas fundaciones, ni de qué manera se vinculan con el objetivo oficial de “Educación Primero” que es acelerar el progreso en la enseñanza primaria en los países más pobres.

En cambio sí queda claro que las grandes empresas se benefician con una imagen pública mejorada por el uso de la bandera azul de las Naciones Unidas y, además, el acceso a información privilegiada y contactos de alto nivel. Así, por ejemplo, en algunos países africanos la alianza de grandes empresas farmacéuticas con las Naciones Unidas les ha permitido a éstas ganar jugosos contratos con el Estado, desplazando a las pequeñas y medianas empresas locales.

La UNPF merece un análisis más cuidadoso antes de ser aprobada. Se trata, al menos, de saber quiénes están regalando qué y a quién.

Publicado por Red del Tercer Mundo, 4 de octubre de 2013 – No. 134 – Año 2013