Cuestionan informe de Naciones Unidas

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El Grupo de Reflexión de la Sociedad Civil sobre Perspectivas de Desarrollo Global emitió una declaración sobre el informe del secretario general de las Naciones Unidas que no aborda el núcleo estructural y las cuestiones macroeconómicas que dan forma a la capacidad de implementar y financiar políticas y programas ambientalmente adecuados centrados en la gente.

El informe del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, “Una vida digna para todos” (A/68/202) llama a una “nueva era post 2015 […] una nueva visión y un marco de respuesta […] una agenda universal que requiere de profundas transformaciones económicas y una nueva asociación global”. Desafortunadamente, esa nueva visión y las nuevas asociaciones propuestas por el secretario general destruyen nuestra capacidad para responder a los desafíos que enfrentamos en la actualidad.

Seis bancos multilaterales y el Fondo Monetario Internacional han ofrecido llenar ese vacío. En una carta dirigida al Secretario General de la ONU con fecha del 17 de julio, los jefes de estas instituciones se ofrecen como voluntarios para trabajar en “la definición de objetivos y metas en materia de pobreza y equidad de género, gobernanza, creación de empleo, comercio y financiación para el desarrollo”.

Sin embargo, esto no se puede dejar en manos de las mismas instituciones que recomiendan activamente las políticas de desregulación financiera que contribuyeron a la crisis financiera, el empeoramiento de las desigualdades y de su impacto social, ecológico y económico. Estas instituciones han recetado con frecuencia, como condición para sus préstamos, políticas que socavan los objetivos de desarrollo acordadas por la ONU, compromisos y normas de derechos humanos. Además, se han establecido objetivos e indicadores erróneos para ambiciosas resoluciones de la ONU que exigen una acción más transformadora. Por ejemplo, el objetivo formulado por unanimidad por los Jefes de Estado y de Gobierno en 1995, en la Cumbre de la ONU sobre Desarrollo Social, de “erradicar la pobreza en el mundo mediante una acción nacional enérgica y la cooperación internacional, como imperativo ético, social, político y económico de la humanidad ” fue contraído por el Banco Mundial para “reducir a la mitad entre 1990 y 2015 la proporción de personas que viven con un dólar al día”.

El secretario general de la ONU solo se refiere en su informe a las crisis económica y financiera mundiales como una de las causas de la disminución de la AOD. No menciona la necesidad de reformar y regular los mercados financieros globales a través de mecanismos como el propuesto impuesto sobre las transacciones financieras, que podría dominar la volatilidad financiera y generar recursos para el desarrollo sostenible.

Los jefes de las instituciones financieras sumaron su apoyo al “desarrollo de un sector privado próspero, que a su vez facilita el crecimiento y el empleo que ayuden a acabar con la pobreza”. Ellos han estado haciendo precisamente esto a través de las políticas de liberalización y desregulación, creando un entorno propicio para las empresas. Esto ha resultado en que el volumen del comercio se ha multiplicado por cinco. Sin embargo, esto no ha mejorado las condiciones de vida de los pobres. Al mismo tiempo, la liberalización ha reducido espacio a la política nacional y la desregulación continúa debilitando las normas sociales y ambientales, y las salvaguardias.

Una estrategia clave propuesta por las instituciones financieras consiste en “maximizar el impacto de la AOD”, apoyar “nuevas alianzas para el desarrollo” para “aprovechar el sector privado”. Esta fórmula se repite en el informe del secretario general de la ONU cuando afirma que AOD “seguirá siendo fundamental, en particular para aprovechar otros tipos de financiación” (párr. 99).

Contrariamente a la percepción del aprovechamiento, esto en realidad conduce a que recursos privados utilizarán los fondos públicos disponibles. Cada vez más se trata de utilizar el dinero público (AOD) para cubrir los riesgos de la inversión privada.

Las pérdidas se socializan mientras que las ganancias siguen siendo privadas – y con demasiada frecuencia no tributables. La experiencia reciente de muchos países muestra que estos mecanismos “innovadores” son a menudo ineficaces, mal regulados y pueden conducir a la corrupción en países prestatarios y prestamistas.

Estos mecanismos no evitan los riesgos de la deuda. La experiencia ha demostrado que, con o sin garantía del gobierno, las finanzas públicas podrían tener que cubrir finalmente las pérdidas potenciales de los inversores.

Evaluaciones independientes muestran que las inversiones apalancadas no respaldan a las pequeñas y medianas empresas que crean puestos de trabajo, sino que subvencionan las inversiones de las grandes empresas de los países donantes, muchos de ellos con dudosos méritos de desarrollo. Sólo el 25% de las empresas apoyadas por el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y la Corporación Financiera Internacional (CFI) del Banco Mundial, entre 2006 y 2010, tuvieron su sede en países en desarrollo.

Las siguientes preguntas deben ser abordadas:

* Como la financiación privada sigue las tendencias del mercado que conducen a una concentración de los recursos, ¿qué marco regulatorio o políticas podrían asegurar que contribuyan a objetivos de desarrollo?

* Análisis realizados por el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI) han demostrado que “el índice de endeudamiento no tiene una relación uno-a-uno con la adicionalidad”. ¿Cómo podemos estar seguros de que estos mecanismos realmente aprovechan los recursos adicionales?
* Con una inversión privada que cada vez más determina la adopción de las decisiones de la financiación para el desarrollo, ¿cómo puede la ONU garantizar la transparencia y la rendición de cuentas y presentación de informes periódicos?

* ¿Se deben promover mecanismos que pueden aumentar el desarrollo de cargas de la deuda de los países en desarrollo a niveles insostenibles?

Esta declaración ha sido preparada por el Grupo de Reflexión de la Sociedad Civil sobre Perspectivas de Desarrollo Global y es parte de una serie de reflexiones sobre las deliberaciones en curso alrededor de la agenda post 2015.

El Grupo de Reflexión de la Sociedad Civil sobre Perspectivas Globales de Desarrollo, creado en noviembre de 2010 por Social Watch, Red del Tercer Mundo, Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una Nueva Era (DAWN), Friedrich Ebert-Stiftung, Global Policy Forum, Terre des hommes y Fundación Dag Hammarskjöld, es un espacio informal de debate en profundidad para que activistas de la sociedad civil y académicos de todas partes del mundo exploren los modelos convencionales y alternativas de desarrollo y bienestar.

Los siguientes miembros del Grupo de Reflexión contribuyeron a esta declaración: Barbara Adams (Global PolicyForum) , Chee Yoke Ling (Red del Tercer Mundo), Gita Sen (DAWN), Hubert Schillinger (Friedrich- Ebert- Stiftung), TettehHormeku (Third World Network-Africa), Ziad Abdel Samad (Red de ONG Árabes para el Desarrollo, ANND), Roberto Bissio (Social Watch), Mariama Williams (South Centre), Jens Martens (Global Policy Forum), Wolfgang Obenland (Global PolicyForum), Danuta Sacher (Terre des hommes).

Boletín Social Watch Nº 147 – 27 de setiembre de 2013