El callejón sin salida

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La Venezuela ayer de Chávez y hoy de Maduro ha ingresado en una franja de agotamiento a punto de estallar. Cómo afectará el caos del país caribeño en Bolivia


Lo que para muchos fue una vergonzosa actuación diplomática de Bolivia en la OEA, para otros fue el testimonio del respaldo a un aliado incondicional. Bolivia preside el Consejo Permanente de la OEA (cargo rotativo de un año) y se negó a convocar una reunión de emergencia que trató la insostenible crisis  que vive Venezuela, acentuada en las últimas semanas por marchas y contramarchas políticas que acabaron cerrando una solución negociada al conflicto. Para los opositores, Bolivia ha perdido ubicuidad, algo que es clave para manejar la presidencia del organismo interamericano desde el momento que apoyó implícitamente un “golpe de Estado” en Venezuela. Maduro disolvió la Asamblea Nacional aunque en los hechos fue el Tribunal Supremo de Justicia el encargado de hacerlo. El otro lado de la medalla anida la visión que asume el Gobierno del presidente Morales: enfoca su accionar diplomático en un remarco de consideraciones ideológicas y lealtades para asumir defensa de un aliado en estado terminal.

El canciller Fernando Huanacuni realizó una protesta enérgica contra los países que excluyeron a Bolivia de la reunión en que se declaró que hubo una interrupción inconstitucional del orden democrático en Caracas. “Con todo respeto, vengo en representación de mi país, a expresar mi más profunda extrañeza, sorpresa y rechazo, por lo ocurrido el 3 de abril de 2017, durante la celebración de un Consejo Permanente, ilegal a todas luces”, expresó Huanacuni.  El canciller, además, lamentó la ausencia de un número considerable de países en la sesión -solamente participaron 21 países de 34-. “Al parecer la opinión de los 13 países restantes no cuenta”. La salida de Huanacuni fue a contrapelo. Aclaró que Bolivia tomó la decisión de suspender la sesión del Consejo Permanente para informarse, recibir los documentos y para coordinar con los Estados miembros y grupos regionales, de conformidad al artículo 8 del Reglamento.

Entre ambas posiciones lo que queda diplomáticamente hablando es la consideración a cuenta de inventario de la amistad boliviana con la revolución bolivariana desacelerada desde la muerte de Hugo Chávez. Sea cual fuera el motivo, el hecho ineludible es el deterioro que se acentúa en Venezuela y la falta de una genuina orientación de madurez política. La posición d elos manifestanhtes que han ganado las calles exigiendo que se convoque a elecciones demuestra su voto de confianza en el sistema de representación democrática representativa tan cuestionada en el país caribeño. Basta recordar que Maduro postergo las elecciones regionales de fin ales de 2016, lo que señala laa limitada independencia del poder electoral en torno al Ejecutivo. Si la salida son las elecciones la primera medida que debería tomar el régimen es liberar a los detenidos políticos encarcelados por pedir cambios. Y eso está muy lejos que suceda.

La siguiente pregunta es la posición de los Estados Unidos, fundamental en la solución del conflicto. Se sabe que la producción de petróleo ha sido sustantiva para mantener los lazos de amistad con el socio comercial norteamericano; y más en estas circunstancias debido a la necesidad de contar con dinero fresco por la venta del crudo que compañías del Norte proporcionan a la enflaquecida economía venezolana. Lejos están los buenos tiempos cuando el barril de petróleo se cotizaba en la marca de los 100 dólares.

Son anagramas que parecen configurar el vacío. O el papel itinerante de las FFAA de Venezuela subordinadas al brazo político de un presidente en estado de desintegración. Los militares  han sido en Venezuela un factor real de poder desde que se inició la era chavista, que articula su relación sentimental con Maduro por pinzas. Menguante, esta relación puede acabar generando dicotomías que distan de un respaldo pleno. Las FFAA están convencidas que son una carta de solución pero se mantienen leales por prebendas dispares. Es la variable más opaca de todas. Igual que ocurre con el chavismo, poco se sabe del estamento castrense, sus divisiones e intenciones. ¿Pueden hacer un golpe? Dice el refrán que no se muerde la mano a quien te da de comer. Los militares en Venezuela son una casta privilegiada; los que mayores beneficios reciben del Estado, las subidas salariales más altas y los que manejan de primera mano el control de los alimentos. Aun así, es imposible saber el nivel de hartazgo dentro de los cuarteles y a qué llevaría eso.

RECAPITULANDO LA CRISIS

En esta dinámica el escenario es sumamente abreviado. Lleva por un lado a una confrontación inevitable y a un colapso a estas alturas insostenible.
A la caótica situación económica, social, política y humanitaria que arrasa a Venezuela, se sumó la sentencia 156 del Tribunal Supremo de Justicia que se  arrojó la función legislativa, vaciando a la Asamblea Nacional. La sentencia, parcialmente rectificada ante la presión nacional e internacional, estuvo precedida de otra que elimina la inmunidad de los diputados. Es la primera vez que el Gobierno retrocede y esto posibilitaría lograr su necesaria participación voluntaria en una transición ordenada; la suspensión de la calidad de miembro de Venezuela en la OEA es, por ahora, prematura e inconveniente. Aquí no se trata simplemente de retórica. Todos los países miembros del organismo excluyendo los apoyos de Bolivia, Cuba y Nicaragua han flaqueado en observancia a las garantías de un Estado de derecho, pero han aplicado correctamente la postura diplomática, esto es, frialdad a la hora de los compromisos asumidos que le tocan por defender en Venezuela.

La dinámica desatada por esas sentencias animó a la oposición a realizar manifestaciones que no han cesado desde el 6 de abril en las que se han reportado hasta la fecha al menos seis muertos. La oposición habla de más bajas pero el oficialismo que ha comenzado a perder en la guerra mediática a medida que el conflicto crece  y se profundiza no reconoce la cifra. Para poner dos casos en perspectiva: un joven de 19 años murió de un balazo en el pecho y numerosas personas fueron heridas durante la represión de las protestas. Y para entender la expansión del conflicto las protestas abarcaban cada vez más ciudades. La inhabilitación por 15 años de la candidatura del dirigente opositor Henrique Capriles es una vuelta de tuerca más que podría generar más disturbios. Los oficialistas bajo la batuta de Diosdado Cabello arengan a los colectivos armados a mantenerse alertas frente al “golpe de Estado” que busca “la derecha”.

LA CEGUERA DE MADURO

El Gobierno venezolano rechaza toda ayuda que se le ofrezca; considera suficiente la aportada por Rusia, China y países de la región para ganar las elecciones presidenciales de 2018; monta una resistencia épica. Su ‘salida’ es una represión que provocará enfrentamientos en las Fuerzas Armadas y el consiguiente colapso. En pocas semanas se le presentará una nueva batalla: la cancelación de los bonos de PDVSA y carece de recursos.

La estatal del petróleo venezolana considera vender activos de Citgo a la empresa rusa Rosneft, sancionada por EEUU; una operación de dudoso futuro. Una cesación de pagos sería para Venezuela el último clavo del ataúd. Por eso se explica que los EEUU sigan la caótica situación del país caribeño desde el palco de los invitados. No actuó mientras no se toquen sus intereses, parece ser el razonamiento. Y aunque el Gobierno de Venezuela acuse a la derecha y al imperialismo norteamericano por la situación, no ha dejado de comprar cientos de millones de dólares de petróleo venezolano el más barato de la última década.

LOS APOYOS DE MADURO

Muchos consideran los planteos del Gobierno un sueño de opio. Estiman que China ya llegó al tope del endeudamiento con Venezuela (US$ 60,000 millones) y que a Rusia su economía no le permite dar el apoyo que la URSS concedió a Cuba hasta que Chávez la recuperó después del colapso soviético. Cuba ha sido un apoyo ideológico y diplomático pero hoy es una carga más que una ayuda. Irán ha sido otro apoyo importante para el régimen chavista. La manifiesta incapacidad del Gobierno de Maduro para poner un mínimo orden en su economía es un freno para estos países que son, ante todo, realistas. El desbarajuste económico y el derrumbe político y humanitario, aconsejaría considerar el posible advenimiento de un período “poschavista.”

Tal vez la buena relación Putin-Tillerson (conocedor de la realidad venezolana desde sus tiempos de Exxon) podría suavizar una transición que resulta inevitable. La conveniencia de suavizar la transición tampoco escaparía a la prudente y milenaria sabiduría china, con grandes inversiones y excelente relación con muchos países de América Latina hoy enfrentados a Maduro. En resumen: es conveniente que quienes apoyan a Maduro vayan pensando en una transición ordenada hacia un período poschavista que enfrentará una tarea gigantesca y que será controlado mayoritariamente por los opositores de hoy. La dinámica de la crisis actual es insostenible.

Venezuela y la OEA comparten una situación parecida: están en un laberinto y no encuentran salida. La solución es persuadir al Gobierno venezolano que debe facilitar una transición ordenada antes de que ocurra el inevitable colapso. Quienes apoyan a Venezuela deberían considerar un posible período poschavista y contribuir a una transición ordenada hacia él.

EL LABERINTO DE LA OEA

El 7 de abril se reunieron los cancilleres del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y los de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) para reforzar los mecanismos del comercio entre ambas instituciones. Los cancilleres dialogaron también sobre “alternativas diplomáticas” ante la situación en Venezuela. La OEA había declarado el lunes 3 de abril que en este país se había producido “una grave alteración inconstitucional”. Aquí se vino abajo la posición de Bolivia tratando de frenar la inevitable convocatoria a un consejo de emergencia el mismo que se realizó a pesar de la oposición.

La OEA recoge la vocación hemisférica de superar los gravísimos problemas de Venezuela a través de un diálogo que lleve a celebrar elecciones generales. Esta aspiración condujo a poner en práctica, en el marco de Unasur, un proceso de diálogo al que se sumó luego el Vaticano. El diálogo tenía fallas cruciales y el consenso es que fracasó; sus acuerdos no fueron puestos en práctica. Faltó un mediador pues el Gobierno solo quiso “acompañantes”. El aspecto central del diálogo fue llegar a las elecciones; no lo logró.

Cabe preguntarse si es realista exigir, de la noche a la mañana, elecciones en Venezuela. Con un apoyo del 20% de la población, que Maduro acepte celebrar elecciones es, simplemente, un suicidio. Y ningún Gobierno se suicida. Menos aún si existen alegaciones creíbles sobre inmensos negociados de corrupción y una penetración del narcotráfico hasta los más elevados niveles del Gobierno. Esta es la realidad que traba el proceso.

La primera gran tarea de los cancilleres será persuadir a Venezuela que participe en la Reunión de Consulta (RC) y que abandone su atrincheramiento con el afán de jugarse el todo por el todo. Ese empeño ha sido definitivamente postergado. A poco del cierre de la presente edición el presidente Maduro convocó a una Asamblea Constituyente. Será este órgano constitutivo, conformado por las organizaciones afines al Gobierno el que defina la salida. La maniobra bloquea cualquier camino de solución; una renuncia o el imaginario proceso electoral.