El desventurado encuentro de Strauss-Khan con la policía de Nueva York

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Dominique Strauss Khan (DSK), acusado de “agresión sexual” por una mucama del hotel Sofitel de Manhattan, fue sometido a un excepcional linchamiento mediático y a un tratamiento policial poco menos que medieval, sin respeto por la presunción de inocencia la dignidad y la vida privada, vigentes en los países avanzados, sin que las acusaciones hayan sido probadas ni se conociera la verdad a lo largo de un proceso judicial racional y humano.

Los resultados de las investigaciones hechas públicas el 1 de julio, ponen en evidencia la calidad personal y hasta delincuencial de la presunta “víctima” y la fragilidad de su testimonio, que obligaron a la policía y a la oficina del fiscal acusador a dejar en libertad a DSK y devolverle los más de 5 millones de dólares de “fianza”, aunque él se vio obligado a renunciar a la Dirección General del FMI y probablemente no podrá continuar su campaña en las elecciones presidenciales de Francia. ¿De dónde surge este cataclismo personal y público? ¿Hay que achacarlo al sistema judicial norteamericano, sus principios, dogmas y procedimientos?

El dogma de la “igualdad” en la Unión norteamericana, refleja sólo maneras de disimular un engaño. Tratar de manera idéntica a cualquier pequeño delincuente y al director general del FMI desemboca en una desigualdad profunda y catastrófica para el segundo. Las humillaciones y malos tratos sufridos no hacen mella en un delincuente común, pero significan la inmediata destrucción “preventiva” del hombre público antes de juzgarlo y condenarlo. Esta lógica se inscribe en la historia: la “igualdad” en Francia, desde la Revolución Francesa, exige el nivel más alto para todos (privilegio de la sola nobleza en el “ancien régime” y el respeto de su dignidad y su vida privada. Es un concepto de igualitarismo respetuoso y por lo alto. El sistema norteamericano está en las antípodas, pues su igualitarismo universaliza el maltrato reservado a los esclavos en las plantaciones, banalizando el comportamiento brutal, la humillación hipócrita, como el “perp walk” esposado y expuesto públicamente a la vindicta social, ahora mediática, infl igida a los acusados antes del juicio y una hipotética condena. Se trata pues de un igualitarismo por lo bajo, inhumano, anacrónico y nada ético. Las consecuencias son graves para el mundo judicial y los derechos humanos en EEUU.

Los errores judiciales son 40% más altos que en los países europeos (el caso de DSK es ejemplar). Las tasas de encarcelación son 6 a 10 veces superiores a las de otras naciones desarrolladas y las tasas de criminalidad son comparables a las de los países en desarrollo. El sistema judicial-penal norteamericano, con su excesivo enfoque telegénico, oculto por la aparente “transparencia” concita un sentimiento de injusticia masiva. Se suma a todo ello la selección de los magistrados y jueces que se resuelve por elecciones, tal el caso del fiscal Cyrus Vance Jr. obligado a complacer a toda costa a sus votantes que exigen resultados cada vez más duros y ejemplarizadores y no así, el objetivo de los sistemas judiciales más sofisticados que buscan la manifestación de la verdad y su efectivo aporte al desarrollo de una sociedad más justa y refinada. La reelección de Cyrus Vance Jr. se juega en ese nivel y cuando la investigación se empantana o da resultados contrarios a los esperados, como en el caso de DSK, es el desastre personal y político.

El equipo de Vance (50 juristas y un costo millonario) no supo encontrar la verdad a tiempo y se dejó llevar por consideraciones electorales y la necesidad de ser “políticamente correcto” en una supuesta relación “machista-racista” y un igualitarismo a la americana, que en último análisis solo sirve a los ricos. DSK se ha librado a costa de mucho dinero de los 74 años de prisión anunciados, así como de una ignominiosa prisión “preventiva” y otras vejaciones (los mejores abogados y la fianza millonaria). En las mismas circunstancias, un negro o un latino pobre se habrían podrido en la cárcel.

El descalabro es total

En estos días DSK ya está libre. Ha recuperado su fi anza, se han levantado otras condiciones draconianas impuestas a este supuesto “delincuente a la americana”, tratado como criminal peligroso antes de ser juzgado y condenado. Este peregrino tratamiento judicial es anacrónico y contiene el agravante de una peligrosa elección de los jueces, cuyo corolario es la pérdida de la necesaria ecuanimidad e independencia en sus funciones. Vienen a ilustrar este asunto los últimos intentos de politizar aún más el caso con la intervención de instituciones comunitarias racistas y sexistas, afro-americanas, latinas y de género, que amenazan directamente al Fiscal con represalias electorales en caso de tomar en cuenta el esquema estrictamente jurídico y los resultados de las investigaciones. Cosa inimaginable en Europa.

Finalmente, en razón de las estructuras y métodos analizados, el aparato judicial norteamericano no permite que en un 90% de los casos se llegue al juicio y generalmente se termina con arreglos entre partes, lo que favorece sobre todo a los ricos, siendo el arbitro el dinero y no la equidad y el derecho.

Es un “sistema judicial sin juicios” donde todo lo decide, en versos de Quevedo: Poderoso Caballero Don Dinero. Los políticos, fiscales y jueces, obnubilados por el enfoque represivo, no dan la mínima importancia a los aspectos sociales, políticos y humanos, vigentes en los países con sistemas judiciales sofisticados. Consecuentemente, no hay interés en la criminologia, las ciencias sociales y humanas calificadas de “disciplinas sin conexión con las cuestiones penales”.

La política de penas draconianas y excesivamente largas es contraproducente ya que se imponen de modo rutinario y no conducen a rehabilitar a los infractores y reintegrarlos en la sociedad sino simplemente a castigar dura y automáticamente. El resultado es que las prisiones americanas producen más delincuentes, la más alta tasa de homicidios de occidente, la población carcelaria crece exponencialmente, el costo es excesivo y sin los resultados obtenidos por enfoques más racionales. Es un sistema inhumano y anacrónico. No hay voluntad política para resolver el problema y emprender una reforma tan necesaria.

El caso DSK, incomprensible para sociedades europeas imbuidas de principios y valores radicalmente distintos para enfrentar el delito, la justicia, las penas carcelarias y muy particularmente la pena de muerte, vestigio de sociedades bárbaras, debería dar paso a una toma de conciencia a la americana, tan importante y urgente en el campo judicial.

 

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