El juez Sergio Moro & el empresario Marcelo Odebrecht

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La oficina del juez Sergio Moro “el justiciero” está ubicada en un barrio de la sureña ciudad brasileña de Curitiba. Allí cada día ingresan y salen cientos de agentes de la policía y funcionarios judiciales que tienen a su cargo la investigación de uno de los más ruidosos casos de corrupción registrados en la historia del país. Las cajas funcionales donde se colectan las pruebas están enumeradas en un depósito dentro del predio con cintas adhesivas de colores que señalan con números los documentos del caso Lava Jato, (lavado a chorro en traducción libre).

Las pruebas que se han recolectado desde mediados de 2014 han llenado casi todo el depósito que contiene la historia más explosiva de Brasil en los últimos 50 años. Se cree que la corrupción en la otrora poderosa Petrobras, estatal del petróleo del país, ha sido capaz de conformar una casta de nuevos millonarios que siguen cayendo o entregándose voluntariamente luego de una Ley aprobada por el Gobierno de la presidenta Rousseff denominada “Delación Premiada” que reduce la pena de los implicados siempre y cuando colaboren con la justicia con información privilegiada útil para nuevas revelaciones.

El efecto expansivo de la Ley ha llevado tras las rejas a exministros, diputados, altos dirigentes políticos -la mayoría del PT-, secretarios cercanos a varios ministerios y a la mismísima presidencia, publicistas, ejecutivos de Petrobras y a poderosos empresarios de las más grandes y reconocidas compañías brasileñas.

Por las oficinas de “el justiciero” Moro desfilaron enmanillados cientos de personajes de esta sórdida historia. Entre ellos el presidente de una de las empresas más grandes e importantes de Brasil, Marcelo Odebrecht, que ha sido condenado a 20 años de cárcel. El sentenciado, ex Ceo de la constructora homónima en prisión preventiva desde el 19 de junio de 2015, ha contratado a los mejores abogados pero ni así ha podido librarse de “el justiciero” que ha dicho que el empresario, hijo del fundador del holding (don Emilio), merece la pena aún cuando no haya pruebas directas que lo comprometan. Las razones, aduce el magistrado, es que “no es nada anormal que Marcelo Bahia Odebrecht no haya negociado directamente el pago de coimas… tenía subordinados que podían desempeñar las actividades delictivas”.

En su visión, el soborno a ex directores de la petrolera estatal y a políticos, “formaba parte de la política corporativa” de la compañía privada. Es por esos motivos, al menos en lo formal, que Moro dictó la prisión de Marcio Faria da Silva, Rogerio Santos de Araujo, Cesar Ramos Rocha y Alexandrino Alencar, todos exejecutivos de la gran constructora. “Ellos son ´responsables directos´ de los delitos de corrupción”, dice el magistrado.  Los abogados de Marcelo Odebrecht fueron categóricos al cuestionar el dictamen. Dijeron que la detención es “manifiestamente inmoral e injusta, porque no encuentra fundamento en las pruebas producidas en la acción penal, como anticipadamente demostró la defensa en sus alegatos”. Agregaron también una crítica muy complicada: “Los delatores eximieron a Marcelo Odebrecht de responsabilidades; los documentos de la causa no lo mencionan en ningún ilícito”; luego, en estas condiciones, “la condena impuesta solo puede ser concebida como un grave error o como una expresión arbitraria del juzgador”.

Pero mientras los abogados de Marcelo Odebrecht continuarán luchando por su libertad y por su inocencia ante las instancias superiores, para los procuradores del grupo de tareas de Curitiba, sería más que deseable una delación premiada del ex Ceo. Pero son conscientes de las dificultades para llegar a ese objetivo. Según algunos medios, Marcelo Odebrecht estaría por hacer un acuerdo con Leo Pinheiro, dueño de la constructora OAS (tristemente recordada en Bolivia), para llegar en simultáneo a la colaboración con los sabuesos de Moro. A cambio, dicen esas versiones, podrían recibir los beneficios de una reducción de la pena, o incluso, podrían quedar en libertad. Pero el objetivo, afirma el diario Valor de Sao Paolo, sería “salvar a los dos empresas de daños irreversibles o inclusive bancarrota”.

En el entorno del juez Moro tratan de convencer al luterano Odebrecht que nada mejor que acogerse a declarar en calidad de arrepentido. Suponen que se podrían obtener “datos explosivos”, especialmente en cuanto a la financiación de las campañas electorales. Y de paso podrían esclarecer sus relaciones y las de su padre, don Emilio, con el ex presidente Lula. A diferencia de Marcelo, Leo Pinheiro está con prisión domiciliaria. Ya fue condenado a 16 años de prisión, pero Moro le permitió apelar en libertad. Podría perder esa ventaja si el tribunal de segunda instancia lo encuentra culpable. Moro consideró a Odebrecht como el “mandante” de los delitos ejecutados por el holding empresarial. Pero lo que más le interesa ahora es ver si este empresario puede finalmente aportar datos más específicos sobre el ex presidente Lula.