El médico paceño que salva vidas en un Hospital de Santiago de Chile

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Foto: Patricio Fuentes / La Tercera

 

Hace nueve años, el médico Ronald Pairumani (40) tomó un avión y se vino desde La Paz a Santiago. Lo hizo solo, dejando en Bolivia a su familia y amigos. Un año antes, había decidido postular a una beca en la especialidad de medicina intensiva en la Universidad Católica. “Fue un anhelo personal y profesional hacer la beca en la UC”, recuerda hoy Pairumani.

El profesional hizo toda su formación de base en Bolivia. Ya como médico, se quiso especializar en medicina crítica y terapia intensiva. Estuvo en eso durante tres años en la Universidad Mayor San Andrés de La Paz. Sus primeras andanzas en el área de cuidados intensivos las hizo en el Hospital Obrero Nº 1 de La Paz. Luego tuvo un paso por el Instituto de Gastroenterología Boliviano Japonés y finalmente en el Hospital Militar de La Paz. “¿Por qué Chile?, porque el intensivo chileno tiene mucho prestigio a nivel latinoamericano”, dice Pairumani.

En Santiago llegó para sumergirse en la formación de medicina de la UC. Estuvo en la Casa Central y luego como residente en el Hospital Clínico de esa casa de estudios.

En sus planes estaba volver a su país y trabajar allá. No tenía pensado quedarse en Chile, pero los médicos Glenn Hernández y María Alicia Cid le hicieron una oferta. Le propusieron hacer “algo nuevo” en el Hospital Barros Luco: ser el jefe técnico de la UCI de ese recinto asistencial con la misión de reordenar y mejorar todo el esquema de trabajo.

¿Siempre quiso trabajar en un hospital?

Siempre he sido un médico que le ha gustado trabajar en hospitales públicos, tanto en Bolivia como acá. Los hospitales tienen bastantes similitudes en varios países latinoamericanos. Y una de esas es la alta carga asistencial y el tipo de población que se atiende, que en general es población de bajos recursos y vulnerable. Y me gusta trabajar ahí, porque creo que es donde más se necesita.

La misión no fue fácil. El proyecto implicó levantar un área que no tenía especialistas en medicina intensiva. Al Barros Luco llegó en 2013 y de a poco fue abriendo la especialidad a profesionales jóvenes, recién egresados, que estaban partiendo su formación en esta especialidad. En 2018 pasó a ser el jefe de la UCI y hoy el recinto ya cuenta con seis intensivistas. Incluso, empezó a ejercer la docencia en medicina intensiva en la Universidad de Chile.

Ya al mando de la UCI, este médico viene desde marzo preparándose para enfrentar la pandemia. Y la responsabilidad ha ido aumentando: el hospital pasó de 21 a 80 camas UCI.

Siempre consciente del déficit de intensivistas y del desgaste de los equipos de salud, Pairumani relata que su equipo ha asumido la labor de reforzar las otras áreas del hospital. Lleva varias semanas capacitando las unidades intermedias del recinto, compartiendo conocimientos básicos de los cuidados intensivos, lo poco que se sabe sobre el cuadro clínico que generan las personas con Covid-19 y haciendo pasadas durante el día por el servicio de Urgencia. De hecho, el mismo Pairumani ha ido sistematizando los efectos del virus Sars-Cov-2 en los órganos de los pacientes. De esa experiencia, explica, lo primero que se produce es una insuficiencia respiratoria severa que luego ataca a los pulmones causando neumonía. La baja oxigenación en la sangre afecta a otros órganos, como el corazón y los riñones, produciendo a veces trombosis.

Pese a que Pairumani está dedicado exclusivamente a la UCI -haciendo turnos extra y trabajando más horas durante el día, e incluso los fines de semana- sigue aportando con sus colegas bolivianos. Desde Chile se ha conectado con médicos de su país a través de capacitaciones por videoconferencia. “Esta pandemia ha provocado mucho daño, pero también ha creado un espíritu de colaboración entre todos los médicos intensivistas de Latinoamérica y tenemos varias redes para compartir experiencias y discutir casos”, dice Pairumani.

El médico sabe que en los próximos días podría venir una demanda aún mayor, y no esconde su preocupación, aunque parece calmado.

¿Cómo está su equipo para enfrentar el peak?

La moral se ha mantenido alta. Obviamente hay mucha sensibilidad y angustia por lo que está sucediendo. Pero la vocación de servicio, ayuda y empatía a la población permanece. Nuestra función es seguir en pie, esta guerra no se ha perdido.

 

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