Erdogan gana las elecciones presidenciales turcas

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El líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo se impuso con mayoría absoluta, respaldo suficiente para llevar adelante un proyecto islamista y conservador. La izquierda lo acusa de asumir un programa neoliberal.

El actual primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ganó ayer la primera elección presidencial directa del país en la primera vuelta con un apoyo de más del 52 por ciento, según anunció el Consejo Electoral Supremo del país. Lejos quedaron sus dos rivales, el hombre de consenso de la oposición, el académico Ekmeleddin Ihsanoglu, y el kurdo y líder de izquierda, Selahattin Demirtas, con más de 38 y el 10 por ciento de los votos respectivamente, según informó la agencia de noticias oficial turca Anadolu. El líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo recibe el respaldo para llevar adelante un proyecto islamista y conservador.

Erdogan dio un breve discurso en la sede de su partido en Estambul y luego hizo una parada en la simbólica mezquita del Sultán Eyup frente a una multitud de personas. “Mientras viva continuaré sirviendo a mi país, por una mayor democracia y por el proceso de paz (con la guerrilla kurda)”, aseguró el mandatario electo. Después partió para Ankara, la capital del país, para dar el tradicional discurso de victoria.

El primer ministro turco anunció que dará inicio a una nueva era en el país. “Hoy el ganador no sólo es Recep Tayyip Erdogan. La voluntad nacional es la ganadora. Hoy la democracia ha ganado una vez más”, dijo desde el balcón de la sede central de su agrupación, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), en Ankara.

En un tono más conciliador hacia la oposición, Erdogan expresó que será el presidente de los 77 millones de turcos y urgió a la nación a dejar de lado las diferencias religiosas y étnicas. El único perdedor de las elecciones -destacó- fue el statu quo. “A partir de hoy, con una nueva comprensión de la reconciliación nacional, quiero construir un nuevo futuro subrayando nuestras similitudes”, declaró ante miles de partidarios. “Todos los ciudadanos de este Estado, tanto musulmanes como cristianos, kurdos, alevíes, sunitas, griegos o armenios, todos somos ciudadanos de Turquía”, agregó.

El resultado en las urnas confirmó lo que los sondeos de las últimas semanas habían adelantado: una mayoría absoluta de los 53 millones de turcos registrados para votar apoyaron al oficialismo, aunque la participación fue bastante más baja que en comicios anteriores. Según los datos oficiales definitivos, un 73 por ciento del padrón votó, una cifra inferior al 90 por ciento que participó en los comicios locales de marzo, cuando el oficialismo ratificó su popularidad al imponerse como la primera minoría nacional con un apoyo del 43 por ciento.

Gran parte de la popularidad de Erdogan y de su partido se debe a las mejoras de la economía. Durante sus 11 años al frente del gobierno, logró triplicar los ingresos per cápita y disminuir el porcentaje de población pobre en más de un 20 por ciento. Asimismo, Erdogan y su partido reposicionaron a Turquía como una potencia regional y un actor central e influyente en Medio Oriente. Sin embargo, la izquierda lo acusa de asumir un programa económico neoliberal que se encuentra en línea con las recetas recomendadas por el establishment internacional y de querer islamizar el Estado turco. Esta última acusación también es compartida por gran parte del centro y la derecha.

Erdogan ya adelantó que no piensa limitarse al rol casi protocolar del presidente turco, sino que aspira a cambiar la Constitución para avanzar hacia un modelo presidencialista. La oposición, además, teme que altere el carácter laico del Estado en dicha reforma. Los cuestionamientos a la política económica y sus políticas de islamización provocaron una serie de protestas masivas el año pasado que captaron la atención del mundo entero. Las movilizaciones opositoras desembocaron en una brutal represión estatal y fuertes cuestionamientos al gobierno de Erdogan. Sin embargo, las elecciones locales de marzo pasado demostraron que no lograron erosionar su apoyo popular.