Estados Unidos evalúa ampliar su ofensiva antidrogas con operaciones terrestres en la región

InSight Crime con edición dat0s
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El anuncio evidencia una profundización del enfoque militarizado de la administración Trump en la región, aunque persisten dudas sobre su coherencia estratégica.

Washington evalúa realizar operaciones terrestres en América Latina como parte de su guerra contra las drogas
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció que el país evalúa ampliar al terreno terrestre su ofensiva contra el narcotráfico. Desde septiembre de 2025, Estados Unidos ha bombardeado embarcaciones sospechosas de transportar drogas en el Caribe y el Pacífico oriental, causando la muerte de más de 200 personas.

El anuncio de Hegseth se produjo la misma semana en que Colombia se unió a la Coalición contra los Carteles de las Américas (Americas Counter Cartel Coalition, A3C), también conocida como Escudo de las Américas. Por otra parte, el Pentágono acordó permitir por primera vez que México compre drones y tecnología antidrones a través del mercado digital del Ejército estadounidense, un acuerdo que ambos gobiernos presentaron como un apoyo en la lucha contra el crimen organizado.

Estos acontecimientos evidencian una profundización del enfoque militarizado de la administración Trump en la región, aunque persisten dudas sobre su coherencia estratégica. Según  InSight Crime, cinco meses después de su creación, la A3C todavía carece de un plan operativo oficial.

Las investigaciones de InSight Crime sugieren que los ataques con misiles no han reducido el flujo de drogas en la región y que, como respuesta, los traficantes se han adaptado recurriendo a rutas y métodos alternativos de contrabando.

Algo que hemos aprendido, durante todos estos años estudiando el crimen organizado transnacional -afirman los especialista del medio- es que se trata del negocio más ágil del mundo. Se adapta rápidamente a las nuevas condiciones. Y si tiene infraestructura o líderes vulnerables a ataques u operaciones militares, buscará reducir el riesgo volviéndose más clandestino, ocultándose entre la población civil o, como ocurrió en México con el Cartel de Jalisco Nueva Generación, reforzando su capacidad armada con chalecos antibalas, vehículos blindados y armas calibre 50, y enfrentándose directamente a las fuerzas de seguridad en determinados escenarios. Así que, si volvemos a hablar de una acción militar aislada, puede haber algunas victorias tácticas. Puede obligar a cambiar ciertas dinámicas criminales.

Pero esto no va a tener ningún efecto real a largo plazo a menos que quienes diseñan la estrategia estén pensando en lo que viene después. Sabiendo que el crimen organizado se va a adaptar, tienen que anticiparse varios movimientos: pensar cómo van a reaccionar estos grupos y adelantarse a esa respuesta con determinadas medidas.

El problema es que las herramientas militares son muy limitadas. Si los grupos se esconden entre la población civil y dejan de ofrecer objetivos claros para las fuerzas armadas, entonces el aparato militar se convierte en una herramienta poco precisa e incluso contraproducente para esta lucha. Podríamos ver al crimen organizado profundizar sus vínculos con las comunidades locales y ampliar sus formas de gobernanza criminal. Y puede que este remedio termine agravando la enfermedad, en lugar de generar cambios estratégicos y duraderos que ayuden a América Latina a contener y, con suerte, comenzar a desmantelar el crimen organizado transnacional y el narcotráfico.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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