Fracaso de la represión

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Foto: Javier Mamani

Un debate acaba de tomar cuerpo en la última Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena, Colombia. Es la legalización de las drogas para frenar la ola de violencia que se registra en varias ciudades  de América latina. Otto Pérez Molina, Presidente de Guatemala, uno de los países que se está transformando en unos de los Estados quebrados como consecuencia del narcotráfico, quiere discutir el asunto a partir de un argumento incontestable: la política actual, puramente represiva, ha fracasado.

Refuerzan los ex presidentes Ernesto Zedillo (México), César Gaviria (Colombia) y Fernando Henrique Cardoso (Brasil), en un artículo para el periódico colombiano “El Tiempo”. Si bien el presidente de Bolivia Evo Morales permanece atento y ha expresado condena sobre el peligro que representa el narcotráfico en su país. De acuerdo a datos de los servicios de lucha antinarcóticos se sabe que el narcotráfico se ha convertido en una de las actividades más lucrativas que ha generado una escalada de violencia en varias regiones de Bolivia sobre todo en las ciudades de Santa Cruz y El Alto.

“Los hechos son obstinados y hablan por sí solos. La erradicación de la producción, la interdicción del tráfico y la criminalización del consumo -piedras angulares de la estrategia de guerra en contra de las drogas, encabezada por Estados Unidos-no funcionan y tienen un costo altísimo en lo que se refiere a vidas humanas”, dijeron los tres ex presidentes de México, Brasil y Colombia, que son miembros de una comisión que, hace algún tiempo, presentó sugerencias que parecen ser las más consistentes hasta estos momentos colocadas en la mesa en este delicado tema.

Son dos puntos centrales. Uno ya está adoptado por aquí y por allá, con más o menos éxito: no tratar al consumidor como delincuente.

La segunda recomendación, “más complicada”, consiste en discutir los diferentes modelos de regulación de las drogas como la marihuana de una forma similar a lo que se hace con el tabaco y el alcohol. Los tres comentan que “existen estudios médicos de la más alta seriedad que definen la marihuana como una sustancia menos nociva que el tabaco”.

Reglamentar no significa legalizar, se anticipan los ex presidentes, conscientes de lo polémico que es el tema. “Reglamentar significa crear las condiciones para la imposición de cualquier tipo de restricciones para la comercialización, la publicidad y el consumo del producto”. De todas maneras, debatir este asunto -en el más alto nivel en las Américas- es un primer paso primordial.

Existen por lo menos dos datos adicionales para presionar con el fin de que ese debate se concrete de forma urgente:

1 – Michael Shifter, Presidente del Diálogo Interamericano, centro de estudios de Washington, indica el riesgo de que “la violencia transnacional crecientemente sofisticada” ponga en riesgo “las frágiles democracias centroamericanas”.

2 – Stephen Johnson, Director del Programa Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, calcula que el tráfico de drogas mueve anualmente alrededor de US$ 400 mil millones, un poder económico difícil de ser enfrentado hasta por los países más ricos de América Latina, sin duda mucho más por los pequeños Estados centroamericanos y andinos.

Para hacer una comparación: toda la economía guatemalteca equivale a tan solo un décimo del valor del narconegocio. Aunque no se conocen las ganancias de la narco actividad en Bolivia, el vicepresidente Álvaro García Linera asegura que la actividad mueve  al año US $700 millones.