Fridays for future

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Greta Thunsberg y la batalla por salvar al mundo. Tiene 16 años y milita para crear conciencia entre políticos de todo el mundo. Un millón de adolescentes la imitan.

 

El 15 de julio del 2018 la adolescente sueca Greta Thunsberg, de 16 años, faltó a clases para protestar frente del Parlamento de su pais. La manifestación se convirtió a partir en una rutina semanal desde el 20 de agosto del año pasado, cuando Greta dejó de asistir a la escuela los viernes, para reclamar por la falta de acción de los políticos para contener el cambio climático. Así nació el movimiento #ViernesPorElFuturo (#FridaysForFuture) que incentiva a jóvenes de todo el planeta a imitar el acto de Greta. El mayor de tales eventos, en la Cumbre Mundial del Clima, se dió el 24 de mayo pasado, con la adhesión de un millón de participantes de 1.851 ciudades de 131 países.

Greta fue colocada en el lugar de símbolo de una generación preocupada con los temas de la sustentabilidad. Realizó pronunciamientos en el Parlamento Europeo, en la Marcha por el Clima del 2018 y hasta en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, el 25 de enero. Delante del Comité Económico y Social Europeo afirmó: “Ustedes están actuando como niños mimados e irresponsables”. Se estaba dirigiendo a algunos líderes que, en diferentes momentos, ya la habían recibido personalmente, como el presidente francés Emmanuel Macron, el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, y hasta el mismo Papa Francisco.

¿Tu discurso maduró a lo largo de este tiempo? Aprendí mucho más de lo que podría haber aprendido en la escuela. Descubrí que la mayoría de las personas no tienen conciencia de lo que está pasando con el mundo. Ellas saben que el planeta se está recalentando, que hay emisión de gases nocivos, pero no tienen una idea cabal de las consecuencias concretas que implica la falta de esa acción concertada. En ese punto, hay una diferencia brutal entre las generaciones. En comparación con los adultos, los más jóvenes están dispuestos a aceptar la existencia de los hechos y a promover cambios. La razón principal de esto es que los más viejos dicen que el planeta siempre fue así. La juventud no tiene el mismo apego a los hábitos del pasado y, por lo tanto, se muestra dispuesta a cambiar.

¿Cómo te preparaste para hablar sobre un tema tan complejo? El primer contacto con él fue cuando tenía ocho años, viendo videos, con imágenes de osos polares sufriendo. Aquello no salió de mi cabeza, y fue ahí cuando comencé a investigar acerca de los cambios climáticos que estamos viviendo. Fui a bibliotecas y leí libros como los de Naomi Klein (activista canadiense), James Hansen (climatólogo estadounidense) y George Monbiot (ambientalista inglés). Además, conversé con climatólogos, geólogos, científicos de distintos campos.

¿No sientes que, ante tantos compromisos estés madurando precozmente y perdiendo tu adolescencia? Nunca llevé una vida normal. Tengo síndrome de Asperger, por eso siempre fui del tipo nerd. Solitaria, pasaba mi tiempo leyendo en un rincón. Lo que cambió es que ahora necesito conversar con personas, algo que evitaba.

¿El síndrome de Asperger tiene influencia en tu decisión de involucrarte con la militancia? En mi opinión, ser distinto es un regalo. Parecía que a mi alrededor nadie quería saber sobre la destrucción del medio ambiente. Eso me llamó la atención. Quienes tenemos Asperger poseemos la capacidad de super concentrarnos. Conseguimos enfocarnos mucho en un tema. A partir de esa acción individual es que el tema ganó atención en el mundo.

¿Cuál es el objetivo inmediato? Haremos huelgas hasta que el mundo implemente el Acuerdo de París. Nuestro objetivo es mantener el aumento de la temperatura en 1,5 grados. Será muy difícil pero aún es posible, según lo que establecen las leyes físicas. Entonces, espero que tengamos éxito.

El activismo, para despertar la atención de los políticos, ¿sería el camino para lograr dicho objetivo? Los políticos suelen citar a niños que hacen huelga por el clima como una referencia. Nada de eso es suficiente. Por ejemplo, siempre dicen que van a eliminar el uso del carbón dentro de quince años. En ese plazo no será posible cumplir con las metas sustentables establecidas. Nuestro papel, como jóvenes, es despertar el interés por la crisis planetaria. Y transmitir un mensaje: en este punto, escuchen lo que dice la ciencia.

Los tratados globales, como el acuerdo de París, firmado por 195 países, ¿refleja más esa política que incomoda? El acuerdo representó, sí, una ayuda enorme para la causa. El mayor problema es que el conocimiento que ya tenemos sobre el problema del cambio climático no está siendo usado de manera más productiva. Así que, finalmente, desperdiciamos la oportunidad de hacer lo mejor que podemos.

¿Dónde ves este tipo de descuido? La desforestación en el Brasil, por ejemplo, aumentó un 88% en el último año. No sabemos exactamente lo que está sucediendo en el país. En Suecia ya tenemos noción de las acciones del presidente Jair Bolsonaro y de cómo las mismas están siendo terriblemente dañinas para la Amazonia. Las personas de todos los países deben exigir esfuerzos colectivos.