Guerra Fría en menor escala

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El papel de Rusia en el nuevo entramado del comercio mundial. Los Estados Unidos y su debilitada influencia europea.

Por George Friedman especial para DATOS

Rusia atravesó por dos fases en la post Guerra Fría. La primera fue el caos que inevitablemente se produjo al colapso de la Unión Soviética. Caos que a momentos pudo confundirse con liberalismo y en concebir a Rusia liberal durante la década posterior a la Unión Soviética. Pero Rusia bajo Boris Yeltsin era más caótica que liberal, con un programa de privatización que enriqueció rápidamente a los que supieron organizarse para aprovechar de un proceso pobremente definido y con un Occidente satisfecho con la caída del poder soviético y, a la vez, engañado en el pensamiento de que Rusia se estaba transformando en una democracia constitucional.

La segunda fase fue una reacción a la primera. Los estragos de Yeltsin no podían continuar. Rusia no estaba funcionando. La única estructura que había sobrevivido a la Unión Soviética y fueron los servicios de seguridad -incluso seriamente degradados por los esfuerzos de Yeltsin-. Servicios de seguridad que se beneficiaron con la acumulación de riqueza originada en el proceso de privatización, lo que les permitió no sólo conservar el poder que tenían en la Unión Soviética, sino que aumentó drásticamente. Al mismo tiempo, surgió una clase de oligarcas y los dos grupos oscilaron entre la competencia y la cooperación.

Rusia no podía continuar así

Se hundía en la extraordinaria pobreza, peor que durante la Unión Soviética y habían regiones que buscaban romper con la Federación de Rusia, que tenía poco o ningún prestigio internacional. En ese escenario EEUU y la OTAN libraron una guerra en Kosovo ante una debilitada oposición rusa, que se opuso a la guerra porque Serbia era un aliado y porque uno de los principios en Europa desde la Segunda Guerra Mundial fue que no debían producirse cambios en las fronteras, pero los deseos de Rusia no se tuvieron en cuenta.

Como Serbia no se derrumbó  a causa de los ataques aéreos y la guerra desbocó sus cauces, se consultó a los rusos para negociar su fin. A cambio, se les prometió un papel importante en el manejo de la post-guerra de Kosovo. Eso no sucedió, el futuro de Kosovo se convirtió en un asunto de decisión entre Europa y América. En 1999, Rusia había llegado al punto más bajo de su influencia.

Putin retrotrae a Rusia

Era lógico que un hombre como Vladimir Putin surja del caos de la década de 1990. Putin estaba profundamente arraigado en la KGB y en el viejo aparato de seguridad. Durante su estancia en San Petersburgo se había relacionado con los oligarcas emergentes y con la nueva generación de reformistas económicos. Putin entendió  que para revivir Rusia dos cosas tenían que suceder. En primer lugar, los oligarcas tenían que ser intimidados para alinear sus actividades al Gobierno. Les debía mucho para romper, pero no tanto como para permitirles continuar el saqueo.

También comprendió que tenía que poner orden en la economía, tanto por razones de política interna y externa. Rusia tiene enormes reservas de energía, pero era incapaz de competir en los mercados mundiales de la industria y servicios. Putin se centró en la única ventaja que tenía: la energía y los productos básicos. Para ello tuvo que tomar un cierto grado de control de la economía – no el suficiente como para volver a Rusia al modelo soviético, pero sí para dejar atrás el modelo liberal. O dicho de otra manera, para dejar atrás el caos. Su instrumento fue Gazprom, una empresa dominada por el Gobierno con la misión de explotar energía con el fin de estabilizar el país y crear un marco para su desarrollo. Al mismo tiempo, mientras Putin retrocedía en el liberalismo económico, también limitó los derechos políticos.

Este proceso no sucedió de la noche a la mañana, fue algo que evolucionó durante más de una década. El resultado final es una Rusia que no sólo se estabilizó económicamente sino que también adquirió una nueva influencia en el mundo. Para Putin, las consecuencias de la libertad política y personal representaban  un precio muy alto a pagar. Desde su punto de vista, la libertad de la década de 1990 había dañado a Rusia enormemente. Putin quería crear una plataforma estable para protegerse del mundo. Tenía que revertir el temor a la desintegración. Y Rusia no podía simplemente ser ignorada en el sistema internacional a menos que estuviera dispuesta a continuar con su posición de víctima.

La producción de energía creó una base económica que el Gobierno podía utilizar para poner fin a la erosión de la vida económica. También le dio a Rusia una palanca que le aseguró que no sería ignorada. Las ventas de energía a Europa se convirtieron en una parte esencial de la vida económica europea. Alemania, por ejemplo, necesitaba de su energía para mantener su economía. Por lo tanto, Alemania y el resto de Europa dejaron de ser indiferentes a Rusia. No podían permitirse ese lujo.

Durante la Guerra Fría, Rusia había sido pobre pero con gran alcance. Después de la Guerra Fría, había sido pobre y sin poder. Putin le devolvió un mejor lugar y poder internacional.

Una estrategia rusa emergente

A medida que Europa luchaba con sus problemas internos y China se ocupaba de sus problemas económicos, Rusia alcanzó una posición de influencia regional importante que Putin está tratando de aumentar de forma sistemática, siguiendo una política que podríamos llamar “el expansionismo comercial”. Los tanques rusos no están dispuestos a resucitar antiguos satélites soviéticos, como lo hicieron en Georgia; pero la debilidad de los países europeos los ha obligado a hacer frente por sí mismos. No pueden confiar en los Estados Unidos, donde el único tema de la defensa antimisiles ha creado un malestar considerable. Siguen siendo desconfiados de Rusia, pero tienen pocas opciones y los rusos son meticulosos en asegurar que las relaciones comerciales no sean vistas como un medio de control político.

Esta estrategia crea una nueva dinámica en las relaciones de Rusia con los Estados Unidos. Durante la era soviética y bajo Putin, la estrategia de Rusia con EEUU es generar problemas en diversas áreas con el fin de obligarlos a desvanecer su  poder y llevar a Washington a una sobreexposición. Vietnam es un ejemplo de esto. Para Putin, el ámbito de actuación es el Oriente Medio. Las guerras en Afganistán e Irak han sido un regalo para los rusos. Los estadounidenses estaban disminuidos; creando una ventana de oportunidad para los rusos para recuperar su equilibrio, reconstruir su sistema y, cuando se presente la oportunidad, expandir su poder.

El fin de las guerras en Afganistán e Irak no estaba en el interés de Rusia. Moscú se beneficiaba con algunos costos de la preocupación de EEUU en el mundo islámico. Por lo tanto, los rusos han jugado un papel en Siria e Irán, esencialmente estimulando a los estadounidenses a continuar su política en Oriente Medio, aliviando la presión sobre ellos. Los Estados Unidos han respondido con mayor presión para detener el apoyo a Bashar Al Assad y los iraníes. Los rusos se negaron.

La nueva guerra fría, pero menos fría

Dando un paso atrás, se ve a los Estados Unidos procurando desvincularse del proceso que normalmente sigue a las guerras estadounidenses. Esta separación se produce cuando Europa atraviesa una crisis económica interna que ha creado una crisis institucional. Esto genera oportunidades a los rusos para aumentar su influencia en Europa mientras los Estados Unidos está tratando de encontrar su propio equilibrio. Los rusos están interesados en mantener potenciales crisis en Medio Oriente que los estadounidenses podrían verse tentados en participar. Los rusos están también reactivando y expandiendo una red de relaciones con regímenes en América Latina. Existe una larga tradición anti imperialista en esa región. Hoy en día, los rusos son apenas izquierdistas ideológicamente, son más bien nacionalistas. Sin embargo, la capacidad de crear tensiones entre Venezuela, Ecuador, Bolivia y los Estados Unidos les cuesta poco y les rinde enormes beneficios.

El asunto Snowden debe verse bajo esta luz: Un americano con acceso a material altamente clasificado ha desertado a Rusia. Los estadounidenses lo quieren de vuelta. Hace 10 o 15 años podía haber sido devuelto, pero ahora no. Si los rusos lo regresaran, todos los otros potenciales desertores estadounidenses podrían decidir no confiar en Rusia. Si un equivalente ruso desertara a EEUU, es poco probable que sea devuelto a enfrentar un juicio. Pero la deserción pudo ser mucho más tranquila, por razones que van más allá de su control, o tal vez no, esta defección no se pudo esconder.

Pero sirve para dos propósitos. En primer lugar, crea una crisis política en los Estados Unidos y entre los Estados Unidos y sus aliados. En segundo lugar, Rusia se alinea con los grupos defensores de derechos humanos (internacionales y dentro de la propia Rusia) que la han condenado por violar los derechos humanos. El asunto Snowden es en este nivel un asunto menor. Pero no hay oportunidades demasiado pequeñas para ser explotadas ahora.

Ahora no hay el peligro de una confrontación, quizá nunca. Pero los rusos están utilizando la crisis económica europea y las tensiones entre europeos y estadounidenses para proyectar poder – comercial, en este caso – en Europa y para separar a los europeos de los estadounidenses en la medida de lo posible y poner a Estados Unidos a la defensiva. Los rusos no son agresivos desde su propio punto de vista. Sufrieron una afrenta permanente en 1991 cuando EEUU aprovechó todas las oportunidades para explotarlas a su favor, desde Kosovo, Ucrania a los países bálticos. Durante un tiempo pareció que los Estados Unidos tendrían éxito en romper el poder ruso de forma permanente, si no fuera por 11/9 Rusia se vería a sí misma creando un ámbito de seguridad para protegerse y hacer valer sus intereses como gran potencia.

Los motivos

Los Estados Unidos todavía no han definido su política hacia Rusia. Siguen mirando su comportamiento como acciones aisladas que no forman un todo coherente. Siria, Irán, Europa Oriental y Ecuador se ven como tentaciones rusas, pero no como una estrategia. Pero ahora se trata de una estrategia – una estrategia en la búsqueda de medios para atar y distraer a los Estados Unidos, mientras Rusia crea una nueva realidad en su periferia y en especial en Europa.

Los Estados Unidos pueden permitirse el lujo de estar confundidos. Rusia es en última instancia un poder débil. Su ventaja está en la energía, que depende del precio y del desarrollo de fuentes alternativas de energía y clientes. La reafirmación de Rusia se basa en fundamentos débiles y dudo pueda mantener su juego. La Unión Soviética era mucho más fuerte que Rusia hoy, y no pudo sostenerse.

Pero por ahora, Rusia tiene un juego de gran alcance. Lo de los izquierdistas de América Latina no es realmente importante. Estados Unidos no será nuevamente absorbido en el Oriente Medio, dos guerras son suficientes. Pero lo que los rusos están haciendo en Europa del Este puede transfigurar Europa lo suficiente como para desafiar los intereses estadounidenses. Es difícil ignorarlo. También es difícil reaccionar ante esta realidad. Este es el problema de Estados Unidos que sin muchas opciones está en proceso de llegar a un acuerdo con Rusia, un adversario que está mostrando una estrategia bien fundamentada y efectiva dentro de los límites de sus recursos.

En los próximos 100 años, expuse una secuencia en la que Europa y China se debilitan. Argumenté que el poder que podría surgir de este debilitamiento sería Rusia y acabaría en una pequeña Guerra Fría con Estados Unidos, que adolecerá de capacidad para sostenerse durante una generación. Creo que estamos allí. No es una guerra fría, pero es algo más que un poco de frío. Y se convertirá en una característica central del sistema internacional.