Las Américas: cómo 2015 fue advertencia para los corruptos

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Hemos presenciado dos tendencias notables en América durante 2015: por un lado, el descubrimiento de redes de corrupción a gran escala y por otro la movilización masiva de ciudadanos contra la corrupción. No es sorprendente que Brasil -sumido en el mayor escándalo de corrupción de su historia a raíz del caso Petrobras – haya sido el país de América que más descendió en el índice este año y, sin embargo, tanto allí como en otras regiones avanzaron las investigaciones y castigo contra personas que, apenas 12 meses antes, parecían intocables.

El desafío ahora será abordar las causas sistémicas que permiten la corrupción. Los millones de personas que salieron a las calles lo hicieron para exigir que se termine de una vez por todas con la corrupción. Sin embargo, esto solamente será posible si se emprenden profundas reformas institucionales.

La buena noticia

Aunque la lucha contra la impunidad está lejos de haber terminado, 2015 envió una contundente advertencia a los corruptos. Cuando tres miembros del influyente clan Rosenthal de Honduras fueron acusados de lavado de dinero y el presidente de Guatemala fue encarcelado por haber presuntamente aceptado sobornos, incluso las figuras más poderosas deben entender que ya no pueden confiar que el dinero y sus contactos las protegerán. Si bien no se han registrado mejoras significativas en las puntuaciones, es importante recordar que el ascenso marginal en las posiciones o el estancamiento también pueden deberse a que la corrupción es ahora más visible y es un tema prioritario del debate público.

La mala noticia

Sin embargo, las detenciones no son suficientes. Aun cuando sean medidas oportunas, juzgar a políticos o empresarios actuales no impedirá que nuevas personas corruptas se enriquezcan a expensas de los ciudadanos. Muchos de los países en las posiciones inferiores del índice cuentan con vastos recursos naturales (como Argentina, México o Venezuela); sin embargo, la corrupción arraigada ha redundado en una acuciante falta de inversiones en seguridad, educación y salud. Mientras no se aborden estas falencias, la corrupción continuará siendo la norma y no habrá mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos.

Qué es necesario que suceda

Los gobiernos deben asegurar reformas genuinas y sistémicas, empezando por garantizar que el poder judicial esté exento de influencias políticas y por posibilitar una cooperación regional más eficiente entre las autoridades encargadas de la aplicación de la ley y persecución de delitos, para evitar que los corruptos se oculten en distintas jurisdicciones. Mientras tanto, los ciudadanos no deben renunciar a sus reclamos de cambio. En 2015, vimos que más gente se percató del nexo entre los servicios deficientes que reciben y el enriquecimiento ilícito de unos pocos individuos corruptos. Estas personas deben continuar haciendo sentir su presión a los líderes, y exigir las instituciones responsables y eficientes que merecen.