¿Qué esperar de la Asamblea General de la ONU?

Por Rick Gladstone | The New York Times
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Onu, sede en EEUU

NUEVA YORK — El martes, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) convocó a los líderes mundiales para que pronuncien sus discursos anuales, con el contexto del calentamiento del planeta al parecer irreversible, las relaciones polarizadas entre las superpotencias y una pandemia persistente que ha agravado la brecha global entre ricos y pobres.

La reunión de una semana de la Asamblea General, la mayor convocatoria diplomática del mundo, también es una prueba de credibilidad importante para el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien será uno de los primeros en tomar la palabra ante el organismo integrado por 193 Estados miembro.

A pesar de su declarado entusiasmo por las Naciones Unidas (en un marcado contraste con su predecesor, Donald Trump), Biden pronunciará su primer discurso como presidente en medio de nuevas y fuertes dudas sobre su capacidad para lograr que Estados Unidos retome una posición de liderazgo mundial tras el conflictivo gobierno de Trump y su fomento del aislacionismo del “Estados Unidos primero”.

A continuación, presentamos un atisbo de lo que se puede esperar esta semana en la Asamblea General, su 76 sesión anual desde que se fundó la ONU al final de la Segunda Guerra Mundial:

A diferencia de 2020, cuando la sesión se realizó casi en su totalidad de manera virtual debido a la pandemia, más de cien líderes y otros representantes de alto nivel pronunciarán sus discursos en persona. Sin embargo, el acceso al complejo de unas 7,3 hectáreas de la ONU en Manhattan sigue siendo bastante limitado; es obligatorio el uso de cubrebocas, así como otras medidas de prevención por la COVID-19. La embajadora de Estados Unidos, Linda Thomas-Greenfield, dijo a los periodistas que las medidas estaban destinadas a garantizar que la Asamblea General “no se convierta en un evento de superpropagación”.

La confusión surgió la semana pasada sobre el requisito de la ciudad de Nueva York de que todos los participantes en la Asamblea General mostraran una prueba de vacunación. El presidente de la Asamblea General de este año, el ministro de Asuntos Exteriores de Maldivas, Abdulla Shahid, respaldó el requisito. Sin embargo, no está claro cómo se aplicará esa medida. Los funcionarios de la ONU han dicho que el personal de la sede de la organización debe estar vacunado, pero que se mantiene un sistema de honor para los visitantes VIP y otros invitados.

El mundo está ansioso por escuchar las prioridades de Biden y su visión del papel global de Estados Unidos, el mayor contribuyente financiero de las Naciones Unidas. Sin embargo, el mandatario dará su discurso en el contexto de una serie de noticias negativas que han impactado su gobierno a menos de un año de iniciado.

Hasta ahora, Biden no ha logrado contener la pandemia de COVID-19 en Estados Unidos y sus esfuerzos para ayudar a proveer de vacunas a otras regiones del mundo en problemas han hecho poco para mitigar la enorme discrepancia en las tasas de vacunación entre los países ricos y los pobres. Según la Organización Mundial de la Salud, casi tres cuartas partes de los 5700 millones de dosis de vacunas administradas hasta ahora han ido a solo 10 países, incluido Estados Unidos.

Su presencia en la ONU también se produce menos de un mes después de la salida caótica de Estados Unidos de su intervención militar de 20 años en Afganistán. La retirada, organizada de manera apresurada, creó una nueva oleada de solicitantes de asilo, revitalizó a los talibanes y volvió a crear un posible refugio para grupos terroristas.

Y la semana pasada, Biden sorprendió e indignó a Francia, el aliado más antiguo de Estados Unidos, al darse a conocer un acuerdo secreto de armas con Australia que acabó con uno de los mayores contratos militares franceses y puso en duda la sinceridad del gobierno estadounidense con sus socios históricos. Funcionarios franceses dijeron que las acciones de Biden eran una traición y que se parecían a las de su predecesor.

Entre los líderes más destacados que hablarán de manera presencial —solo en el primer día— está el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, un escéptico declarado de la COVID-19, cuya mala gestión de la pandemia amenaza su futuro político. Será el primer jefe de Estado que se dirija a la reunión y ha creado revuelo al prometer que desafiará el requisito de vacunación.

Entre los otros oradores del primer día figuran los presidentes de Turquía, México, Corea del Sur, Polonia y la República Democrática del Congo.

Los funcionarios de protocolo de la ONU advierten que, por tradición, Brasil ha sido el primero en tomar la palabra desde mediados de la década de 1950, debido a que en ese momento ningún otro líder estaba dispuesto a hacerlo. Ahora, esa posición se considera codiciada porque puede ayudar a establecer el tono de la semana.

El orden de los oradores generalmente se adhiere al principio de que el líder del país anfitrión va en segundo lugar, seguido de otros jefes de Estado, jefes de gobierno, vicepresidentes, príncipes herederos, ministros de Relaciones Exteriores, luego diputados y embajadores. El orden también está determinado por la fecha en que cada uno de los 193 Estados miembro hace la solicitud.

Muchos líderes han optado por recurrir a los videos pregrabados, como se hizo el año pasado, o a que un representante de menor nivel asista en su lugar. Sin embargo, este año la ausencia de algún líder puede enviar un mensaje en particular.

Tal vez el líder más importante que no acuda a la Asamblea General sea el presidente de China, Xi Jinping, un contribuyente financiero cada vez más importante de las Naciones Unidas y rival de Estados Unidos por la influencia en la organización, una razón subyacente de tensión.

El presidente ruso, Vladimir Putin, tampoco asistirá. Xi y Putin enviarán subordinados.

En lo que podría interpretarse como otra señal de la molestia de Francia con Estados Unidos, el presidente francés, Emmanuel Macron, descartó la idea de hablar incluso por video e instruyó a su ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Yves LeDrian, a que tome su lugar, lo que podría ocurrir en el último día.

El nuevo presidente de Irán, Ebrahim Raisi, también envió un discurso grabado con anterioridad, con lo cual se pierde la oportunidad de ejercer la diplomacia personal que podría ayudar a salvar el acuerdo nuclear casi extinto entre Irán y las principales potencias.

Quizás el tema más importante será el cambio climático, con nuevas pruebas científicas que muestran una batalla perdida en lo que el secretario general de la ONU, António Guterres, ha calificado de lucha existencial. En esta década, las emisiones de gases que calientan el planeta podrían aumentar un 16 por ciento en comparación con los niveles de 2010, incluso cuando las últimas investigaciones científicas sugieren que estas tendrían que disminuir al menos una cuarta parte para 2030 para evitar los impactos más graves del calentamiento global.

El primer ministro británico, Boris Johnson, quien será el anfitrión de una conferencia sobre el cambio climático liderada por la ONU en Escocia dentro de dos meses, codirigió una reunión preparatoria con Guterres el lunes.

También se espera que la lucha contra la pandemia domine la semana. Biden tiene previsto organizar una cumbre de la COVID-19 al margen de la reunión. Otros temas que se debatirán son la toma del poder por los talibanes en Afganistán; el golpe militar de 7 meses en Birmania; el acuerdo nuclear con Irán, que está en peligro; el vacío político en Haití, así como los conflictos en Etiopía, Yemen y Siria.

Muchos diplomáticos han dicho que los acuerdos hechos en persona durante la Asamblea General son fundamentales para el papel de la ONU como un escenario para resolver disputas y como un espacio para disuadir el conflicto armado, incluso si a menudo no ha logrado resolver o mitigar los problemas que pueden conducir a una guerra.

“La ONU parece cada vez más marginal a la gestión de crisis internacionales”, señaló el International Crisis Group, una organización política independiente, en su evaluación de este año de la sesión de la Asamblea General. Pero, según el análisis, “el sistema de la ONU todavía juega un papel crucial en la gestión de un entorno internacional inestable”.

 

Rick Gladstone es editor y escritor de la sección Internacional, radicado en Nueva York. Trabaja en el Times desde 1997, cuando comenzó su carrera como editor en la sección de Negocios. @rickgladstone