¿Trump será Trump?

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Creditos Foto: CHRIS ALBERT FOR CBSNEWS 60MINUTES - AP

La característica más destacada de Donald Trump es su imprevisibilidad más que sus exapbruptos demagógicos. En realidad la gran incógnita en estos momentos es si una vez en la Casa Blanca Donald Trump será el mismo Trump que se ha visto en la campaña (nacionalista, proteccionista y xenófobo) o, por el contrario, moderará sus tendencias populistas.

De hecho, ya se ha podido ver a dos Trumpdiferentes. El de la campaña cuando llamó “violadores” a los inmigrantes indocumentados procedentes de México o prometió deportar a los 11 millones de indocumentados y prohibir, por motivos de seguridad, la entrada al país de extranjeros musulmanes.

Otro Donald Trump diferente fue el del discurso tras conocer su victoria en la noche electoral. Un discurso moderado y en el que tendía la mano a sus detractores: “Ya es hora de que curemos las lesiones de la división. A todos los republicanos, y demócratas e independientes, a lo largo de este país, yo digo que ya es hora que nos juntemos como una gente unida. Ya es hora. Les prometo a todos los ciudadanos de nuestra tierra que voy a ser el presidente de todos los estadounidenses, y esto es tan importante para mí”.

Así pues, a la hora de enfrentarse y tratar de entender la figura del futuro presidente de los EEUU, tres son las teorías que existen sobre su posible comportamiento una vez que habite en la Casa Blanca:

1-. Trump será siempre Trump

Una parte de los análisis se inclina por pensar que Donald Trump es un demagogo que tras arribar a la Casa Blanca se comportará como un populista autoritario como su admirado Vladimir Putin. Ello será así porque es la esencia de su personalidad y porque, asimismo, tiene un amplio margen de acción. Después de todo no solo ha ganado las elecciones de Estados Unidos sino que también los republicanos van a conservar el control de ambas cámaras del Congreso de EEUU.

Además, Trump tiene en sus manos la capacidad de nombrar al sustituto del fallecido juez Antonin Scalia en la Corte Suprema.

John Carlin en el diario El País sostiene que “Trump en el ala oeste de la Casa Blanca será, en el mejor de los casos, un Cantinflas interpretando el papel de Calígula en una versión moderna del declive y caída del imperio. En el peor, representa una amenaza para la estabilidad mundial”.

Por tanto, los republicanos dominarán el Legislativo estadounidense al menos los próximos dos años, lo que le permitirá al republicano Donald Trump un cómodo mandato en la Casa Blanca. Los demócratas tenían ciertas opciones de recuperar la mayoría en el Senado, donde se renovaba un tercio de los cien asientos, pero los republicanos han conseguido conservar la mayoría (54 frente a 46), aunque será menos holgada.

La historia, además, refuerza la idea de que se comportará como ha anunciado. En otro contexto aquellos que lo parecían finalmente lo fueron: Hugo Chávez encarnaba al outsider antisistema en 1998 y pese a sus reiterados llamados a la moderación antes de asumir el poder acabó convirtiéndose en el líder del populismo bolivariano hasta 2013. Incluso, algunos apelan al recuerdo de Winston Churchill en los años ´30 alertando sobre los peligros que se cernían sobre el mundo y que otros (Neville Chamberlain no querían, o no sabía ver).

También avalaría la tesis de que finalmente Trump será Trump la sabiduría popular: “Si tiene cola de pato, pata de pato, pico de pato, entonces no puede ser un tigre… Es un pato”.

2-. Trump no será el Trump de la campaña

Otros creen, sin embargo, que Donald Trump no podrá ser el mismo que se ha visto en la campaña electoral para las elecciones del 8 de noviembre en primer lugar porque como empresario sabe que el pragmatismo y no el fundamentalismo es el camino hacia el éxito. Si bien presume de tomar decisiones casi sin pensar, tiene el adn de un emprendedor que está obligado a ser prudente dentro de un lógico riesgo.

El primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, sostiene que como Trump viene del mundo de los negocios y quees alguien “que firma acuerdos. No tengo dudas de que considerará al mundo de manera muy práctica y pragmática”.

Además, la inexperiencia de Trump le va a obligar a formar un gabinete de hombres con larga experiencia que pueden refrenar sus impulsos naturales a tomar decisiones intempestivas. Es el caso de Rudy Giuliani (72 años), el exalcalde de Nueva York (1994-2001), posible secretario de Justicia o el de Newt Gingrich (73 años), expresidente de la Cámara de Representantes.

Roger Noriega, subsecretario de Estado para la región durante el gobierno de George W. Bush y asesor de todas las administraciones conservadoras desde la época de Ronald Reagan, recordaba el sábado en Clarín que “los nombres que se han barajado para varios puestos son personas con mucha experiencia e inteligencia. Conocen el mundo y cómo funciona nuestro gobierno. Gingrich es creativo y tiene algunas ideas candentes pero también tiene la inteligencia para defender sus ideas de una manera respetuosa”.

En esa misma línea, el ganador de un Pulitzer, Michael D’Antonio biógrafo de Donald Trump (“Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success”) lo ve así: “Puedo imaginar a Trump como una especie de figura decorativa, disfrutando de los aspectos ceremoniales de la Presidencia, pero dejando la mayor parte de los detalles a los demás. De esta manera, él podría tener un acuerdo con (el vicepresidente) Mike Pence, algo similar a lo que sucedió entre George W. Bush (2001-2009) con Richard “Dick” Cheney. En el primer período, sobre todo, Cheney era casi copresidente. En el caso de Trump, deberíamos esperar una Presidencia como esa y temer que pueda involucrarse en los detalles. Cuando más remota y distante sea esa opción, más seguros estaremos todos”.

En tercer lugar, EEUU es el país de las instituciones, de los pesos y contrapesos donde un presidente tiene el poder muy definido. En realidad, el sistema le crea una serie de ataduras que le alejan del hiperpresidencialismo clásico y propio de los mandatarios latinoamericanos. Si bien los republicanos en el Congreso tienen mayoría en ambas cámaras, en el Senado no tienen las 60 bancas necesarias para evitar el bloqueo por parte de los demócratas.

El historiador argentino Loris Zanatta subraya en el diario La Nación que “no es concebible que Trump colonice el Poder Judicial, someta al Congreso, distorsione el complejo sistema de pesos y contrapesos del sistema constitucional, logre enmendarlo para ser reelegido y así sucesivamente; por las mismas razones, le será difícil imprimir giros extremos a la política exterior de su país. Un presidente impresentable, por lo tanto, gobernará un sistema político capaz de producir los anticuerpos necesarios para neutralizar el reto, absorber su carga subversiva y transformarlo un día, quién sabe, incluso en presentable. No puedo estar seguro de que así será, pero confío en que los daños puedan ser limitados y la lección, aprendida”.

En cuarto lugar, los partidos en EEUU no son monolíticos ni correas de transmisión del líder. Son fuerzas heterogéneas y sus representantes en el legislativo poseen una amplia autonomía. Trump es consciente de que debe pactar y transar con diputados y senadores republicanos que se han mostrado muy críticos con él y que ahora van a ser valer su peso e influencia.

El nuevo presidente está obligado a convivir con políticos de su partido que no le van a conceder un cheque en blanco ni un aval permanente. Es el caso del senador de Florida, Marco Rubio, y del presidente de la Cámara, Paul Ryan.

“No hay duda de que el caso de Trump implica un desafío radical al sistema político de Estados Unidos. Como Bruce Ackerman advirtió en sus excelentes estudios, el sistema de elecciones primarias suele producir candidatos más bien radicalizados, a menudo muy lejanos de las preferencias del ciudadano medio de los Estados Unidos. Así fue esta vez más que en cualquier otro caso. Al mismo tiempo, sin embargo, no debe olvidarse que la tradición constitucional y la naturaleza abierta y pluralista de la sociedad civil norteamericana siempre han tenido una gran capacidad de metabolizar los desafíos populistas”, concluye Zapata.

3-. Trump a veces será trump y otras se refrenará y será refrenado

Todo indica que lo más probable es que a veces, no siempre, Trump sea Trump y en otras ocasiones se refrene o sea refrenado.

Tiene que complacer a sus seguidores y eso le obligará a hacer exhibiciones de corte nacionalista y proteccionista. La principal víctima serán los más débiles: los inmigrantes y México. Cuando no pueda cumplir lo prometido los gestos grandilocuentes y los excesos verbales sustituirán a las políticas concretas.

Jorge Zepeda Patterson apunta en El País que “el problema es que Donald Trump es absolutamente impredecible. Nunca la oficina oval había albergado a un huésped tan volátil y potencialmente explosivo. Con un agravante adicional: no se siente comprometido con nadie, salvo con las promesas a sus votantes, porque llegó al poder a espaldas del establishment, incluyendo las del propio partido republicano”.

En los asuntos medulares, en realidad, el sistema, sus asesores más cercanos y hasta su intuición le refrenarán. Será siempre un nacionalista y un proteccionista, adicto a los excesos verbales y a la teatralidad. Pero o no se atreverá o no podrá e incluso no sabrá ir más allá.

Francisco Rojas Aravena señala en el Diario de Tabasco que “Estados Unidos dio un giro importante, hoy tiene en manos de los Republicanos la Cámara de Diputados, la Cámara de Representantes, y eso significa que el próximo miembro de la corte suprema será alguien cercano al pensamiento de los Republicanos. La gran mayoría de los gobernadores que  se eligieron serán Republicanos, por lo cual cuando menos en los próximos dos años va a ser un país Republicano”.