Vargas Llosa agita la segunda vuelta en el Perú

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El escritor peruano, premio nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa llamó a votar por Keiko Fujimori, que podría ser considerada su enemiga política. No es la primera vez que Mario Vargas Llosa se inmiscuye en la política de su país y, aunque con todo derecho, tratándose de un ciudadano peruano, lo hace esta vez contradictoriamente ya que se declaró no hace poco enemigo acérrimo del fujimorismo al que le atribuyó por los males de su país. Vargas Llosa, una especie de vaca sagrada, fue candidato presidencial, aunque con pésimos resultados. Desde su fracaso en la política nunca dejó de interesarse por los destinos de América Latina, ocupando cada vez que podía palestra para lacerar al populismo con el que jamás fue condescendiente.

Así, se declaró enemigo del Socialismo del Siglo XXI, comandado por el extinto presidente venezolano Hugo Chávez que según él encarnaba todos los males en la región, lo mismo a su turno con esa tendencia, se repartían afiebradas críticas desde su Olimpo; Evo Morales era un cataclismo; los esposos Néstor y Cristina Kirchner merecieron opíparas críticas del premio nobel, lo mismo que Rafael Correa, Luiz Inacio Lula da Silva a quienes los llegó a comparar con Satanás por las desgracias que atravesaban sus países.

La apuesta de Vargas Llosa -que se refugia ya sea en Madrid o Paris- por Keiko denota una compleja psicosis de nostalgia por lo perdido, pero al mismo tiempo una voraz inquina cuando se pregunta en su columna de opinión que publica el diario madrileño El País: “¿Cuáles con las ideas que defiende el candidato victorioso en esta primera vuelta en el campo económico? Las inspiradas por sus dos maestros, el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, quien, como es sabido, no puede poner los pies en su país pues iría a la cárcel. Evo Morales se ha precipitado en felicitar a Castillo (N. de R.: Pedro Castillo ganador de la primera vuelta de las elecciones en Perú) y hay rumores que habría apoyado económicamente su candidatura. Si gana la segunda vuelta electoral, Castillo se propone establecer una Economía popular de mercados, inspirado en el modelo de Bolivia y del Ecuador.