A 11 años de la “Guerra del gas”

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El gas y una salida soberana al mar

Una respuesta a quienes, tras once años de la llamada “Guerra del Gas”, pretenden hacernos creer que Bolivia estuvo a un paso de lograr una salida soberana al Océano Pacífico. Es una respuesta a quienes fueron cómplices de una solapada campaña, promovida desde la embajada peruana en La Paz, para frenar el proyecto boliviano de exportación de gas a través de un puerto chileno. Y finalmente es una respuesta a quienes a título de defender los recursos naturales, amparados alentaron actitudes para favorecer oscuros intereses.

Por Eduardo Mendizábal Salinas

A diferencia de lo hecho por Bolivia a 135 años de la pérdida del Litoral, Chile y Perú mantienen una Política de Estado sobre la materia. La más clara está sustentada por Chile, en virtud a que se trata de un tema recurrente en las relaciones que mantiene con Bolivia. Esta posición fue ratificada, una vez más, por la delegación chilena en la pasada 42ª Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en la ciudad de Cochabamba el año 2012.

El candado y la llave

El Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904, firmado en Santiago entre Chile y Bolivia, estableció el dominio absoluto y perpetuo del territorio ocupado por Chile. Como contrapartida, Chile aseguró el acceso a Bolivia por el puerto de Arica y el manejo discrecional de la carga de importación y exportación hacia y desde su territorio, así como otras franquicias para la explotación del ferrocarril Arica – La Paz. El 3 de Junio de 1929, Chile y Perú firmaron en Lima el tratado por el que se definía la nacionalidad de Arica para Chile y Tacna para Perú. De ese modo, Perú renunciaba a la soberanía sobre Arica.

En lo tocante a Bolivia el texto decía: “(Chile y Perú) no podrán sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que quedaran bajo sus respectivas soberanías”. En la práctica toda negociación bilateral de Bolivia con Chile quedó bloqueada, entre otras razones por esa condición del tratado.

Lo firmado por Chile y Perú daría lugar, años más tarde, a que se diga que para que Bolivia consiga una salida soberana al Océano Pacífico, Chile puso el candado y entregó la llave a Perú. Desde entonces, el tema marítimo quema las manos a cualquier Gobierno boliviano. Toda intencionalidad de acercamiento con Chile es, o trata de ser frenada, por una suerte de expresiones que muestran a ese país como el causante de nuestro atraso por habernos arrebatado el mar. Lo llamativo de todo esto, ampliamente documentado en la prensa nacional, es que el foco de cualquier protesta antichilena en Bolivia tiene como epicentro la ciudad de El Alto, donde residen una gran cantidad de ciudadanos peruanos, muchos de ellos de manera irregular (entiéndase indocumentados).

El siguiente artículo, esta respaldado y tiene como fuente primaria el trabajo periodístico que me tocó desarrollar entre los años 2002 y 2003, gran parte de carácter reservado vinculado al proyecto Pacific LNG, el cual planeaba exportar gas boliviano a México y los Estados Unidos a través de un puerto ubicado en la costa del Océano Pacífico. Tanto en Bolivia, como en Chile, Perú y EEUU, reuní información que develó un juego de intereses que favorecían a Chile, afectando intereses peruanos que nunca permitirían que Bolivia se les adelantase en un negocio de miles de millones de dólares. Finalmente, merced a una campaña solapada por parte del Perú con la complicidad boliviana, cuyas principales autoridades batían palmas al imaginar como crecerían sus chequeras merced a un negocio que generaría millones de dólares.

Bolivia quedó al margen de un proyecto en el cual llevaba gran ventaja, mientras que Perú lo consolidó e hizo realidad, a través de Perú LNG, la construcción de una planta de licuefacción en Pampa Melchorita, desde donde exporta gas natural a México, teniendo en Repsol a una gran socia. Por su parte, Chile construyó una planta de regasificación en Quintero para importar gas natural de proveedores de ultra mar, principalmente por ver en Argentina a un proveedor poco confiable y a Bolivia como un país imposible para un negocio de estas características, por lo menos en el mediano plazo.

¿Oportunidad pérdida?

En ese contexto tres de las empresas petroleras más grandes del mundo: la española Repsol YPF (37,5%), la inglesa British Gas (37,5%) y la argentina Pan American Energy (25%), subsidiaria de la también inglesa British Petroleum, decidieron conformar una sociedad que daría lugar a la creación del Consorcio Pacific LNG, a objeto de desarrollar un megaproyecto para la exportación de gas natural, por vía marítima a Baja California, Estados Unidos, donde Sempra Energy y CMS Energy aseguraban la compra del llamado combustible limpio proveniente de los pozos de Campo Margarita, ubicado en el Bloque Caipipendi, al sur de Bolivia.

Una danza próxima a los US $7.000 millones, convertía a Pacific LNG en un negocio que ningún puerto del norte chileno podía darse el lujo de perder. Más aún si la mayor inversión del proyecto, algo más de US $3.500 millones, estaría concentrada en la terminal de licuefacción que sería construida en el puerto que resultare elegido por el consorcio que lideraba la hoy hispana Repsol, dado que su participación en la argentina YPF fue absorbida por el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Bases del Proyecto

El consorcio Pacific LNG planeaba exportar gas a EEUU por medio de un gasoducto de Bolivia a un puerto costeño en Chile o Perú. Además del gasoducto boliviano, el proyecto se encargaría de la construcción de una planta de licuefacción en la costa del Pacífico, una terminal de regasificación en Baja California, México, y un gasoducto de 64 km de Baja California a California. Se estimaba exportar unos 22.7 millones de metros cúbicos diarios de gas desde Bolivia, que eventualmente servirían a las plantas de energía nuevas y actuales en Baja California y el sur de California. Las compañías Sempra Energy y CMS Energy estaban desarrollando la terminal en México.

Se establecía que la entrada en operación de la terminal de gas de Baja California estaría lista a fines de 2005 o en 2006 con el suministro de gas proveniente de Bolivia. Para respetar esa fecha, se debía escoger un puerto chileno o peruano y alcanzar acuerdos entre las compañías y gobiernos para el verano de 2002. El costo inicial del proyecto estaba calculado en unos US $5.000 millones, alcanzando en su apogeo los US $7.000 millones.

Idas y venidas

La sola idea de adjudicarse el proyecto, para que sea instalado en el puerto de su jurisdicción, dio lugar que entre los años 2002 y 2003, decenas de funcionarios de los municipios y gobernaciones de ciudades como Arica, Iquique, Tocopilla, Pisagüa, Mejillones y hasta Antofagasta visitarán La Paz, Tarija y Santa Cruz de la Sierra tratando de convencer a propios y extraños que si elegían el puerto que representaban tendrían todas las facilidades para trabajar e implementar un verdadero polo energético de desarrollo, amen del turismo y otros negocios colaterales que prometían ingresos millonarios al país.

Paralelamente, el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, negociaba con Chile, de manera reservada, cuáles serían las condiciones y ventajas que tendría y obtendría Bolivia si el gas boliviano era exportado a través de un puerto de ese país. Sistemáticamente, el Gobierno de entonces negaba la existencia de negociaciones con Chile, lo hicieron a través de los ministros Fernando Illanes y Jorge Berindoague. Pero la verdadera historia se tejía en Santiago, La Paz y Lima.

El entonces Gobierno de Bolivia le pidió a su similar de Chile un estudio de factibilidad del proyecto, independiente del que ambos habían recibido de parte del Consorcio Pacific LNG, el cual demostraba que el negocio solo sería rentable, si el gas era exportado por un puerto chileno y el elegido había sido Patillos, próximo a Mejillones.

Dos factores fueron determinantes para tan trascendental determinación: la distancia entre Campo Margarita y Patillos era la opción más corta para la construcción de un gasoducto de 36 pulgadas con una longitud de 650 km entre los pozos productores de gas y el puerto elegido. Otro factor clave fue la profundidad marina que permitiría que gigantescos barcos metaneros puedan llenar sus tanques con el gas natural que sería reducido en su volumen en la planta de licuefacción construida en Patillos.

En un viaje a Santiago de Chile, en mayo de 2003, entrevisté al economista (excandidato a la presidencia de Chile y exministro de Hacienda), Hernán Büchi, quien expresó que en el futuro el gas boliviano no sólo iría a ser exportado a los Estados Unidos, sino que también sería consumido en Chile, que ello formaba parte de la “agenda reservada” que mantenía el Gobierno de Bolivia con su par chileno.

También pude reunirme con tres de los más connotados analistas energéticos de Chile: El experto en energía Tomás González de la firma Celfin Capital,  Cristian Jadue, analista del sector eléctrico de Santander Investment Securities, Unidad de Santander Chile y con el periodista, sociólogo y analista internacional Raúl Sohr. Coincidentemente, los tres especialistas expresaron que el proyecto era un negocio con más ventajas para Chile si se tenía en cuenta que alrededor al mismo se desarrollaría un polo energético que permitiría la industrialización del gas que Bolivia exportaría a México y a los Estados Unidos, ya que los componentes principales como el butano, etano, propano y metano serían extraídos allí, antes de ingresar al proceso de licuefacción.

Otro factor que inclinaba la balanza a favor de Chile, era que tarde o temprano Bolivia tendría todas las facilidades para venderle gas a Chile a un precio más competitivo que al Brasil, dada la gran demanda existente en el Norte Grande, particularmente por parte de las grandes mineras chilenas y también por las gigantescas termoeléctricas, como la operada por GasAtacama.

Entendía como periodista, en aquel momento y mucho más ahora que, como nunca, en 2003 Chile estuvo tan cerca del gas boliviano, y no como nos querían hacer creer las entonces autoridades de ese Gobierno “que como nunca Bolivia estuvo tan cerca de tener presencia soberana en el Pacífico”. La propuesta chilena ofrecía a Bolivia un enclave geográfico por 99 años, con plena soberanía y bajo las leyes bolivianas, excepto la presencia militar. El lugar serviría para que Bolivia desarrolle el turismo y el comercio, mientras el Consorcio Pacific LNG invertía miles de millones de dólares en la planta de licuefacción y en toda la infraestructura que posibilitaría exportar gas boliviano a México y los Estados Unidos.

Otra frase, explotada por grupos ambientalistas, era cada vez más insistente: “Solo alguien fuera de si estaría dispuesto a invertir en hotelería y grandes negocios en un área colindante con un polvorín”, esto en referencia a que si bien la historia no registra recientes accidentes provocados por barcos que transportan ingentes cantidades de gas natural licuificado, nada garantizaba un accidente fortuito de alcances inimaginables.

La hora fatal

Cada día los rumores de una negociación con Chile a espaldas del pueblo boliviano, para que el gas sea exportado por ese país, se acrecentaban, mientras se  desmentía una y otra vez que esté sucediendo. Las afirmaciones o negativas, lograron caer por su propio peso, cuando llegó a mis manos la presentación realizada por Paul Jordan, director de reservas y comercialización para el Cono Sur de BG Group y principal ejecutivo del Consorcio Pacific LNG, en la “XII Conferencia Anual Latinoamericana de Energía”, celebrada en California, Estados Unidos, en mayo de 2003. BG Group, miembro del consorcio Pacific LNG, presentó en aquella oportunidad, bajo la más estricta reserva, el proyecto de infraestructura para la exportación de gas a EEUU y México a través del puerto chileno de Patillos.

Con semejante documento en mis manos, llamé a Paul Jordan para solicitarle una entrevista en la que reconozca como oficial la posición expresada por su persona en La Jolla. En principio trato de esquivarme, sin embargo, cuando le dije que publicaría -con o sin su versión- el documento que había obtenido, me citó a su despacho en las oficinas de BG Bolivia, ubicadas en Santa Cruz, Cuarto Anillo, entre las avenidas Roca y Coronado y El Palmar.

Recuerdo a un Jordan que luego de respirar profundamente dijo: “Después de evaluar minuciosamente 12 sitios potenciales de la costa del Pacífico, cada uno de ellos con una ruta de ductos que retornan al campo Margarita, el consorcio Pacific LNG Bolivia SRL determinó que el puerto de Patillos es la mejor opción técnico-financiera para la exportación de LNG a Estados Unidos y México. Hemos realizado estudios de ingeniería y de costos en detalle para cada una de las 12 rutas, lo que nos ha permitido saber que la mejor ubicación para construir la planta de licuefacción es el puerto chileno de Patillos”, dijo Jordan y agregó que la información había sido entregada al Gobierno boliviano.

“También se le entregó información al Gobierno indicándole que la segunda mejor ubicación es el puerto de Mejillones, también de Chile; sin embargo, ésta restaría valor a Bolivia. Hicimos lo mismo con la información económica referida a la opción peruana, que es el puerto de Ilo”. Paul Jordan afirmó que Ilo es prohibitivo no sólo por la mayor extensión del ducto, sino por los costos marinos en el sitio mismo y el incremento en las tarifas para transportar hidrocarburos con esa distancia adicional.

“Si salimos por Perú el retorno para Bolivia no es sostenible. Si el gas sale por ese país, Perú tendría que compartir los volúmenes de mercado de California con Bolivia. Si esto ocurre, Bolivia estaría exportando la mitad de los volúmenes y Camisea (Perú) la otra mitad, lo cual no sería un buen negocio y daría lugar a la cancelación del proyecto”, expresó Jordan. “Saliendo por Patillos”, continuó Jordan, “todo el gas es para Bolivia. Mucha gente cree que Perú le está haciendo un favor a Bolivia, pero si analizamos las cifras es a la inversa”, concluyó.

La campaña peruana

Respondiendo a Paul Jordan, el Embajador del Perú en Bolivia, Hernán Couturier, manifestó que su país estaba dispuesto a cubrir las diferencias que puedan originarse en la construcción del gasoducto por el puerto peruano de Ilo, en lugar de uno chileno. “Según estudios técnicos, la diferencia entre exportar el gas boliviano por el puerto Patillos de Chile y el de Ilo es de 309 millones de dólares, monto que el Gobierno de Lima estaría dispuesto a financiar sin condiciones”, decía Couturier.

Cuando Perú veía que el Consorcio Pacific LNG se convertiría a Bolivia en el primer país del Cono Sur en exportar gas natural a México y Estados Unidos, entendió que tendría al frente a un rival que, si lograba sacarle ventaja, sería muy difícil de desplazar en el futuro. Algo que aún trato de entender tuvo lugar el año 2000, cuando acompañé al entonces candidato Alejandro Toledo a una gira proselitista en Huaraz y Chimbote, esta última su ciudad natal, para realizar una cobertura encomendada por el diario El Deber.

Mientras volábamos a Huaráz, le pregunté a Toledo qué opinaba de aquella frase que decía: “Chile tiene el candado y Perú la llave”, en referencia a que Bolivia pueda lograr una salida soberana al mar. De manera enfática Toledo respondió: “tal como ustedes los bolivianos jamás renunciarán a volver al mar, Perú hará lo mismo con Arica. Ese es un tema que no vamos a negociar jamás, porque sería traicionarnos y, ante todo yo soy peruano”. Sin embargo, en una visita a Bolivia el entonces presidente peruano dijo que Perú estaba dispuesto a todo, incluso a dejar de lado “llaves y candados”, que ante todo estaba la integración energética y ofrecía a Ilo para que Bolivia exporte gas a México y a los Estados Unidos. Me asombró cómo pudo cambiar de opinión.

Álvaro Ríos Roca, un respetado analista energético, a través de un artículo publicado a fines de 2003, expresaba que se había constatado la presencia de agitadores peruanos en las manifestaciones realizadas en La Paz y El Alto que terminaron por expulsar del poder a Gonzalo Sánchez de Lozada el 17 de octubre de 2003. Estos repartían panfletos que llamaban a rechazar la posibilidad de exportar gas natural a través de un país que nos privó del mar.

En tanto la Embajada del Perú en La Paz no se cansaba de recordar a Bolivia que Ilo esperaba la inversión de Pacific LNG con los brazos abiertos. Ello a sabiendas que era imposible tener en un mismo país, dos proyectos compitiendo por el mismo mercado.

Se activa el detonante

La revelación que me hizo Paul Jordan comenzó a dar la vuelta al mundo y fue publicada con bombos y platillos por la prensa chilena. Decenas de llamadas, muchas con traductor, me pedían dar detalles de la noticia que fue “rebotada” por las principales agencias del mundo.

Recuerdo la llamada del dirigente alteño Roberto de la Cruz, quien apelando, en sus propias palabras, a mi patriotismo, me dijo: “Compañero periodista, lo estamos llamando desde la ciudad de El Alto y lo están escuchando los representantes de las juntas sociales para que sea usted quien confirme la información de que este “gringo de mierda” sabía que nuestro gas solo podría ser exportado por Chile”. Sorprendido, solo atine a decirle que la información provenía oficialmente del Consorcio Pacific LNG. Recuerdo gritos y un aplauso prolongado, para escuchar decir a Roberto de la Cruz: “compañero, ustedes nos están dando luz verde para tumbarlo a este traidor de Goni”.

El resto de la historia, llamada “Guerra del Gas” es conocida por todos.