Claudia Benavente, directora del periódico La Razón

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¿Cómo encaras las maratónicas jornadas como directora de uno de los medios impresos más grandes del país? El trabajo deja de ser pesado cuando se está rodeada de un equipo que conoce de periodismo y de cómo mantener el liderazgo empresarial de La Razón y Extra. Cada tentáculo conoce su movimiento y de pronto el aparato adquiere vida propia. Como en una orquesta, cada uno toca su instrumento y la melodía se escucha cada día. Los 365 días del año. Es emocionante.

¿Crees que una palabra clave en el ejercicio de la profesión es equilibrio? Equilibrio. En efecto, es una de las palabras clave para un periódico. Y ojo que no es tratar de situarse en el medio. No ser equilibrista. Es mantener la mente y el corazón en la serenidad que demanda el hecho periodístico. Es tratar de comprender el hecho del día abrazando la complejidad en la que se sitúa. Es no ceder ante la presión de la publicidad o de los reclamos políticos infundados o de lo que los lectores quieren leer, esclavos muchas veces de sus antojos políticos. El equilibrio es el hijo mayor de la honestidad periodística.

¿Cuál es tu opinión sobre las redes sociales y su efecto en la validación de un periodismo serio? Ay, las redes sociales. Hoy la experiencia cotidiana de gran parte del planeta está vinculada a sus teléfonos. Estos aparatos se han convertido casi en parte de nuestros cuerpos. Toda la información parece estar ahí. Las redes invitan a circular frenéticamente desde ese espacio. Todo circula: las verdades, las mentiras, los claros, los obscuros. Sin embargo creo que el periodismo tiene su propio oxígeno: la credibilidad que ha logrado, según cada medio. Cambian los soportes pero los principios y la forma en la que las audiencias consumen estos contenidos, no.  Pueden presentarse algunos sobresaltos en la forma de consumir los contenidos pero siempre  se volverá la calma de periodistas que trabajan con información con el sello calidad que solo te da la formación académica y el oficio.

¿Crees que la profesión del periodista en Bolivia ha ido perdiendo peso e influencia, o crees que la opinión pesa como antes del advenimiento de las redes sociales? El oficio periodístico sigue teniendo un papel esencial porque los medios de información son un centro privilegiado desde el cual se configuran los mundos contemporáneos. Crean o amplían interpretaciones de la realidad; no es un asunto menor. La opinión tampoco ha soltado su carácter esencial en la definición de las tendencias sociales. Redes y todo, autos inteligentes y todo, reguetón y todo.

¿Cuál crees que es el principal desafió de la profesión en un año electoral? El desafío del periodismo en un año electoral es el mismo desafío que tiene en un año no electoral, o en año de crisis económica, o en año de guerra, o en año de paz. El periodista o la periodista debería saber que no es un productor de verdades absolutas. Es un obrero de la información que sabe que recolecta en función de su mirada humana, subjetiva, que construye noticias tratando de comprender la complejidad de lo que observa y lo transmite de la manera más completa que en ese momento del día puede hacerlo. Su principal herramienta no es la pluma ni la cámara ni el teclado sino la serenidad. Y la buena fe.