El peligro del desborde de los incendios en los bosques

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Incendios forestales Bolivia

Durante los incendios de 2019 en los departamentos de Santa Cruz y el Beni en alrededor de 5 meses se quemaron 6.5 millones de hectáreas que estuvieron a punto de alcanzar reservas protegidas por su riqueza de biodiversidad, según un informe de la Fundación de Colombia Amigos por la Naturaleza.

Pese al dato serio hay una corriente en minimizar las cifras. En el espectáculo musical Respira organizado la noche del pasado domingo con alfombra verde incluida con la presencia de 100 destacados “famosos”, los telones de la producción insistían una y otra vez en apenas 2.5 millones el área afectada por los incendios.

En lo que va de este año el fuego no se detuvo ahí porque siguió devorando otra cantidad importante de bosque calculada en más de 1 millón de hectáreas. La cuantificación es lenta porque el fuego cuanto irradia sus ráfagas devora insospechadamente mucha cantidad de bosque que desgraciadamente por la mano del hombre se prepara a la voracidad de los agro-negocios.

El desastre que Bolivia está viviendo en esta materia puede ser comparada por la extensión de territorio a la que sufre Brasil. Las páginas de la respetada revista científica británica Nature estampó una novedad que impactó en Brasil y en el mundo respecto a la floresta amazónica.

Nature y un equipo del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe) brasileño mostraron que las emisiones de carbono fueron 10 veces mayores en áreas con más de 30% de deforestación en la Amazonia y que apenas el 18% de las emisiones por los incendios son absorbidas por la floresta resultando en un monto de más de 1 billón de toneladas de dióxido de carbono despejadas en la atmosfera por año.

Incendios Forestales

Adolfo Lino

2019: “Todo está quedando como un gran cementerio”

La presente nota fue publicada en la edición de dat0s de septiembre de 2019, hace exactamente dos años. Entonces miles de brigadistas, jóvenes sobre todo desafiando el peligro marcharon a la Chiquitania para contener el lastre que dejaba a su paso la intensidad del fuego.

(Santa Cruz 30 de agosto de 2019) El celular suena por segunda vez en menos de 10 minutos. Adolfo Lino repite la conversación que sostiene con un brigadista voluntario que se ha sumado a miles en la misma zona de los incendios. En el tercer piso de este departamento hay vituallas repartidas por el piso donadas por organizaciones para ayudar a aplacar los incendios. “El fuego se ha avivado”, dice Lino con una voz apesadumbrada desde el 6 de agosto pasado viven una tragedia. El Bosque Seco Chuquitano comenzó a arder porque a alguien se le ocurrió encender la primera llama que se está consumiendo el bosque y amenaza extenderse a reservas forestales.

Hasta ese día de agosto seco pero muy ventoso parecería que todos se habían puesto de acuerdo para que Santa Cruz siga anotando puntos en su desarrollo. El etanol era apenas una suave brisa en comparación con el fuego que se estaba devorando millones de hectáreas para dar paso al desarrollo ganadero y agroindustrial. Adolfo Lino en cambio venía preparando hace un par de años un documental con la enorme riqueza del bosque chiquitano sin percatarse de la tragedia.   

Tras colgar el celular Adolfo Lino, que es ingeniero ambientalista, sale abriéndose espacio entre los bultos de ayuda que ha llegado. Joanna, asistente, manipula una Lap Top. Santa Cruz es otra.

La agenda desarrollista de la que hablaban sus sectores empresariales antes de agosto ha sido borrada en estos días por el increíble efecto del fuego. Santa Cruz se ha levantado de un sueño para hundirse en una pesadilla. Adolfo suelta unos datos. Asegura que los incendios forestales que hasta ese día (viernes 30 de agosto) ya habían arrasado más de un millón de hectáreas del Bosque Chiquitano, han generado mucha desinformación e incertidumbre en la gente. Por eso decidió incorporar sus máquinas de fotografía y video que usa en su tarea ambientalista. “Hora, fecha y lugar en las cámaras antes de transmitir cualquier información”, para evitar confusión en las redes. Él asegura que hay mucha desinformación de lo que está pasando en Santa Cruz.

“La pesadilla recién está comenzando”, dice Adolfo, dejando caer su celular sobre el escritorio. “El fuego ha alcanzado Concepción, San Xavier, San Matías”. 

El Bosque Chiquitano, el mayor afectado por los incendios tiene una extensión de alrededor 40 millones de hectáreas y junto a la zona del Pantanal y el Gran Chaco, alberga alrededor del 36% de la extensión del departamento de Santa Cruz. En esa inmensidad de territorio se encuentran los parques nacionales Noel Kempff, San Matías, Kaa Iya, y Otuquis –declarados así por su riqueza en biodiversidad– dos parques departamentales: Silvestre Ríos Blanco y Negro y Santa Cruz la Vieja; y otros tantos de tuición municipal.

“Está quedando todo esto como un cementerio”, dice Adolfo. Asegura que el área del Bosque Chiquitano no comprende la selva Amazónica como dicen las noticias que se propagan como el fuego. “Se está perdiendo una batalla contra las columnas de fuego que amenazan destruir nuestros parques naturales y la riqueza de nuestra biodiversidad”.

Las llamadas a su celular no cesan. “El fuego ha tomado otras zonas”, le informan. El equipo de Adolfo Lino pretende dar claridad a las malas noticias que se han generado en la zona del desastre. Los víveres no llegan. Los activistas están nerviosos y extenuados. Las condiciones no son las adecuadas. La falta de mando no contribuye a detener la especulación. Su oficina tiene un singular parecido con otras que se han sumado a trabajar horas de impotencia mal dormidas para recolectar donaciones y ayuda.

Es un momento para repensar el progreso tan fijado en un objetivo poco claro con el que hasta ahora se alimentaba Santa Cruz con sus grandes megaproyectos en mano.

El Bosque Chiquitano, el mayor afectado por los incendios tiene una extensión de alrededor 40 millones de hectáreas y junto a la zona del Pantanal y el Gran Chaco, alberga alrededor del 36% de la extensión del departamento de Santa Cruz.