En dos años, 13 pilotos murieron en narcovuelos

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A las 2:18 del 25 de febrero del año pasado una mujer, que se identificó como Adelayda Baldeón, llegó a un hospital de Pucallpa (Perú) con un hombre joven maltrecho e inconsciente indicando, sin especificar, que había sufrido una caída. Mostró una cédula de identidad a nombre de Jaime Falcón Abad (28), peruano, procedente de Yuyapichis (departamento de Huánuco), pero la foto no coincidía con las características del paciente, que finalmente murió, según un informe de Inteligencia.

Luego se supo que se trataba de un piloto boliviano que se estrelló en una avioneta cerca de los valles cocaleros de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, conocida como Vraem, zona roja del narcotráfico en Perú. El piloto muerto en febrero de 2014 fue repatriado en el anonimato por sus familiares, que lo velaron y enterraron con honores en San Joaquín (Beni).

El 29 de marzo de 2014 murió abatido a tiros otro boliviano natural de Santa Ana, de 22 años, que en Perú tenía la identificación falsa de Julio Jiménez. Una nave, que ya había hecho seis viajes con droga del Vraem a Bolivia, fue interceptada con 300 kilos de cocaína por la Policía peruana en una pista clandestina, en la que falleció el joven, cuya misión era reabastecer de combustible la avioneta durante los interminables vuelos en la Amazonia, común entre los dos países.

El cuerpo del joven beniano fue cremado y sus restos trasladados a Santa Ana, previo trámite de su familia, que se resignó a llorar en silencio esa muerte.

Estas historias y otras han registrado la prensa y la Policía peruana entre 2012 y 2014, lapso en el que se han siniestrado o han sido derribadas por aviones militares cerca de 30 aeronaves con matrícula boliviana, con un saldo fatal de, al menos, 13 pilotos.

En territorios de Brasil (4), Paraguay (8) y Argentina (1) confiscaron 13 narconaves entre 2011 y 2013. En Bolivia, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico ha decomisado este año 37 aparatos vinculados al tráfico de droga.

Actividad sin control
Poblaciones como San Joaquín, Santa Ana y San Ramón tienen mucho tráfico aéreo que las autoridades consideran que está dedicado al acarreo de droga, desde Perú y que utiliza el corredor casi impenetrable de las regiones amazónicas del norte del Beni y del departamento de La Paz, donde hay escasa presencia del Estado y donde los narcos usan lugares estratégicos denominados ‘medias’ para reabastecerse de combustible, seguir camino al Vraem y emprender el largo retorno. Después de entregar la pasta base de cocaína en laboratorios ubicados en zonas bolivianas amazónicas, los pilotos transportan la mercancía de alta pureza a Brasil o a Paraguay.

Pocos quieren hablar de frente sobre el asunto; las autoridades que lo hicieron pidieron el anonimato o recomendaron tocar el problema con las autoridades de Gobierno. En Trinidad, solo el comandante de la Policía, Juan Baldivieso, se atrevió a decir que hay clanes familiares plenamente identificados dedicados al narcotráfico y que es necesario tener algún mecanismo de vigilancia en la región amazónica boliviana utilizada como puente aéreo del narcotráfico.
“La segunda semana de septiembre efectuamos una cumbre de seguridad ciudadana con autoridades, como Isabel Gallardo (directora de Ademaf), de la Gobernación y el alcalde de Magdalena, en la que se decidió sentar presencia del Estado en Buena Vista, población de unas 200 habitantes situada en la frontera con la ciudad brasileña de Costa Marques, donde se designó a dos policías para contrarrestar la inseguridad ciudadana, el contrabando y el narcotráfico”, dijo Baldivieso.
“Las naves parten del aeropuerto de Trinidad con planes de vuelos legales con pernocte en supuestas estancias tierra adentro, en las que los pilotos se relevan y vuelan a puntos desconocidos, sin que nadie los controle”, dijo un mayor que, en mayo del año pasado, participó en el decomiso de 1,6 toneladas de cocaína en la provincia Mamoré.

Los narcovuelos son favorecidos por la internación de naves desechadas en EEUU y la clonación de matrículas de aviones siniestrados .
Según la prensa, entre 2008 y 2014 se detectaron 124 avionetas con la matrícula duplicada, la mayoría implicada en narcotráfico. Entre ellas figura una con CP 2728 que ingresó a Bolivia por Guayaramerín el 30 de abril de 2013, con autorización de la Aeronáutica Civil (DGAC) N.º 185/13. El 8 de mayo desapareció en un vuelo entre el aeropuerto El Trompillo de Santa Cruz y Yacuiba; el 4 de junio de 2013 se estrelló en Perú y su joven piloto murió, siendo trasladado el cuerpo después a su natal Santa Ana.

El 11 de enero de 2014, la Felcn se incautó, en tres operativos, de cuatro naves susceptibles de haber sido utilizadas en el transporte de droga y, para sorpresa de los agentes, figuraba una con CP-2728, la misma matrícula de la que se estrelló en 2013 en Perú.

Muertes violentas
Los ajustes de cuentas han derivado en dos asesinatos en Santa Ana de Yacuma este año y todo hace presumir que están relacionados con el narcotráfico. El 24 de julio mataron en la plaza del pueblo a Raúl Souza Menacho y el 29 de agosto, en el lugar conocido como La Pascana, abatieron a tiros a Ciro Flores Cujuy, que fue sacado por la fuerza de su casa para eliminarlo. La madre del fallecido no sentó denuncia contra los autores y pidió a la Policía dejar de lado la investigación.
El año pasado, en la misma zona, dos ciudadanos peruanos fueron asesinados y enterrados en un camino. Nadie los reclamó y los victimadores continúan impunes

 

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