Guido Hinojoza. La contribución imaginativa de las finanzas en Bolivia

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Guido Hinojoza es el actual presidente del Grupo Fortaleza. Las dudas y frustraciones en el sector público lo animaron a responder los desafíos con enorme habilidad e imaginación en los emprendimientos privados. “Todo proyecto es inversión y si se va abajo uno es responsable de esa perdida”, dice. Supo identificar con precisión las oportunidades. “No tenía chances de pelear a los clientes de los grandes bancos así que identifique un segmento que requería prestamos de no más de 5.000 dólares”. A él se le debe atribuir el surgimiento de las microfinanzas en Bolivia; cuando ocupó durante 20 años la presidente del Banco La Paz, hasta que tuvo que dejar la institución por presiones de las autoridades del sistema financiero y por diferencias con sus familiares, socios del banco.

Responsable de la primera cartografía seria que tuvo Bolivia cuando fue Director de Estadísticas, lo que es hoy el Instituto Nacional de Estadísticas INE. En esa época diseño el primer estudio sobre el costo de vida que dio posterior origen a la canasta familiar diferenciada por sector para facilitar al Estado una proyección real sobre los índices del incremento salarial. “Estudie dos años cómo hacerlo porque el que había era de 1934″‘ afirma. Incomprendido por su revolucionario sistema que acabó en algún deposito del Ministerio de Hacienda, salió del sector público decepcionado y preguntándose a sí mismo si servía para algo.

Guido Hinojoza es un hombre de anécdotas increíbles. Cuando le encomendaron realizar el censo recorrió el país para organizar la elaboración de ese estudio. Estando en Santa Cruz, recordó una de las lecciones que había aprendido en la Universidad de Chile, donde estudio, sobre la teoría del espejo en el agua. “Las ondas circulares que expulsa un objeto al ser arrojado a las aguas quietas forman anillos con los que se planificó el crecimiento urbano de Santa Cruz”, recuerda. También a él se le deben atribuir los anillos y los radiales de la capital oriental.

Los pasos que tomó luego en su vida privada fueron los que siguen muchos profesionales desocupados. “Armé mi propia consultora”, dice, aún sin saber qué pasos daría en la actividad privada. No pasó mucho tiempo hasta sus cuñados lo invitaron a realizar un estudio de factibilidad para crear un banco. Hombre esmerado y con principios académicos sólidamente sustentados se metió de lleno a realizar el estudio. “Luego me enteré que la Unidad de Fiscalización que otorgaba por entonces licencias de operación para los bancos no requería estudios de factibilidad; los aprobaba a la simple presentación de un memorial. ´Este tipo está loco, pensaron de mí´.

Guido Hinojoza cuenta que habiendo sido el primero en realizar este tipo de estudio, los funcionarios del sistema demoraron ocho meses en otorgarle la licencia para el Banco La Paz. En ese mundo al revés, se levanta del sillón de cuero de la sala de su oficina; de palabra rápida, recita su contenido de memoria. “Era así de sencillo”, señala sin dejar de sonreír. Fue a partir de esa locura que el Estado comenzó a regular las autorizaciones para la creación de los bancos. Guido Hinojoza, bebe un sorbo de la taza de café que tiene al frente y sigue relatando anécdotas de sus experiencias en la actividad privada que lo han convertido con el correr de los años, en un referente del sistema financiero.

 

¿Permaneció 20 años al frente del Banco La Paz hasta que por diferencias con sus familiares declina seguir al frente? “Cometieron errores imperdonables como adjudicarse créditos vinculados que no pudieron pagar; acudieron a préstamos de Fortalecimiento Patrimonial para bancos en problemas a través de un programa del Banco Central de Bolivia y acabaron liquidando el banco”. Es entonces cuando el Banco Popular del Perú realiza una oferta de compra del 100 de las acciones del Banco La Paz. Como él se opone a esa operación, el presidente del BCB lo llama y le advierte de no hacerlo estaría poniendo en riesgo el sistema financiero y pasaría a la lista negra; que nunca más le permitirían volver a la banca. “Cedo por la presión y por mis hijos. Uno de los que ya había iniciado sus estudios”.

En la época que preside el Banco La Paz se da cuenta que era muy difícil competir con los otros bancos. Con empeño e innovación descubrió que podía convertirse en una institución de pequeños prestatarios y crea lo que él denominó entonces el plan 30/70. “El cliente ponía el 30 por ciento del capital y obtenía 70 por ciento de crédito; ese esquema resulto un éxito”. Sus opiniones comenzaron a ser consideradas en ASOFAN después de un aislamiento al que sería sometido en las reuniones de este ente. “Mis opiniones no eran consideradas”, dice recordando las reuniones del grupo asociado. Le fue tan bien que al poco tiempo decidió abrir una sucursal del Banco La Paz en El Alto.

“En los años ´70 había descubierto un nicho de mercado en la Bolsa de Valores y emprendí allí mi nueva proyección”, cuenta antes de entrar de lleno en el mercado de valores que a la larga acabó siendo un fuerte de sus actividades en el mundo de las finanzas. “Refloto la Bolsa de Valores que estaba a punto de la quiebra; me eligen su presidente. Recapitalizó las operaciones de bolsa y nuestras operaciones nos reportan siempre muy bien”, dice.

Paralelamente, incursiona en otros negocios. Se considera impulsor de la primera Sociedad Administradora de Fondos de Inversión SAFI. “Captábamos dinero de los participantes e invertíamos ese dinero a través de la Agencia de Bolsa en la Bolsa de Valores. Ganábamos muy buenas comisiones por administrar la plata de los participantes”. Todos estos logros los atribuye a su formación académica. Dice con orgullo que fue el primer presidente de un banco con título universitario.

Atribuye sus éxitos el haber “creado cuentas adecuadas para las necesidades del cliente. “Por ejemplo, dice, en lugar de que la gente deposite en un banco a plazo fijo ideamos el Fondo Liquidez donde podías retirar tu dinero; otro fue el Fondo Porvenir para incentivar el ahorro. Introducimos por primera vez en Bolivia a los Fondos de Inversión Cerrados para gente que invierte”. Cierra esta parte indicando que “la creatividad es algo muy importante en esta actividad”.

“En la actualidad el Grupo Fortaleza es propietario de 10 Fondos de Inversión Abiertos y cuatro de Fondos de Inversión Cerrados; somos uno de los más grandes en la actualidad”. Afirma que jamás perdió la visión del mercado. “Siempre trabajando con los pequeños; mientras esto pasaba nos busca la Cooperativa Finaciacop en quiera técnica que nos propone a cambio de capitalizarla y cambiar su responsabilidad social a Sociedad Anónima que se transforme en un banco. “Hoy en día ese es el origen de que tengamos nuevamente banco”, dice Guido Hinojoza.

Continuando su inquietud por el mundo de las finanzas desde un lugar de innovación muy particular, se volvió a encontrar con una nueva oportunidad. “Siempre pensé en el mercado asegurador; es así que un amigo cruceño que había formado su Cooperativa de Ahorro y Crédito que se llamaba La Merced, me llama y me pregunta ´si estaba de acuerdo en capitalizar la cooperativa´. Por entonces se había consolidado la nueva ley que entre otras cosas disponía que no se podían asociar cooperativas de seguros patrimoniales con cooperativas personales. Me proponen en términos parecidos a la operación con Financiacop para transformar la cooperativa en una Sociedad Anónima, a través de la cual compramos una Cooperativa de Seguros con oficinas en todo el país. Crecimos de un viaje a lo que hoy es la Compañía de Seguros del Grupo Fortaleza y hace dos años creamos la Compañía de Seguros DaVida también del Grupo Fortaleza”.

Entre sus anécdotas que nos mantuvo como dos horas escuchando sus experiencias, Guido Hinojoza cuenta que cuando obtuvo la licencia de creación del Banco La Paz, alquiló los ambientes de la planta baja de la Casa España, centro financiero de La Paz. “Allí hacía hasta de albañil”, comenta. Entre otros de sus experiencias dice que a poco de inaugurar el banco sus socios le dicen ´no hay inventor que no muera con su propio invento´ y le plantean hacerse cargo de la presidencia del banco. “Yo no era banquero; por entonces los grandes bancos pagaban muy bien a los especialistas. No tenía chance de competir con ellos pero me acordé que hay jubilados; mi primera contratación fue un expresidente del Banco Central de Bolivia”.

En su vida profesional reclutó el personal adecuado, rodeándose de personas de confianza. Y finalmente, como ocurre en varias áreas de la actividad tanto pública como privada, recuerda que durante las primeras semanas de funcionamiento del Banco La Paz fue víctima de los rumores infundados de que iría a quebrar.

“Lo que he hecho durante toda mi carrera además de ser presidente del grupo, ha sido participar en todas las decisiones de inversión y de las oportunidades que se han ido tomando”, afirma.

“Este periplo que le he comentado largamente me convierte sin querer queriendo en el Decano de la banca que no solamente conoce de banca, sino del mercado de capitales a través de la Bolsa de Valores, SAFI, Seguros y Leasing”, dice poco antes de despedirnos.

“Parece presuntuoso pero no hay un solo presidente que tenga experiencia en todos estos campos”.