Inquisición en la calle Comercio

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Resulta a veces ofensivo comentar una obra que de por si es ofensiva; que toca las fibras de una sociedad en la que prevalecen instituciones poderosas que son cuestionadas. En el caso particular el poder secular de la Iglesia Católica, que  no aceptaba opiniones contrarias y castigaba a quienes se oponían a su ley y consagración religiosa en nombre de un Dios Todopoderoso. En pleno siglo XXI -casi 600 años después- libros, películas y documentales, dan crédito a las atrocidades que involucran a representantes del clero.

El mural de la  9° versión del SIART colocó a Mujeres Creando por enésima vez en el ojo del huracán. Hazaña radical que escogió el frontispicio del Museo Nacional del Arte para su impacto social. El performance se realizó el pasado 11 de octubre en la calle Comercio, frente  a la catedral, y cerca al órgano gubernamental. Que mejor que las inmediaciones de la Plaza Murillo para suscitar un debate, por cuanto es la casa del poder, que conjuga dos instituciones cómplices desde la colonia: la Iglesia y la Política.

La bienal SIART ya había invitado a Mujeres Creando a participar en ocasiones anteriores. Propuesta que declinaba una y otra vez el colectivo desde 2007, por no comulgar con un evento “elitista”, “rosquero” y “poco propositivo”, según Galindo. Hasta que  este año aceptaron su incursión, a cambio de que la organización admitiese sus condiciones de trabajo; ya sea en el lobby de la Vicepresidencia o en el Museo Nacional del Arte.

Tras algunas discusiones con Joaquín Sanchez, el curador de la bienal, se les concedió el inmueble patrimonial de la calle Comercio. Por lo que sucesivas reuniones en La Virgen de los Deseos, entre María Galindo, Danitza Luna y Esther Argollo coordinaron el contenido de la obra. Finalmente, el director del Museo, José Bedoya, autorizó el mural, al justificar que el frontis es “un espacio plural para generar arte”. De modo tal que, el  ministerio de Culturas dio luz verde para que se llevase a cabo el proyecto de acción política.

Para estas especialistas en el arte de la provocación, el Estado y la Iglesia son dos instituciones influyentes. Mujeres Creando realizó así un manifiesto anarquista, en contra de estos dos poderes. “Traición a la patria” se denominó el sacrilegio a los altares del clero y la política, por ser las “instituciones patriarcales más arraigadas de la sociedad”, según María Galindo.

El graffiti fue acusado de herejía. Transeúntes se persignaron con pudor como si vieran en él la marca de la bestia. Madres tapaban los ojos a sus hijos. Adolescentes miraban con asco y vergüenza ajena la pared, como si se encontrasen en una clase escolar de anatomía y religión. No faltó quienes calificaron de mediocre la calidad del trabajo. Al igual que en el día de Pentecostes, el verbo divino descendió a la calle Comercio para hacer hablar a sus fieles en diversas lenguas contra Mujeres Creando.

Reacción que no tardaría en estallar como una supernova la noche siguiente, cuando cientos de católicos se congregaron en el pasaje peatonal para borrar con rodillos de pintura blanca las marcas impúdicas del mural, a prueba de oraciones, agua bendita y letanías exorcistas. Si la provocación es el don de Mujeres Creando, sin duda su mural logró destapar uno de los odios más antiguos: el de los creyentes ofendidos.

Al igual que la inquisición colonial del siglo XVII, los devotos de los Andes buscaron extirpar  prácticas sacrílegas que ponen a prueba sus principios patricios y beatos.  El temor a  las imágenes de la cultura boliviana cobró tanta fuerza como en los tiempos del Alto Perú, cuando se creía que el arte tenía el poder de apaciguar al demonio, o bien, de despertarlo.

El  ataque  del mural era hacia una iglesia que reprodujo el imaginario puro, blanco e inmaculado de la virgen María, en la educación sentimental de las mujeres bolivianas. De ahí que, en sustitución a la virtud pura, Mujeres Creando haya propuesto a la mujer rebelde, que transgrede los principios débiles del catequismo; una guerrera, dueña de su cuerpo y sus deseos.

María Galindo señaló en una entrevista que el mural serviría a los fieles bolivianos, para interpelar sus creencias. Motivo por el cual, el mural es también un espacio para cuestionar lo perjudicial que ha podido ser la imagen modelo de la madre de Cristo para la formación de mujeres sumisas, mártires y resignadas a la violencia de nuestra sociedad.

A continuación, señalaba el graffiti que la iglesia de la virgen  crucifica a miles de mujeres año tras año, y que Mujeres Creando las resucita. Así la iglesia es causante de la violencia de género. El aborto clandestino y el feminicidio serían dos consecuencias. Ante lo cual, el colectivo plantea un despertar consciente.

Que se logra con el pasar del tiempo

En la pintura se pedía entonces que Dios sea huérfano de madre, para que  la mujer se rebele de su condición servil  al patriarcado. En más de 20 años de trabajo, el colectivo pudo haber hecho tambalear un pensamiento arcaico.  Nadie niega las virtudes de trabajo social de Mujeres Creando, desde hace 25 años. Un esfuerzo consciente que ha brindado apoyo legal a mujeres de distintos estratos sociales, además de lograr una convocatoria a través de sus intervenciones callejeras y programas culturales en Radio Deseo. No obstante, una renuncia radical hacia la hipocresía