Lo malo y lo feo.

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Qué lecciones ha dejado el prolongado conflicto que vivió el país. Por qué la acumulación de la fuerza política del MAS sufre una notoria recaída.  Y por qué no le importa.

No hay evidencias ciertas de que el “proceso de cambio” siga su ascendente periodo de acumulación. El Movimiento Al Socialismo (MAS) parece iniciar un ciclo en el que las fuerzas de apoyo que sustentaron su fortaleza comienzan a debilitarse. Empero, el razonamiento no resulta tan simple. Hugo Moldiz, director del semanario La Época ligado al oficialismo, se refirió a la encuesta del Grupo Fides en la que un 75% de los paceños ya no apoya un nuevo mandato de Evo Morales. Sintiendo que el desgaste es menor que el resultado del sondeo, el periodista dijo en un programa de televisión que la encuesta se había realizado cuando el conflicto social se encontraba en su pico. Además, considerando que el resultado fuera cierto, dijo que 25% del electorado sigue apoyando al presidente Morales. Lo que aparentemente es positivo para los analistas del oficialismo. Ese grado de discusión mide hasta qué punto el MAS se negará a dejar el poder y hasta dónde peleará con todas sus fuerzas para evitar una derrota en las urnas, lo que de hecho ya no parece una posibilidad tan remota. En los dos anteriores procesos electorales el partido de Gobierno sumó más que todas las fuerzas políticas de la oposición juntas.

La acumulación de fuerzas de un partido, frente o agrupación política se mide por la eficacia del resultado que alcanza en los votos. En 198o el candidato de la Unidad Democrática y Popular (UDP) Hernán Siles Zuazo aglutinó en torno a su figura a organizaciones políticas de izquierda para derrotar a la derecha que se había aglutinado en torno a militares golpistas. Pero su Gobierno se convirtió en una sucesión de errores que lo obligaron a dejar la presidencia sin haber terminado su periodo constitucional. La Unidad Democrática y Popular UDP como se denominó el frente encabezado por Siles Zuazo resquebrajó su unidad por la avalancha de demandas de sus propias organizaciones, soportó un proceso récord de hiperinflación y acabó sin fuerzas y dividido. Muchos analistas comparan ese periodo con la situación que ha comenzado a vivirse en el país. Muchas de las organizaciones sociales le han restado apoyo. Pero lo cierto es que ninguna crisis cala hondo cuando la economía vive un auge inédito como hoy. Los depósitos en el sistema bancario son imparables, la bolivianización de la moneda es un fenómeno que no tiene parangón y aunque el discurso político opere continuos sobresaltos forma parte de una estrategia que no se preocupa con el enemigo que tiene al frente. La presente administración no mide su deterioro por las encuestas aunque le molesten. No le importa destinar un presupuesto del 0.5% para la salud y la educación o que haya multiplicado la presencia de mendigos en las calles, lo que sigue siendo importante es convivir en buenas relaciones con otro tipo de fantasmas: de los que la gente comenta en cada esquina.