Presencia china en Bolivia

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La República Popular de China es la que mayores beneficios obtiene de su relación comercial con Bolivia. En una pasada entrevista con el embajador Liang Yu, adelantó que las grandes corporaciones de su país han desarrollado tecnología de punta para convertirse en las más cotizadas del planeta. Según sus cálculos conservadores, China disputará la supremacía del comercio mundial de aquí a 20 años. Esas palabras de alguna manera parecerían sinceras. De la misma manera expuso con satisfacción la cada vez más amplia presencia de empresas estatales de China en Bolivia. Apuntó que su país es el principal socio comercial de Bolivia. Citó como inversiones privadas a las transnacionales Huawei y TGZ que han conseguido contratos en Bolivia para tender la red de transmisión satelital, además de los elogios que el mismo embajador gestó en esa misma entrevista al Satélite Tupac Katari, que se ha ganado críticas por su elevado precio y, según reportan las estadísticas, por sus limitaciones reconocidas por el propio Gobierno.

La República Popular de China se ha convertido en un factor de influencia planetaria por su crecimiento tecnológico.

Sin embargo, su presencia en Bolivia hasta ahora no tiene carácter de progreso, más bien se advierten insuficiencias de orden estructural que han cimentado duras críticas de organizaciones y ciudadanos independientes que cuestionan la falta de apoyo al desarrollo nacional.

Se dice que China debería acompañar algunas reglas de compromiso con la responsabilidad de sus empresas.

Hace pocos meses, si bien hay casos que parecerían aislados, se ha denunciado una seguidilla de hechos que apuntan a ciudadanos chinos en la depredación de la fauna y la flora; además de la construcción de tramos carreteros sin autorización del Gobierno boliviano. La última tiene que ver con la denuncia de cuatro guardias forestales del Parque Madidi en el intento de frenar la inescrupulosa presencia china para explotar oro en esa reserva natural. La presencia de empresas de ese país está en la mira de varias  organizaciones ambientalistas y de derechos humanos que se han estado quejando por el alcance de acciones ilegales que estarían cometiendo en Bolivia. Así, también, se ha conocido recientemente un informe del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) que demuestra un absoluto desequilibrio en el comercio entre los dos países. De acuerdo a ese balance el comercio exterior con China fue deficitario para Bolivia, entre el 2006 y 2017. En ese período exportó a China materias primas por US$ 3.317  millones pero compró casi cuatro veces más, es decir US$ 13.000 millones. El déficit comercial acumulado con la nación asiática alcanzó US$ 9.678 millones.

Las ventas externas al país asiático están concentradas en minerales en bruto, mientras en que las compras están diversificadas, destacando sobre todo maquinaria. Si bien son importaciones de vehículos, camiones, maquinaria pesada y hasta motocicletas, ninguna de ellas toma en cuenta la necesidad de que Bolivia desarrolle su propia industria. Una dependencia que no aparece en los informes de la economía nacional que nos mantiene en una posición muy alejada de la industrialización a la que debería apuntar el país para romper la dependencia abismal con las potencias mundiales