Baños públicos, dictadores y justicia

Por Zana Petkovic
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Pase mucho tiempo investigando el poder y las formas con las que la política se pervierte cuando está en manos de “los chicos malos”. Me fascina la similitud de los regímenes dictatoriales y como se parecen entre sí, aunque los países en los que están gobernando son muy diferentes. Los líderes dictatoriales tienen las mismas formas de vestir; libre de imaginación y creatividad como si vistiéndose de forma tan aburrida quisieran demostrar que ellos están tan preocupados por los problemas mundiales que no piensan en su Outlook. La manera de hablar  de los dictadores coincide,  sus amenazas son idénticas. Sin importar las épocas históricas en las que fueron engendrados, los dictadores levantan el puño en alto y su mirada está dirigida allá, hacia algún lugar en el horizonte, insensible y fría para cualquier necesidad de su pueblo. Pocas cosas cambian y no hay nada nuevo bajo el cielo. Tantos estudios, programas de televisión, debates, discusiones, expertos en sociología y gurúes de bienestar y nada. Los dictadores siguen dictando el destino.

Además de investigar a los dictadores y su comportamiento gasté un buen número de horas para estudiar ciertas palabras. Hay muchas palabras bellas cuyo uso frecuente hasta inútil me provoca impotencia y a veces rabia. Por ejemplo la palabra: justicia.

¿Habrá algo más lindo y más importante que justicia en este planeta? Desde los primeros libros de cuentos de hadas, el mensaje más importante transmitido a los niños es el mensaje de justicia. Los malos pierden y los buenos ganan al terminar la historia. Al final de todas las películas y de todos los libros, de una u otra forma, la maldad pierde y el justo triunfa. Más tarde en la vida resulta que los cuentos de hadas se quedan en el olvido y la palabra justicia sufre trastornos.

Una de las prácticas que hacen los que estudian las teorías del conflicto es la siguiente: a los miembros del grupo se les explica que  cada uno de los  cuatro rincones de la habitación simbolizan un significado: justicia, compasión, verdad y amor. Cada uno se debe decidir por un rincón para entonces describir como salvarían el mundo de acuerdo al símbolo que han elegido. Una vez participé de este ejercicio y elegí el rincón de la compasión. Pensé que la justicia y la verdad eran demasiado abstractas como para elegirlas. Subjetivos también. Lo que es justicia para uno, para otro es tremenda injusticia. Cada día nos enfrentamos a ese absurdo.

En cuanto a la verdad, ahí sí que hay dificultades. Pues del otro lado de la verdad no necesariamente esta la mentira, es más al otro extremo se puede encontrar una verdad diferente y sin embargo seguir siendo verdad. Por eso, creo que la justicia y la verdad no sirven para la salvación del mundo.

En cuanto el amor, todo es relativo. ¿Amor de qué, de quién, por quién y para qué? Si el amor fuera tan benigna no existiría la frase: amores que matan. Tantas muertes en nombre del amor nos demuestran que el amor no es ni pacífico ni digno, de manera que tampoco sirve para salvar el mundo. Nos queda la compasión.

Para ser compasivo uno no necesita ser ni justo ni hablar la verdad ni ser libre ni tener nada de todos estos rimbombantes títulos. Para ser compasivo uno ni siquiera necesita tener una ONG, ni apoyo del Gobierno, ni asesores, ni logística, ni grandes capitales. Para ser compasivo uno necesita un corazón limpio. Sigo pensando que si todos fuéramos compasivos podríamos salvar el mundo. De todas maneras ni de compasión hay que hablar demasiado, pues a alguien se le podría ocurrir incluirla dentro de una ley y ahí sí que la estaríamos perdiendo para siempre.

También y muy cuidadosamente investigué el comportamiento de las mujeres en los baños públicos. Digo cuidadosamente pues no vaya ser que algún psicoterapeuta me catalogue de esquizofrénica o trastornada sexual. Pues hay países donde los baños públicos son más limpios que las cocinas en otros países. Reconozco siempre a las mujeres alemanas porque ellas después de lavar las manos en un baño público limpian el agua excedente con un pedazo de papel. Sera por eso que su país es una de las potencias económicas más fuertes del mundo. Es decir, el bien común es mi preocupación y  el respeto por el prójimo es mi prioridad.

En relación a todo lo escrito arriba, especialmente en relación al comportamiento de los dictadores, compasión, baños públicos y justicia, recuerdo un aforismo; hagan algo por sus pies. Lávenlos, o al menos cambien de medias de vez en cuando.