Desde la República: La mirada puesta en el mar

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La naturaleza de la controversia con Chile, tanto en el plano diplomático como legal, ha pasado a constituirse en el hilo conductor que ha permitido esbozar una  auténtica Política de Estado. Es difícil y hasta extraño hablar de ellas en un país donde muchas cosas se las han hecho (en el pasado) y se las hacen al calor de la improvisación, del discurso de plazuela y de intereses de orden partidario. Muy pocas, por lógica consecuencia, responden a estrategias que estén sujetas a una visión nacional donde la planificación y el consenso hacen la diferencia. Prima la óptica hegemónica de quienes ejercen el poder en desmedro de ideales nacionales que no siguen una hoja de ruta a lo largo del tiempo y sí, más bien, se acomodan a la mirada de corto plazo.

La buena noticia es que contrariamente a lo que generalmente sucede, la contienda con Chile entablada no sólo en el terreno de la diplomacia sino en ámbitos de la justicia del Derecho Internacional Público, ha servido para clarificar algo que los gobernantes de turno no quieren entender: la única forma de construir país en términos de viabilidad, sostenimiento y unidad, pasa por edificar políticas comunes, proyectadas a mediano y largo plazo, con el concurso de partidos de oposición y sociedad civil, y sin la mala costumbre de buscar empoderamientos, hegemonías raciales e imposiciones. Esa mirada y esa conducta la ha asumido Chile de antaño, sino, reparen en las últimas declaraciones de Insulsa respecto a desentenderse de puntos de vista que habría exteriorizado a Evo cuando era Secretaria General de la OEA apoyando un acceso soberano al Pacífico.

Hoy su rol es diferente, por lo que en ese marco, verdaderas y auténticas Políticas de Estado requieren condimentos prístinos por ponerlo en palabras poéticas, y no basarse en lógicas partidistas, sectarias y unilaterales.  Si aprendemos a mirar el país bajo parámetros diferentes a los que la política tradicional nos ha conducido, probablemente no sólo temas como el mar merecerán la contundencia que estamos observando en términos de unidad, gestión, compromiso y participación, sino también podremos diseñar un desarrollo consensuado creando políticas nacionales en los ámbitos de la salud (cuyo presupuesto es menor al 10%), educación, gas y su industrialización; la exploración y explotación de recursos naturales y la preservación del medio ambiente;  seguridad ciudadana, la protección efectiva y material de sectores con alta vulnerabilidad social, etc.

No me equivoco al señalar que uno de los aciertos más relevantes del Gobierno ha sido la manera cómo ha encarado la problemática del enclaustramiento marítimo tanto en el campo internacional como nacional. Enfocar el problema involucrando a todos los actores del quehacer nacional, con la incorporación al equipo del mar de tres ex presidentes -dato no menor si miramos las diferencias políticas existentes- muestra que sí es posible avanzar cuando se elaboran agendas coherentes y viables, y no cuando se siguen senderos partidarios en desmedro del consenso nacional.

En todo caso, la capacidad para estructurar Políticas de Estado  depende y mucho, de entender que esa es la senda a seguir, y no la que generalmente prima con la imposición de ideas y de visiones unipartidistas y sectarias. Por tanto, mas allá de lo que vaya a ocurrir en La Haya en términos de la declaratoria o no de competencia del Tribunal y de la decisión que puedan tomar en los momentos procesales disponiendo o no, que Chile se siente a negociar sobre la base de permitir un acceso soberano al mar a la luz de ofertas y compromisos pasados, ya hemos ganado  como país al demostrarnos que en consenso, con racionalidad y madurez, es posible crear. Y es simple, solamente creando con imaginación, voluntad y en consenso, se puede avanzar. Lo otro, es más de lo mismo.