Las galletas del líder 2

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Desde el norte llega la información de que un grupo de científicos de Berkeley lograron un experimento muy interesante. En el departamento de Psicología observaron un grupo elegido de líderes, a tres de ellos los juntaron en una sala para que demuestren sus habilidades con complicadas tareas de índole ético y moral. Los investigadores de Berkeley pusieron un platillo con cuatro galletas sobre la mesa para tres líderes y los dejaron solos. Lo increíble es que todos los grupos reaccionaron de la misma manera: primero cada uno de los tres tomó para sí una galleta. En un tiempo muy corto, casi de inmediato el estudiante que fue denominado líder entre los tres del grupo, tomó la cuarta galleta y se la comió sin titubear disfrutando hasta comer la última migaja. Sin preguntar a nadie, sin ofrecer a nadie se comió todo en silencio y muy autosuficiente.

Para hacer corta la historia: los investigadores demostraron que la frase célebre de la constitución norteamericana escrita por Tomas Jefferson “todos los hombres nacieron iguales” es falsa. Los investigadores confirman su teoría ya que no todos nacemos iguales; que algunos son líderes por naturaleza y que existe una jerarquía dentro de la sociedad que define al hombre grande y al grupo de personas que son elegidos para acompañar a este hombre en su tarea de gobernar.

Estos son los que pasaron en el colegio con el líder y por ese hecho pueden tener privilegios. Ellos simplemente dicen: “yo fui su amigo” y eso les basta para sobresalir en el medio. El sistema jerárquico ayuda en el proceso de toma de decisiones. La superioridad de líder facilita y simplifica la toma de decisiones diarias en medio del grupo. No se necesita perder tiempo para consultar al resto y definir algo importante. Por ejemplo: dónde encontrar comida o de dónde traer un buen plomero. Si el líder tiene la respuesta todo el grupo llegará a tomar decisiones fácilmente y de manera correcta.

Sin embargo, si el líder tiene ciertas ilusiones sobre algunos temas la toma de decisiones se complicará significativamente. Desde la perspectiva de los investigadores de Berkeley, el cuento de la cuarta galleta es una historia en la creencia de una idea sobre igualdad básica y oportunismo positivo. Es decir, se trata de pura suerte que define quién está arriba y quién abajo.

Volviendo a la frase de Jefferson y la idea de que todos nacemos iguales; todos comenzamos iguales y después, por factores culturales algunos terminan como esclavos y otros como dueños de esos esclavos. El hombre que casualmente se terminó la cuarta galleta sólo confirma la investigación. No existe ninguna hipocresía en el hecho de que Jefferson, autor de la declaración, era dueño de esclavos. Sally Hamings -según los historiadores- gran amor de Jefferson, con la que tuvo muy posiblemente hijos, era una esclava negra de su hacienda y fue regalo para el joven amo cuando este se casó con su mujer blanca.

Los autores del experimento con las galletas son norteamericanos, los analistas más dedicados de este experimento, británicos. Unos eligieron para su líder al hijo de un keniano y la eterna estudiante francesa; otros eligieron al directo heredero de William IV. Cada sociedad sigue sus patrones tradicionales y los respeta. Los británicos respetaron la jerarquía, los norteamericanos su utopía a la igualdad, nosotros no sabemos según qué idea lo hicimos.

El despertar les llegó a todos: ninguno de los elegidos tuvo la capacidad de resolver ninguno de los problemas actuales. ¿Si los grandes no lo acertaron qué podemos hacer nosotros los pequeños y menos importantes para no repetir las terribles experiencias del pasado? ¿Habrá algún sentido en reconstruir de nuevo la pirámide jerárquica que se ha desplomado tantas veces? O simplemente invitaremos de a tres en diferentes habitaciones, les pondremos cuatro galletas sobre la mesa y a ver qué pasa.

A los políticos ya nadie les cree. Los policías son corruptos, los ricos insensibles, los intelectuales marginados, los artistas mueren de hambre y el sistema de valores se ha roto en mil pedazos. ¿Quién salvará a los pueblos de la miseria? Quien más sino un caudillo; un Duce, un pintor de brocha gorda o un líder para utilizar la palabra en inglés que se ha domesticado en todo el planeta.

 

 

 

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