Mirada Profunda: Un paseo ordinario

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Tengo una hora en la mañana y una hora en la tarde para pasear. Incluye compras en la tienda de abarrotes y farmacia en la esquina. Hoy está en la lista diclofenac duo, para el dolor y vitamina D para levantar las defensas. Parece una guerra. Es una pelea fuerte de todas maneras. Dos posibles escenarios: entregarse y soñar con un lugar mejor o luchar por seguir caminando por las calles de este mundo.

Una mujer busca algo de valor en el contenedor que está ubicado en la esquina, frente a la farmacia. Todos los que habitamos en el pequeño edificio de ladrillo rojo y una que otra maseta con flores; pasatiempo de los más valientes. El carnicero de uno de los locales del edificio objeta que las gotas de agua de las masetas ensucia su ventana bastante limpia por cierto. La mujer busca algo de valor en el contenedor verde con letras blancas: apoye al reciclaje y el escudo de la alcaldía. La mujer no está interesada en reciclar. Ella busca algo de valor. Alguien dejó colgada una bolsa de plástico con la publicidad de la tienda de abarrotes de la esquina llena de pan. La mujer, al parecer, no está interesada en pan viejo. Tal vez ya lo tiene.

Todo queda en una cuadra. Carnicería, farmacia, tienda de abarrotes, contenedor. La señora de la farmacia pregunta por la salud de mi madre. Está bien, va a mejorar, le contesto casi sin pensar. Qué podemos hacer, la vejez nos espera  a todos, sigue la señora de la farmacia.

Una vez más me asegura de que puedo pedir lo que sea y sin receta, ella entiende; dice, que yo vengo por temporadas a cuidar de mi madre y que no vivo en la ciudad. Ya ni sé dónde vivo, le contesto sonriendo. Me gusta la señora de la farmacia, tiene una mirada bondadosa, irradia cariño. Siento alivio. Parecería que no estoy del todo sola. Salgo de la farmacia y como de costumbre me dirijo hacia la derecha, a la tienda de abarrotes. Casi se me escapa un saludo. El administrador del edificio, quien también vive en uno de los departamentos en el cuarto piso. Del lado de los más grandes y una terraza con vista a la montana más grande de la zona. Fruska Gora, en sus bosques habitan 30 monasterios ortodoxos, por eso le dicen La Tierra Santa.

El administrador, evitó escribir su nombre, es algo difícil de pronunciar, me pregunta por la salud de mi madre. Le contesto. Linda edad, comenta él. Su hijo murió a los quince. Hablamos del clima. Me llama si puedo ayudar, me dice mientras se aleja. El también tiene su hora de paseo diario.

En la tienda observo los periódicos. 17 primaveras desde que las fuerzas de la OTAN bombardearon Serbia. Hoy se recuerdan a las victimas colaterales: colegios, niños, hospitales. En Bélgica los terroristas de nuevo en ataque. El mundo está en pánico. El miedo no deja ver bien. Elijo la portada con la pareja real de Gran Bretaña. Prince Charles y Camila saboreando Serbia ortodoxa. Visitaron monasterios, recordaron la historia y comieron nuestra comida.

Salgo y me dejo acariciar con suaves rayos del tímido sol de los primeros días de primavera. Hay flores en la calle. Llené nuestra terraza con macetas de flores. Mi madre solía ocuparse de su jardín de frutas y flores de su casa de la costa en Montenegro. Eran otros tiempos esos, me dice cuando comienzo a recordar. No quiero hablar ya de eso. Nuestra conversación se limita a pocas palabras.

Dolor, oraciones, vergüenza de una madre que necesita ser atendida. Amor entre las dos.  La entrada de edificio es limpia y ordenada. Subo y bajo a pie. No uso elevador. Me parece que hago algo de ejercicio. Las noches no siempre son estrelladas. Llueve mucho hay inundaciones. Mi conexión a internet siempre funciona bien. Mi contacto con los que quiero. Mis conversaciones son limitadas. Estoy en guerra. Entre la vida y la muerte. El planeta entero parece estar en eso. Tengo media hora más. Podría tomar un expreso en el café Picasso que también está en los bajos de edificio. Recuerdo las recomendaciones para comprar el departamento justo en este lugar. En una cuadra uno tiene todo lo necesario para vivir. Para gente de avanzada edad, me dijo el corredor de inmuebles, es ideal. Acepto, le dije y acá estoy.

Horas divididas entre lo necesario para vivir. Según las circunstancias nuestra lista de prioridades va cambiando. Poder tomar un buen expreso, leer dos páginas sobre un reportaje, recibir calor del sol por la ventana; la voz de Adele y su…when we where young…Lo de la frase célebre: la felicidad esta en las pequeñas cosas, de pronto se convierte en algo palpable.