Qué tienen en común gerentes y asistentes (personales)

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¿Tiene cerebro?, pregunta una dama engreída al carnicero.

– Tengo, ¿usted?-. Contesta este.

La risa explota como una ola gigantesca dentro de la carnicería, es sábado en la mañana. Este viejo chiste siempre cae bien en un día gris y frio en un mundo donde los chistes ya no se cuentan. Se viven.

– Medio kilo de cerebro para la dama, grita el carnicero.

Una mujer que se transforma para lograr un aspecto físico que se llama belleza artificial sale a hablar en público. Ella es, claro, un ejemplo que toda persona que parece un chiste puede lograr para ser privilegiada. Además, puede tener la oportunidad de demostrar en público que ignorancia y estupidez son cosas de prestigio.

 

Esta clase de mujeres han prosperado velozmente en la era de los hombres que aman a los asistentes personales cuyo trabajo es repetir cien veces al día: “tú eres genial”, “tú eres el mejor”, “tú eres lo máximo”. Por cumplir esta labor están muy bien pagados. Las rubias artificiales también. Las cantantes no necesariamente tienen que saber cantar, las gerentes no necesariamente tienen que saber gerentar y las abogadas no necesariamente deben saber de leyes. Los políticos, poco o nada tienen que saber de política con tal que sepan bailar, cantar y/o enamorar una cantante o a una gerente de esas.

La gerente, rubia artificial, supo algo de matemática aquel día cuando quiso expresar su amor por su primer chico. Tuvo que grabar entre dos nombres. El de ella y el de aquel muchacho. Signo de restar, -aprendió cuando dejó al sujeto. Y así fue como la rubia aprendió algo de sumar y restar que más adelante le sirvió harto en su trabajo de gerente. Lo de abogada fue improvisación para gritar a voz en cuello justicia y dignidad en un discurso que no tuvo lugar. Aunque, pensándolo bien, este discurso en público tuvo algo de bueno: puso en la mesa la pregunta sobre la necesidad de abrir un refugio para los políticos que por su debilidad hacia las rubias artificiales son menospreciados. Dios nos libre, hasta podrían ser físicamente agredidos.

La gerente y abogada rubia artificial insistió en su aparición pública; que ella es una mujer altamente profesional. Sin duda ninguna solo alguien altamente profesional puede lograr semejante avance en el enriquecimiento personal en tan poco tiempo. Lo que no quedó claro es de qué profesión se trata en este caso. Pero eso no es algo importante en estos tiempos ya que lo de profesión y los profesionales se han convertido en una gran confusión.

Umberto Eco, ahora ya difunto, en uno de sus últimos artículos comentó que uno de los grandes males de nuestra época es que las universidades bajaron las exigencias de tal manera que ahora realmente con poco esfuerzo y mediocre conocimiento uno llega a ser profesional. Tal vez podría ser la respuesta del por qué las rubias y de los asistentes y de otros. ¡Y ella amenazó con enjuiciar a todos! ¡O témpora o mores!  Hasta Cicerón estaría confundido con ellas.

Pensando en rubias llegó mi turno. Perdí las ganas de comprar carne.

– Hoy nada, dije. Otro día regreso.

Sobre la pared de la carnicería había un par de manchas de sangre. Algo como un presagio de muerte, silenciosa y paciente. Buscando sus cinco minutos.

Y llegó un par de días después.