Cae el último ícono del poder del expresidente Banzer

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A 15 años de su muerte, su partido trata de recuperar su personería jurídica.  La mayor parte de su familia vive fuera del país y la que se quedó está enjuiciada. Es el tercer hombre que más tiempo ha pasado en el sillón presidencial y su legado está casi disuelto

María del Carmen Arias leyó con tristeza la noticia de que la casa del general había desaparecido. “En ese lugar se escribió parte de la historia de Bolivia. Al general le gustaba reunirnos ahí para analizar la situación del país y tomar decisiones”, dice la exdiputada de Acción Democrática Nacionalista, aún con pesar. Ahora, solo quedan las costillas de lo que fue una casona de estancia enclavada en el otrora barrio más exclusivo de la ciudad. Estaba en altura, protegida de los mirones y de los desbordes del río Piraí, que solía besar sus bases cada vez que se aburría de correr siempre por el mismo cauce.

Allí, el general Hugo Banzer Suárez pasó sus últimas horas antes de capitular contra un cáncer que comenzó en los pulmones, se extendió a su hígado y luego le tomó el cerebro. Allí murió, el 5 de mayo de 2002, antes de que feneciera su periodo como presidente constitucional de la República. Allí se convirtió en la segunda persona que más tiempo había gobernado Bolivia (luego Evo Morales lo relegaría al bronce del podio) y allí se ha diluido lentamente un legado que hoy, 15 años después, encuentra a su partido, la ADN, peleando en los tribunales para seguir existiendo y a su familia desperdigada por el mundo. Su única hija que se quedó en Bolivia, Erika Banzer Prada, tiene una acusación formal en su contra y, junto a su esposo, esperan un juicio oral, acusados de haber provocado daño al Estado por $us 7 millones.

La de al frente del hotel Los Tajibos fue la casa del Banzer de la democracia. Antes vivía en la calle Libertad, entre primer y segundo anillo, donde hoy se alza la clínica Kamiya. Ahí sufrió un atentado en su época de dictador (21 de agosto de 1971-21 de julio de 1978). Jorge Landívar, que fuera su ministro de Información y que hoy ocupa un cargo similar en la Alcaldía cruceña, explica que Banzer compró la casona a Guillermo Gutiérrez Vea Murguía, un político, diplomático y empresario paceño, contemporáneo de Banzer.

No hay una fecha precisa, pero calculan que cuando el general habitó la casona ya era demócrata. Fue en 1992. Para ese entonces la ADN tenía más de 10 años, había ganado la elección de 1985, cedido sus pretensiones presidencialistas para que Víctor Paz Estenssoro tuviera un Gobierno fuerte y hecho presidente a Jaime Paz Zamora, pese a que había quedado tercero en las elecciones de 1989.

Banzer perdió por amplio margen las elecciones del 1993 con Gonzalo Sánchez de Lozada, pero ganó “por penales” la de 1997 y volvió al poder. Fue el único dictador latinoamericano que logró ser elegido en las urnas como presidente.

Fue en Palacio Quemado que su salud y su poder comenzaron a declinar. Tuvieron que instalar un ascensor para que pudiera llegar a su oficina y un dormitorio para que descansara hoy es utilizado por Evo Morales. El actual presidente también usa la gestión de Banzer para poner un ejemplo de lo mal que se puede llevar un mandatario con su vicepresidente. Con Jorge Quiroga construyeron una relación tirante. Cuando la enfermedad lo obligó a internarse en un hospital militar de Washington, las crónicas de la época aseguran que se quedaron al mando los ‘dinosaurios’, políticos de mayor edad que habían hecho su carrera al lado del general que no congeniaban con Quiroga. Cuando Banzer tuvo que renunciar, Tuto los barrió a todos y gobernó con un gabinete de tecnócratas y adenistas más jóvenes. “Tuto marcó el final de una clase política. No gobernó con gente de ADN, sino con su gente, fue el heredero que no quiso recibir la antorcha y jugó más por su proyecto personal que por el partido”, explica ahora Freddy Terrazas, jefe nacional de ADN.

Para Landívar, que renunció en 2001 cuando Quiroga asumió la presidencia, el partido perdió el rumbo cuando murió su líder. “Tuto quiso instaurar el tutismo y fracasó”, cuenta.

El politólogo Luis Andia cree que la muerte de Banzer marca el final de una generación de políticos a la que pertenecen Paz Estenssoro, Paz Zamora y Sánchez de Lozada, que era más joven y acabó administrando los últimos coletazos de la democracia pactada. Cree que la declinación de su poder fue, además de histórica, biológica. Se hicieron viejos y como sus proyectos eran caudillistas, sus partidos nunca pudieron recuperarse de su ausencia. 

Hoy, ADN lucha por renacer. Terrazas cuenta que en octubre ganaron un amparo constitucional que obliga al Tribunal Supremo Electoral a devolverle su personería jurídica y habilitarlo para la contienda electoral, pero aún no han recibido respuesta.

La familia
Yolanda Prada de Banzer, la esposa del general, le sobrevivió 13 años. Murió en 2015, pero su tranquilidad se acabó en 2007, un año después de la llegada al poder de Evo Morales. Nardy Suxo, ministra de Transparencia y Lucha contra la Corrupción de ese entonces, puso atención a los negocios de los Banzer Prada y, en 2009, presentó una querella que estimaba en $us 20 millones los bienes a demostrar de la familia. Una indagación de la Unidad de Investigaciones Financieras encontró movimientos sospechosos de Prada, de su hija Erika y de su yerno, Fernando Suárez. Poco antes de su muerte, Prada fue apartada del caso por razones de salud y su hija y su yerno recibieron medidas sustitutivas con una fianza de Bs 1 millón. En agosto del año pasado, la acusación formal fue presentada en contra de ambos, que hasta el día de hoy no van a juicio oral, pero todos los viernes se acercan a la Fiscalía a firmar el libro para demostrar que no han fugado del país.

Así, el poder de Banzer se comenzó a diluir antes de que muriera, pero su legado también. En el Museo Misional de Concepción hay un rincón que recuerda que nació en ese pueblo y llegó a la presidencia. Algunos de sus correligionarios, al ver la ‘osamenta’ de la casona, se preguntaron por qué el Estado no la compró para construir un museo, ya que le había dedicado uno más grande al actual presidente. Arias asegura que la casa era grande pero no ostentosa, que estaba decorada con rudimentos de caballería, que el Museo con los logros y condecoraciones del general estaban en el Colegio Militar de La Paz, pero no está segura de qué habrá sido de la suerte de esas cosas tras la llegada al poder del MAS, un partido de izquierda.

“No ha debido hacer cosas muy grandes para que haya sido olvidado tan pronto”, dice el politólogo Carlos
Toranzo. Cuando se le recuerda que Santa Cruz despegó con Banzer, aclara que el desarrollo cruceño le debe más al plan Bohan que las obras de Banzer, que sí favoreció a los agroindustriales, “como este Gobierno”, apostilla.

El jueves fue 23 de marzo, aniversario de creación de ADN. Arias cuenta que se reunieron en la sede del partido de la calle Republiquetas y desde allí marcharon hacia la plaza 24 de Septiembre. “Había jóvenes militantes, ellos son el futuro del partido”, dice esperanzada. Tal vez también ellos rescaten la memoria de Banzer, que se disuelve con rapidez

La casona se convertirá en un complejo empresarial
Una retroexcavadora descansaba entre los escombros de una casa donde se gobernó el país y afuera un letrero anunciaba que allí se construirá un exhibidor de Crown, una concesionaria de vehículos que depende de Toyosa. La familia Saavedra, propietaria de la representante de la marca japonesa en Bolivia, anunció que en los próximos días desvelarían los montos de su inversión, pero aclararon que allí se construirá un complejo empresarial.
Los ejecutivos de Toyosa explican que no solo compraron la mansión Banzer, sino que también adquirieron un lote aledaño para tener el área suficiente para su proyecto. 
Solo la casa Banzer tenía un terreno de unos 1.700 metros cuadrados. Gente ligada a los negocios inmobiliarios aseguran que esa esquina tiene un valor de al menos $us 2.000 por metro cuadrado. Tasaron la propiedad en $us 3,5 millones, justo la mitad de lo que el Estado pretende recuperar en el juicio contra Érika Banzer.