José Manuel Canelas: “Más que reconstruir Bolivia había que pensar todo el armado”

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Un diálogo con el encargado de la comunicación del Gobierno del MAS. Cómo valora lo avanzado y cómo se trabaja para encausar el país al siguiente quinquenio si Evo es reelecto a la presidencia. (Segunda parte)

¿Qué representa Evo Morales en el plano internacional?

Un referente. Un fenómeno poco usual, seguramente, pero que despierta expectativas en importantes actores internacionales. Los ojos del mundo han estado sobre nosotros más de una vez y no precisamente para criticar o condenar el posicionamiento ideológico de su Gobierno; sino para escuchar propuestas alternativas en cuestiones de la agenda internacional. El liderazgo del presidente le ha dado otra cara a Bolivia para encarar al mundo. La apuesta por el multilateralismo y la integración como un principio fundamental, por ejemplo, han sido elementos positivos en la gestión del Gobierno mirando al escenario internacional. No hay otro líder en la región que pueda compartir, el mismo mes, un gabinete binacional con el Presidente Mario Abdo Benitez del Paraguay, conversar con el Presidente Maduro o asistir a una invitación del Presidente Duque.

¿Cuál es el debate en el que nos deberíamos centrar los bolivianos en los próximos 5 años?

El debate estará centrado en cuáles son las condiciones para mantener los logros y avances sociales de estos 13 años. De hecho, la agenda política hoy en día está influida en gran parte por este tema. Muchos de los actores de oposición discuten con el Gobierno – y también entre ellos – sobre cómo hacer que el país siga un camino de estabilidad. El gran tema para nosotros será consolidar lo conseguido por el esfuerzo colectivo. Esto, en mi opinión, tiene una comprensión desde lo cotidiano muy clara: la vida en nuestro país se ha vuelto algo más previsible, eso es positivo, significa que son más los bolivianos que pueden hacer planes de medio plazo, que hay mejores condiciones para proyectar cómo queremos vivir.

Hay muchos temas para seguir trabajando y mejorando: la cuestión de la pobreza, la salud, la educación, la seguridad, el sistema judicial, el futuro de los jóvenes, los temas de género y sexualidad para todo esto es necesario partir de un esquema de gobernabilidad que garantice la necesaria estabilidad para que estos retos se aborden con buenos resultados.

En esa tesis de que la política es impredecible, se dice que será difícil ver a Evo Morales pasarle la banda presidencial a otro elegido en las urnas, esto por las características del debate posterior al 21 F de 2016 ¿considera válida esta interpretación? Creo que es necesario dar la posibilidad a la población de que el 2025 se cierre un ciclo de grandes transformaciones liderado por el presidente Morales. Entiendo que haya una cantidad de bolivianos que considere esto discutible, pero la realidad es que, de ganar el MAS esta elección, el país tendrá la opción de ver un ciclo terminado de forma, confiamos, exitosa el año 2025.

¿Cuál fue la peor crisis que enfrentó el Gobierno en estos 13 años y cómo la encaró?

Probablemente los intentos separatistas del 2008. El Gobierno enfrentó una crisis política inédita a tan solo un par de años de haberse constituido, con el agravante de que estaba en juego la propia integridad del país. Ese episodio fue especialmente crítico porque emergieron los vicios más condenables de la sociedad como el racismo y la violencia extrema que polarizó al pueblo boliviano. Todo con el objetivo de frustrar la nueva constitución que luego contó con el apoyo amplio del pueblo boliviano. El Gobierno encaró adecuadamente este momento, se sostuvo en la legitimidad popular, en el apoyo internacional y en todas las expresiones de respaldo al proceso que iniciaba el MAS. Este hito marcó el fortalecimiento del proceso y el declive radical de las viejas maneras que entorpecen el desarrollo social democrático.

Se dice que si Evo cedía su re-postulación hubiera tenido las condiciones de volver en 2025 como un verdadero caudillo y que al aferrarse al poder rifó esta oportunidad ¿Coincide con esa apreciación?

No. Es que aquí no se trata de cómo se lo muestra al presidente, sino de la posibilidad de concluir democráticamente el proceso que inició el 2006. El debate no está en retornar después como un caudillo o un salvador, sino en trabajar por hacer realidad la consolidación del proceso de cambio.

Siempre se ha dicho que Bolivia necesita mano dura para ser gobernada, ¿se aplica este concepto a la actual gestión? ¿Se gobernó con mano dura estos últimos 13 años?

No, el Gobierno ha podido gestionar el poder de forma concertada. Durante los 13 años se ha visto que el Estado ha adoptado como método el diálogo, a veces conflictivo, claro, y la construcción colectiva de soluciones. Por concepto, la lógica del ejercicio de gobierno del MAS ha estado basada en la conjunción de ideas diversas bajo el criterio de la democratización política. La mano dura ha caracterizado a las dictaduras, a través de las sistemáticas prácticas represivas, para mantener la dominación política. Hoy estamos muy lejos de eso y, por el contrario, la mano dura ha sido sustituida por la lógica del esfuerzo colectivo para dirigir el Estado.

Se escucha decir en algunos sectores de la sociedad que es mejor que tus hijos se vayan del país ¿Tiene futuro Bolivia?

Sí. El proceso político que atravesó Bolivia estos años ha permitido que tengamos las condiciones para generar empleos, para dar incentivos, para apoyar proyectos productivos, para acceder a la educación, etcétera. Si somos capaces de mantener este modelo de forma sostenible, no veo por qué los hijos deban migrar como lo hacían en décadas pasadas. Hoy podemos afirmar, viendo la realidad, que hay más chances de asentarse en el país y desarrollarse económicamente. Entonces, sí, Bolivia tiene futuro.

¿Cree que es un error considerar que los incendios en la Chiquitanía tuvieron raíces económicas detonadas por el incremento de nuestra frontera agrícola?

El tema de la Chiquitanía responde a múltiples variables. Es irresponsable pensar que hay un factor único, además exclusivamente local, o un par de hechos que dieron paso a lo que sucedió. Este no es un tema en que uno pueda atribuir las responsabilidades a un solo actor. Es un problema estructural, que lógicamente tiene también una explicación económica por el tipo de actividades que se desarrollan allí, pero no puede culparse a una acción particular o al sistema legal vigente como si éste hubiera desencadenado la emergencia.

El problema es de muchísimos años y es necesario debatir las causas, responsabilidades, y acciones de todos los actores para enfrentar este tipo de fenómenos que, además, se acentúan dadas ciertas condiciones climatológicas. La Chiquitanía nos da lecciones para enfrentar el problema medioambiental, para proponer nuevas acciones de prevención a este tipo de catástrofes, para sensibilizarnos como gobernantes y como ciudadanos, y también para ser responsables con la información que damos y recibimos sobre el tema.