La funcionalidad del nuevo gabinete de Evo

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El presidente ordena el tablero y juega una de sus mayores apuestas con el objetivo puesto a un cuarto periodo presidencial. ¿Quién será el hombre que articule el escenario?

El nuevo gabinete del presidente Morales refleja ciertamente varias peculiaridades a la hora de hacer una evaluación de sus elegidos. No sé si es correcto decir que es el gabinete de la recta final o el del principio. Se trata del primer gran esfuerzo por mostrar una gestión eficiente que corrija las exteligencias (la falta de interconexión de algunos exministros influyentes en el entorno con el resto) que primaron en el anterior equipo de colaboradores del presidente. Los casos más llamativos son el desabastecimiento de agua en la sede de Gobierno, por poner un ejemplo, o las escandalosas repercusiones del caso Zapata y, para entrar en perspectiva, las debilidades de una institucionalidad afectada por el manejo deficiente en la administración: LaMia. Casos que tocaron la imagen del presidente y le causaron un desgaste que incomodaron a quienes conformaron la mesa chica de su entorno.

Morales, no es propenso a realizar cambios, esperó demasiado por este y el precio de su paciencia se reflejó en el desgaste de un año plagado de factores adversos. Las exteligencias, que al ser factores externos habían perdido la interligación con el equipo y de este con la cabeza, acabaron provocando grietas al límite de situaciones que inviabilizaban el futuro, o sea, la agenda patriótica 2020-2025. Es demasiado prematuro asegurar que el trazado del nuevo rumbo mejorará los niveles de interligación y dotará de eficiencia el trabajo en equipo, pero una lectura anterior hace ver que este cambio permitirá una mayor flexibilidad para recomponer la interligación del presidente sin asumir los riesgos de estar detrás de cada decisión o necesariamente comprometido con la crisis.

La evaluación individual cuando se trabaja en equipo resulta evidentemente incómoda. Pero en este caso hay dos elementos que  sustentan una lectura en la implementación de varias metas. La salida del canciller Choquehuanca es por así decir un factor de recomposición inicial en  el objetivo de reproducir el poder más allá de 2020; se trata de una maniobra que cala el mensaje de lo importante que resulta el Occidente en una reelección; mejorando los niveles de interligación del Gobierno con el electorado duro que posee el MAS. Volver a las bases como se ha dicho es  por lo general una invitación al olvido; empero, en este caso tal premonición se acomoda a las fuerzas internas para evitar un mayor desastre. El ingreso de Héctor Arce al gabinete sustenta otro pilar errabundo por el que ha transitado la Transparencia en la presente gestión. En el interregno de estos 10 años la justicia necesitaba la labor hercúlea de compromisos visibles. Arce se ha puesto en la línea de fuego. La salida de Quintana es la más clara evidencia de que la interligación del equipo estaba debilitada.

Antes de anunciar los cambios a su nuevo equipo de colaboradores, el presidente Morales habló de oportunidades y de promover  a los salientes al cuerpo diplomático. Sin saber quiénes serán los elegidos en la letra muerta, la recomposición significó una lucha titánica al menos en los últimos cuatro meses por interligar en una nueva fase; volver a producir ideas. Y quien parece el indicado para poner a funcionar el andamiaje del Gobierno con esta su nueva cara es el vicepresidente que se esforzará por conducir la estrategia como alguna vez el mismo lo ha definido a un estado sólido de trascendencia palpable. Se trata de un gran desafío.