Paralelismos en política antinarcóticos

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Foto: Diario La Tercera

Las causas pueden ser en apariencia parecidas pero corresponden a dos ejemplos distintos en los que prevalece un comportamiento de índole de ideología de izquierda, en lugar de un raciocinio de sobrevivencia política a la hora de elegir entre amigos o enemigos.

En abril de 1994 cuando arrancaba la presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada, un avión Lear Jet surcó el espacio aéreo entre La Paz y Santa Cruz. En el lujoso avión, un funcionario de la DEA explicó por espacio de 30 minutos, papeles en mano, los alcances de una conferencia de prensa que la autoridad nacional iba a realizar en la prefectura cruceña donde se presentaría a Isaac “Oso” Chavarría que meses atrás había sido detenido acusado por facilitar recursos del narcotráfico a la campaña del entonces candidato por el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) Jaime Paz Zamora, que acababa de cumplir exitosamente su periodo presidencial de cuatro años (1989 – 1993).

“Oso” Chavarría se presentó en esa conferencia de prensa con un crucifijo atrapado entre sus dientes en señal previsible de que no hablaría sobre las acusaciones que pesaban contra el ex mandatario. En agosto, o sea, cuatro meses después de esa conferencia que se estampó en las tapas de los principales diarios, acorralado por las acusaciones y el avance del proceso, el líder mirista renunció a la política. La plana mayor del MIR fue perseguida y Oscar Eid Franco detenido en el penal de San Pedro acusado de haber pagado las cuentas de Chavarría durante una internación en una clínica particular.

Reunido hace pocos días frente a un ampliado de simpatizantes, el presidente Evo Morales dejo entrever que el Gobierno de Chile y la DEA le tendieron una trampa al caer detenido en panamá un ex general de la policía con un alijo de 144 kilos de droga. El general (r) trabajaba hasta el día de su caída  en una oficina del Ministerio de Gobierno. El caso que podría haber sido un terremoto al interior del Gobierno pasó como un incidente más. El detenido, según el Gobierno, era un funcionario de quinto rango. No se dijo nada más hasta que el pasado viernes 24 de julio un juez de Miami, donde el general Sanabría se halla preso, convocó a la primera audiencia  en la que el reo se declaró culpable por el delito de tráfico de cocaína. Tras conocer esa declaración Evo Morales advirtió que algo andaba mal. “…algunas autoridades de Chile ya sabían (del caso) que ya hicieron seguimiento. Yo me pregunto: ´si algo sabían algunas instituciones  de Chile ¿por qué no nos comunicaron oportunamente para dar un castigo severo en Bolivia?´”. En ambos casos, correspondía a los jefes políticos de izquierda acumular información para evitar tremendo estado de trance.

Vamos más allá

Durante el Gobierno de Paz Zamora, el comportamiento de índole de ideología de izquierda generó más de una fricción con la Embajada de los Estados Unidos. A pocos días de haber posesionado al general de Ejército Faustino Rico Toro como comandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico FELCN, la representación diplomática estadounidense exigió al ex presidente destituirlo del cargo cuanto antes. El ex mandatario sabía de antemano que Rico Toro estaba vetado para ese puesto pero igual lo posesionó.

Alguna vez, consultado por la expulsión de la DEA, el ex jefe antinarcóticos René Sanabria dijo que esa salida comprometía los resultados de la oficina antidroga porque la agencia norteamericana facilitaba recursos para importantes tareas de inteligencia. Sanabría no fue vetado por la legación diplomática para ocupar el rango y hasta donde se sabe era un policía ejemplar. Cuando la prensa le preguntó al ex presidente Paz Zamora si destituiría a Rico Toro dijo que no cedería a presiones porque son decisiones soberanas de Estado y de su presidente.

En ambos casos opera aparentemente una mano invisible que urde conspiraciones de alto vuelo. Así como Morales, Jaime Paz Zamora quiso restablecer sus relaciones con el imperio. Pero fue demasiado tarde.

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