¿Qué ha mostrado la pandemia de los sistemas de salud en América Latina?

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El Covid-19 lleva ya más de un año circulando en América Latina y ha causado que el continente sea el más afectado del mundo. Dos de los tres países con más fallecidos están aquí y durante estos meses se han observado situaciones de colapso en algunos hospitales de la región que han alarmado a las autoridades.

Las cifras que cita Augusto Galán, director del Centro de Pensamiento Así Vamos en Salud, son muy relevantes: América Latina comprende el 7 % de la población mundial y ha tenido el 19 % de los casos de Covid-19 y el 27 % del total de fallecidos en el mundo por esta causa. ¿Son estos resultados producto de las deficiencias en los sistemas de salud?

Al parecer la respuesta no es tan sencilla, pues en el manejo de la salud y de la pandemia específicamente, también inciden otros factores como las políticas del Gobierno, las decisiones de los gobernantes, la actitud de los ciudadanos, la falta de empleo y la pobreza.

Estos dos últimos factores pueden haber sido decisivos en América Latina donde, explica Galán, mucha gente debió salir a trabajar para ganar su sustento a pesar de las cuarentenas y los distanciamientos sociales. “El reto principal en la pandemia ha estado en la debilidad de los sistemas de protección social, que en América Latina se ha hecho muy evidente”.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza y la pobreza extrema alcanzaron el año pasado en la región niveles que no se habían observado en los últimos 12 y 20 años, respectivamente. Ante la falta de dinero, mucha gente tuvo que salir a trabajar en lo que fuera sin importar las cuarentenas en su país.

Además, afirma Galán, “en América Latina hay un porcentaje de la población que no tiene seguro médico, ni púbico ni privado, y tampoco tiene ingresos suficientes para pagar sus gastos médicos y se quedó sin acceso a los servicios de salud”.

La inversión en salud no ha sido suficiente

Aunque ningún país del mundo estaba listo para la pandemia, como explican los expertos consultados, a unos los encontró peor que a otros y esto se debió también a las pocas inversiones de los gobiernos en salud.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ideal es que los gobiernos inviertan en salud el 7 % del PIB. Pero de acuerdo con la explicación de Francisco Becerra, asesor internacional en salud pública y ex subdirector de la Organización Panamericana de la Salud, esto no sucede en todos los países de América Latina.

Muchos afirman que sí lo hacen, pero lo cierto es que cuentan dentro de ese 7 % el gasto de bolsillo de los ciudadanos, es decir, lo que la gente paga con sus recursos en salud y no solo lo que gasta el Gobierno. Lo ideal es que ese 7 % del PIB sea gasto público.

De hecho, los expertos en salud que han destacado el buen manejo que Uruguay le ha dado a la pandemia, explican que este éxito se debe a un sistema de salud que funciona muy bien porque diferentes gobiernos continuos le han dado importancia a la inversión en salud.

Lo que sí vale la pena destacar en América Latina, afirma Becerra, es que los países reaccionaron rápido y usaron recursos de otros rubros para ampliar las unidades de cuidados intensivos y también fueron ágiles al reorganizar sus hospitales de tal manera que pudieron acomodar algunos de los especializados para atender a pacientes con Covid-19 o ampliar las zonas para tratarlos.

También vale la pena destacar, según Becerra, que la vigilancia epidemiológica en la región mostró su fortaleza al detectar rápidamente los primeros casos de Covid-19 y los que se iban presentando.

Atención primaria, un tema para revisar

Según Augusto Galán,la pandemia también puso a la región a pensar en cómo invertir los recursos, porque la cantidad de contagios y de muertes tuvo que ver también con enfermedades crónicas que no estaban atendidas y que aumentaron la población de riesgo, como los pacientes con hipertensión, diabetes y obesidad, entre otros males.

Muchas de estas personas también eran de bajos ingresos y no habían recibido los tratamientos adecuados por mucho tiempo, con lo cual el virus los encontró en mal estado de salud.

Galán explica que muchos países de América Latina han invertido en grandes hospitales y en tecnología, pero que esto no necesariamente atiende los problemas de salud de la población, como pudo suceder con los casos mencionados, pues no es solo cuestión de contar con las suficientes camas de cuidados intensivos, también es necesario que el sistema ofrezca una atención primaria.

Como dice Galán, “la presencia primaria es necesaria para la prevención y la detección temprana de enfermedades crónicas y para preservar la salud de la población”. Galán opina que este es un tema que debe revisarse en la región para mejorar hacia el futuro.

Otro problema de la situación de salud en América Latina que hizo evidente la pandemia es la poca autonomía sanitaria, que se notó desde la falta de implementos de protección médica hasta en la adquisición de las vacunas.

Como dice Becerra, en varios momentos y varios países no hubo el suficiente abastecimiento del material de protección médica y no solo porque la demanda en el mundo era muy grande o porque muchos países cerraran sus exportaciones y fronteras, sino porque en América Latina no se producen este tipo de implementos. La región depende de otros estados para abastecerse y tal vez, dicen los expertos, esta pandemia sea una oportunidad para que las industrias de la región consideren la posibilidad de incursionar en este sector.

Becerra explica que la pandemia ha dejado claro que los avances científicos no están en la región, ya que de todos los países el único que tiene su vacuna es Cuba. Los demás han tenido que comprarla afuera y eso los ha dejado más vulnerables frente a la pandemia.

La situación de Chile es diferente, agregan los expertos, no solo porque este país cuenta con una muy buena atención primaria en todo su territorio, con la cual es posible llevar la vacuna a todas partes, sino porque pudo comprar la cantidad suficiente para su población.

Las negociaciones bilaterales no fueron iguales en todos los países y tampoco la cantidad de dinero con la que contaban, por lo tanto, la vacunación en la región es lenta y para los expertos consultados es un hecho que depende tanto de los sistemas de salud, como de los gobiernos que negociaron y de los recursos que destinaron.

Esta situación debería de hacer pensar a la región en los beneficios de una puesta en conjunto para producir vacunas e insumos dentro del territorio latinoamericano. Los expertos consultados aseguran que, aunque no se tendría la mayor tecnología, sí que se podría contribuir a cubrir las necesidades básicas de la población. Ambos coinciden que lo prioritario para los países de la región ahora debe ser aplicar una estrategia de vacunación eficiente y una de comunicación que llegue a la población de forma sencilla y eficaz.