Pollos y antibióticos: una investigación sacude la industria alimentaria de EEUU

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“Algunos de los productores avícolas más importantes del país están alimentado a sus pollos de forma rutinaria con una gran variedad de antibióticos, no solamente cuando tienen alguna enfermedad, sino como una práctica generalizada a lo largo de toda la vida de las aves”. Esta es tan sólo una frase, pero puede suponer un terremoto para la industria alimentaria estadounidense. Un reportaje publicado esta semana por Reuters asegura que los mayores productores estadounidenses están proporcionando antibióticos a sus animales de forma habitual, lejos de la revisión de los reguladores alimentarios.

El uso prolongado de dichos antibióticos en animales que serán posteriormente consumidos por el hombre puede provocar que algunas bacterias generen resistencia a los mismos y, por lo tanto, dejen de ser útiles. Esto ha sido considerado por algunos médicos como la próxima gran epidemia que afrontará el ser humano, como aseguró en el mes de julio el director del CDC (Centers for Disease Control and Prevention Director) Tom Frieden. En Estados Unidos, dos millones de personas contraen cada año infecciones resistentes a los antibióticos, y la situación no es mucho mejor en España.

Como puso de manifiesto el primer informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre resistencia a los antibióticos, España se encuentra a la cabeza de los países europeos donde esta amenaza es mayor. Dicho documento aseguraba también que se trata de “un problema tan serio que amenaza los logros de la medicina moderna”. Las razones en nuestro país  son, no obstante, diferentes a las de EEUU. Mientras aquí la resistencia se produce como producto del abuso de los medicamentos y de su prescripción, en el país americano es resultado del uso generalizado de antibióticos en la comida. El 80% de los antibióticos vendidos en Estados Unidos son adquiridos por la industria alimentaria, en principio con fines terapéuticos pero, también, como sugiere la investigación realizada por Reuters, para acelerar el crecimiento de los animales, como es el caso de la bacitracina, la tilosina o la vyrginiamicina. Estos descubrimientos pueden resultar preocupantes también para Europa en caso de que el acuerdo de libre comercio con EEUU salga adelante, lo que permitiría la importación de alimentos que no cumplen la normativa comunitaria.

Chickengate: un antes y un después

Los nombres de compañías como Tyson, Piligrim’s, Perdue, George’s o Koch aparecen en la investigación realizada por Reuters como aquellos que recurren a dosis bajas de antibiótico en la dieta habitual de sus animales. El uso de estos medicamentos durante prolongados períodos de tiempo puede producir la resistencia a los antibióticos, un proceso generalizado en los países occidentales cuyas consecuencias no se pueden anticipar pero que ya están provocando el gasto de millones en tratamientos. Desde los años setenta se sabe que, cuando los antibióticos se administran en pequeñas dosis, las bacterias pueden desarrollar resistencia a los mismos. Ahora este proceso se ha generalizado, y Donald Kennedy, antiguo inspector de la FDA (Food and Drugs Administration), ha calificado la frecuencia con la que las aves consumen antibióticos como “sorprendente”.

El principal problema que pone al descubierto la investigación es que, debido a que el uso de los antibióticos es legal, la FDA (Food and Drugs Administration)no se entromete en las razones por las que estos se utilizan, ni en las dosis ni en la longitud de los tratamientos, que se ha disparado desde que comenzasen a utilizarse de manera regular en los años 40. La información confidencial sobre dichos tratamientos se encuentra fuera del conocimiento del gobierno americano, y esta ha sido revelada por primera vez en el artículo deReuters a partir del análisis de 320 de los conocidos como feed tickets (fichas de alimentación) generados durante los últimos dos años por seis compañías avícolas. Estas fichas especifican los nombres y dosis de los principios activos de cada medicamento consumido, así como la dieta de los animales.

Entre las prácticas llevadas a cabo por dos de las firmas analizadas, George’s y Koch Foods, se encuentra proporcionar antibióticos empleados para tratamientos humanos a sus pollos. Como recuerdan los autores del artículo,Brian Grow y P.J. Huffstutter, se trata de otra práctica legal particularmente peligrosa, puesto que puede provocar que, al mismo tiempo que elimina las bacterias más débiles, promocione las superbacterias. Alrededor del 10% de las fichas revisadas por Reuters listan antibióticos considerados como “médicamente importantes” para los humanos, aun