Bosques de diseño para el futuro

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Foto: animalpolítico.com

rtve.es.- La madera es uno de los primeros materiales que el ser humano aprendió a convertir en herramienta. Su estructura la hace enormemente versátil, al tratarse de un material compuesto natural, y la variabilidad de plantas de las que se obtiene proporciona una enorme variedad de diferencias estructurales que permiten su uso en múltiples tareas. Con toda probabilidad la simple porra de las caricaturas prehistóricas fue uno de sus primeros usos, pero desde ahí en adelante los humanos aprendimos a hacer cosas muy sofisticadas con la madera. Lo que a veces ha llevado a crear bosques completos para plantar y obtener exactamente el rarísimo tipo de madera necesario para una función muy específica y particular: una tarea de paciencia y técnica infinitas. Como el bosque alpino suizo de Risoud, donde Lorenzo Pellegrini mima los árboles para obtener una madera perfecta para violines y otros instrumentos de cuerda. Dentro de dos siglos.

Ése es el problema de la silvicultura especializada: los árboles son lentos en crecer, y resulta que las especies necesarias para algunas aplicaciones son especialmente lentas, y deben además crecer muy despacio, si es que se quiere que la madera tenga las características adecuadas. Las píceas resonantes del bosque de Risoud crecen despacio, y para obtener la madera con la sonoridad perfecta para un violín de calidad superior la madera ha de crecer muy despacio; sólo así adquirirá la estructura necesaria para transmitir el sonido como debe hacerlo. Para conseguirloPellegrini poda y mima estos árboles procurando que su crecimiento sea perfecto, eliminando a los intrusos y sabiendo siempre que el fruto de su trabajo serán violines de magnífica resonancia que se construirán no antes del siglo XXIV. Pues hasta entonces los árboles que atiende no tendrán la edad (más de 300 años) que necesita el fabricante de violines en su madera.

Pero no es el único caso de bosques plantados y cuidados con un propósito específico en mente: BLDBlog cita el bosque de nogales de Lount, en el Reino Unido, patrocinado por la marca de coches de lujo Jaguar. Este bosque pretendecompensar plantando nuevos nogales a aquellos que los vehículos de Jaguar destruyen con su panelado interior de esta madera; son, de alguna forma, una compensación. Mucho antes, en la España del siglo XVII, se plantaron bosques en montes cercanos a los Pirineos para intentar conseguir árboles rectos que sirvieran como mástiles de los veleros de la marina, que habían de ser importados de Rusia o los países nórdicos a través (paradoja) de los comerciantes holandeses, en abierta rebelión. El experimento no resultó: los árboles nacionales no tenían calidad para hacer de mástiles. España reguló cuidadosamente los bosques para impedir la deforestación, y puso estrictas normas de corta y cuidado. Los guardabosques reales tenían el derecho de marcar los mejores árboles para la Corona, y estaba severamente castigado cortar un árbol real.

Porque la madera, un material vivo, varía enormemente por la especie de la que viene, pero también por las condiciones de su crecimiento. Que el árbol tenga más o menos ramas, o la mayor o menor densidad o flexibilidad del conjunto depende de la cantidad de agua, de la calidad de la tierra, de la insolación a lo largo del año, de la densidad de la arboleda o incluso del viento que haga en la zona. Conseguir madera para aplicaciones concretas no es sencillo, como tampoco lo es su tratamiento: en la construcción naval, por ejemplo, se utilizaba sobre todo roble que había de secarse un mínimo de 2 y hasta 20 o 30 años tras ser cortado, si se quería que el barco durase. Los buques construidos con madera verde eran mucho más baratos y sencillos de hacer, por lo que se botaban sobre todo en épocas de guerra, pero duraban poco: la madera se abría y arqueaba haciendo que embarcaran agua, y la resistencia del casco era mucho peor.

Estas tecnologías de silvicultura hiperespecializada y de tratamiento sofisticado de la madera para conseguir características especiales se está perdiendo hoy. Los metales y los plásticos reemplazan a la madera con mucha mayor eficiencia y de modo mucho más predecible: para construir barcos o aviones ya no necesitamos este maravilloso y sofisticado material natural. Sólo gente como Lorenzo Pellegrini conserva estas tradiciones, para una aplicación tan poco común como es la construcción de instrumentos musicales. Y tenemos suerte de que así sea. Porque sin ellos los violines del siglo XIV no sonarían como debe ser; y sin sus equivalentes de hace tres siglos los nuestros tampoco.

 

Por Pepe Cervera