Los rincones digitales del supremacismo blanco
Por: El País
Enero 2021
Fotografia: Facebook de Kevin Greeson
Kevin Greeson, fallecido tras la toma del Capitolio, en una foto de sus redes sociales

 

Kevin Greeson amaba a los perros y las motocicletas, y dec√≠a que estaba listo para la batalla. Con un √°rbol de navidad de fondo y una caja de municiones a sus pies, mostraba orgulloso un fusil de asalto AR-15 en cada mano y dos pistolas en el pantal√≥n. "Quisiera que estos hijos de puta vinieran a mi barrio", escribi√≥ en diciembre cuando public√≥ esa foto en Parler, una red social poblada de seguidores de Trump y extremistas de derecha. "¬°Recuperemos este maldito pa√≠s! ¬°Carguemos nuestras armas y tomemos las calles!", dec√≠a en otra publicaci√≥n. El 6 de enero todo se volvi√≥ real. Grupos de fan√°ticos trumpistas asaltaron la sede del Capitolio en Washington, donde los legisladores se dispon√≠an a ratificar el triunfo de Joe Biden en las √ļltimas elecciones. El saldo fue de cinco muertos. Greeson, de 55 a√Īos, fue uno de ellos.

La familia de Greeson, un agente de ventas en Athens -una peque√Īa comunidad en el Estado sure√Īo de Alabama-, lo describ√≠a como un padre y un marido amoroso. "Estaba emocionado de estar ah√≠", dijeron en un comunicado, "√©l no estaba ah√≠ para participar en la violencia". En redes sociales, Greeson era seguidor de teor√≠as de conspiraci√≥n sobre la pandemia, defend√≠a milicias y alentaba a los Proud Boys, un grupo de supremacistas blancos que ha estado en la mira tras las protestas violentas en Washington. El √ļnico rasgo que parec√≠an tener en com√ļn el hombre que publicaba en Parler y el hombre offline que describe su familia era su predilecci√≥n por Trump.

El ataque al Capitolio fue "un enfrentamiento entre la oscura fantas√≠a digital y la realidad", escribi√≥ el periodista de tecnolog√≠a Farhad Manjoo. No era el primero que ocurr√≠a durante el Gobierno de Trump, pero nunca antes se hab√≠a hecho tan evidente el alcance y el peligro del fen√≥meno de radicalizaci√≥n que el magnate y sus aliados hab√≠an alimentado abiertamente desde que lanz√≥ su campa√Īa a la presidencia, y que empresas tecnol√≥gicas han propiciado y explotado de manera sistem√°tica.

Tampoco es que fuera un secreto inaccesible. Tres d√≠as antes de la revuelta, en The Donald -un foro online de ac√©rrimos seguidores de Trump-, un usuario escribi√≥: "Despu√©s de atacar el Capitolio, voy a pasar la tarde en el Museo del Aire y el Espacio". Un d√≠a antes, en 8kun -un foro virtual sin reglas ni moderaci√≥n de contenido que su creador ha descrito como "el culo de Internet"-, un usuario public√≥: "Vamos a atacar edificios gubernamentales, matar polic√≠as, matar guardias de seguridad, matar funcionarios". Durante diciembre, personas que planeaban viajar a Washington el 6 de enero compartieron en Facebook un afiche que dec√≠a: Operaci√≥n Ocupa el Capitolio. En los 30 d√≠as previos a la insurrecci√≥n, seg√ļn una empresa de an√°lisis de medios citada por The New York Times, la frase "storm the Capitol" (asaltar el Capitolio) fue utilizada en l√≠nea unas cien mil veces.

"La gran paradoja es que te√≥ricamente vivimos hipervigilados, pero claro: lo que buscas se define por el objetivo de quien busca. Estamos hipervigilados por empresas que quieren optimizar el tiempo de pantalla, no por empresas que quieren encontrar terroristas", explica la autora y periodista espa√Īola Marta Peirano, que investiga y escribe sobre tecnolog√≠a y poder.

En septiembre del a√Īo pasado se filtr√≥ a los medios el borrador de un informe del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos que se√Īalaba que atacantes solitarios y peque√Īos grupos motivados por "factores sociales, ideol√≥gicos y personales" representar√≠an "la mayor amenaza terrorista" para el pa√≠s en 2021, con los supremacistas blancos como "la amenaza m√°s letal". Despu√©s del ataque al Capitolio, un alto mando del FBI dijo en un primer momento que ellos no ten√≠an "ninguna se√Īal inminente de violencia", pero pronto result√≥ desmentido: el Washington Post revel√≥ que, un d√≠a antes del asalto, una oficina del FBI en Virginia hab√≠a advertido que extremistas se estaban preparando para viajar a Washington con intenciones violentas y "de guerra", a partir de informaci√≥n que hab√≠an recabado en l√≠nea.

"El Congreso necesita escuchar que se rompan los cristales, que se pateen las puertas y que se derrame sangre de sus soldados esclavos de Black Lives Matter y los antifascistas", se lee en la publicación que obtuvieron los agentes. Días después, el FBI terminó por reconocer que sí había reunido información de inteligencia sobre un posible ataque, pero que nunca distribuyó un informe formal para no vulnerar "la libertad de expresión" de los manifestantes.

Los m√°rgenes del terror

"Bienvenido a Gab, una red social que defiende la libertad de expresi√≥n, las libertades individuales y el libre flujo de informaci√≥n online", dice en su p√°gina de inicio la plataforma que, por estos d√≠as, se ha convertido en un refugio predilecto de los usuarios de derecha expulsados o autoexiliados de otros sitios en l√≠nea. Desde que, la semana pasada, Amazon, Google y Apple decidieron dejar de alojar a Parler -una red social popular entre conservadores y trumpistas- por incitar a la violencia, Gab ha estado recibiendo un promedio de 10.000 usuarios nuevos cada hora, seg√ļn ha publicado Andrew Torba, CEO y fundador del sitio.

Pero Gab, creada en 2016, ya hab√≠a tenido su momento de estrellato durante el Gobierno de Trump: el s√°bado 27 de octubre de 2018, antes de entrar a una sinagoga de Pittsburgh, abrir fuego y asesinar a once personas, Robert Bowers poste√≥ un √ļltimo mensaje antisemita en su cuenta de Gab, donde sol√≠a publicar teor√≠as conspirativas nazis, insultos racistas e im√°genes de sus pr√°cticas de tiro y sus armas. Casi un a√Īo despu√©s, otro sitio web usado como refugio por supremacistas blancos, neonazis y extremistas de derecha, 8chan, volvi√≥ a aparecer en las noticias: en agosto de 2019, media hora antes de abrir fuego y matar a una veintena de personas en un centro comercial de El Paso, Texas, Patrick Crusius public√≥ all√≠ un manifiesto supremacista donde culpaba a los migrantes latinos de "robarse los trabajos".

Despu√©s de la masacre de El Paso, el sitio 8chan -que ese mismo a√Īo fue vinculado con otros dos atentados de supremacismo blanco cometidos por usuarios que dijeron que se hab√≠an radicalizado all√≠-, perdi√≥ su dominio y su alojamiento web y tuvo que reinventarse como 8kun.

"La parte aterradora de estos sitios es que es casi imposible saber qui√©n habla en serio, porque todos dicen lo mismo: queremos una guerra civil, hablan de matar, de las armas que quieren o que tienen....es realmente muy muy dif√≠cil saber qui√©n se va a quebrar", dice la periodista Talia Lavin, autora del libro Se√Īores de la guerra cultural: mi viaje a la web oscura del supremacismo blanco. Durante la investigaci√≥n para su libro, Lavin asumi√≥ distintas personalidades falsas y se infiltr√≥ en foros virtuales, grupos de chat y plataformas frecuentadas por extremistas para comprender c√≥mo se radicalizan los hombres, qui√©nes son los neonazis contempor√°neos. Cuando se le pregunta si es posible distinguir el alardeo violento de una amenaza real, Lavin habla de "terrorismo estoc√°stico": "La creaci√≥n de un entorno donde hay una constante incitaci√≥n a la violencia, donde se describe de manera constante a los grupos que son foco del odio y la violencia que te gustar√≠a hacer, con la esperanza de que alguien tome la iniciativa".

El concepto de "terrorismo estoc√°stico" se ha utilizado tambi√©n para hablar del peligro potencial de la desinformaci√≥n: el bombardeo de noticias falsas y teor√≠as conspirativas que pueden incitar o habilitar a individuos al azar a cometer actos violentos. As√≠ es como, por ejemplo, una madre de 50 a√Īos termina diciendo p√ļblicamente en Facebook que hay que bombardear al movimiento Black Lives Matter o ahorcar a los antifa, dice Lavin: "El algoritmo premia el contenido que produce muchas interacciones [engagement] y los mensajes de odio o las teor√≠as conspirativas siempre obtienen muchas reacciones porque atraen a la gente, y entonces las arrastra a ver m√°s, y ven cada vez m√°s y m√°s".

Para Andrew Marantz, periodista de la revista The New Yorker que el a√Īo pasado public√≥ el libro Anti-social: c√≥mo los extremistas online rompieron a Estados Unidos, "es cierto que las peores partes de internet, per c√°pita, son las m√°s extremas (los chans, Gab, ciertas partes de Reddit). Pero per c√°pita no es la √ļnica forma de medirlo: el alcance absoluto tambi√©n importa, y tal vez sea el m√°s importante. En ese sentido, es posible que el mayor da√Īo se haya hecho, y todav√≠a se siga haciendo, en Facebook".

Malos conocidos

Seg√ļn una encuesta publicada por el Pew Research Center el a√Īo pasado, uno de cada tres estadounidenses afirma que Facebook es su principal fuente de noticias. El dato es bastante preocupante en s√≠ mismo, pero en todo caso se trata de una puerta de entrada a las drogas duras de la desinformaci√≥n. "En realidad, la mayor parte de la movida pasa en los grupos secretos de Facebook", dice Marta Peirano, autora del libro El enemigo conoce el sistema: grupos que no salen en los buscadores y no aparecen en los recomendados, adonde llega la desinformaci√≥n de la que nadie se entera porque te√≥ricamente est√°n protegidos y son invisibles, explica.

Despu√©s de 2016, cuando empez√≥ la investigaci√≥n sobre la interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos "y se demostr√≥ que los rusos hab√≠an agujereado Facebook de campa√Īas y p√°ginas falsas y desinformaci√≥n, y se hab√≠an puesto a sus anchas ah√≠ a cargarse el proceso democr√°tico", detalla Peirano, Mark Zuckerberg dijo que, para que ese tipo de cosas no prosperaran, la red "iba a favorecer los grupos privados, que es exactamente donde se radicaliza la gente. Con lo cual Facebook de repente sac√≥ del espacio p√ļblico, o sea, del espacio que se pod√≠a monitorizar, este tipo de actividades, y los encerr√≥ en grupos privados".

"Si empujas los discursos extremos a las sombras, permites que se profundicen", coincide Marantz, aunque cree que sacarlos de la vidriera "también reduce su alcance y dificulta que los extremistas recluten a nuevos miembros".

En su exploración por los rincones del supremacismo blanco, Lavin se topó con neonazis radicalizados preocupados por la posibilidad de que agentes federales estuvieran leyéndolos, pero dice que ese no es el caso de los trumpistas: "Ellos nunca han enfrentado una consecuencia en sus vidas. Se ven a sí mismos como parte de un movimiento convencional, como algo perfectamente aceptable".

Para hablar de lo arraigada que estaba esta convicción entre los atacantes del Capitolio, el columnista Farhad Manjoo describe un clip de la revuelta que se volvió viral, donde una mujer que se presenta como "Elizabeth, de Knoxville" se queja con un reportero porque apenas intentó poner un pie dentro del edificio la habían frenado, la empujaron hacia afuera y le arrojaron gas pimienta. El periodista le pregunta entonces por qué quería entrar al edificio y ella le responde indignada: "¡Estamos atacando el Capitolio! ¡Es una revolución!".

El episodio recuerda un poco a Christopher Cantwell -tambi√©n conocido como the crying nazi-, uno de los rostros m√°s emblem√°ticos de la marcha de nacionalistas blancos que se hizo en agosto de 2017 en Charlottesville, Virginia. Cantwell es el personaje principal de un peque√Īo gran documental que hizo Vice News sobre aquella marcha, donde aparece defini√©ndose con orgullo como alguien m√°s racista que Donald Trump y asegura que est√° preparado para la violencia: "Yo porto un arma, voy al gimnasio todo el tiempo, me preparo para ser m√°s apto para la violencia". D√≠as despu√©s de los enfrentamientos en Charlottesville, que acabaron con un muerto, Cantwell aparece llorando en un video casero al enterarse de que hay una orden de arresto en su contra. Dice que est√° aterrorizado de que los polic√≠as quieran matarlo y jura que, aunque ha dicho "un mont√≥n de mierda en internet", √©l y los de su grupo siempre han hecho "todo lo posible para mantener esto de forma pac√≠fica".

Charlottesville fue una de las muchas advertencias de lo que estaba ocurriendo con la legitimación del supremacismo blanco bajo el mandato de Trump, "pero en ninguno de los casos anteriores estaban todos los representantes democráticos del Gobierno de Estados Unidos a merced de dos mil locos que habían entrado en el Capitolio por la fuerza", resume Peirano. "En realidad ha sido una suerte y un aviso. Podía haber sido muy muy muy grave. Esta es gente muy enfadada, muy confusa y muy desesperada, pero la gente peligrosa no entra en el Capitolio y se saca una foto en el escritorio de Nancy Pelosi. La gente peligrosa de verdad sí que protege su identidad".

 

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