
Mapa publicado por Estados Unidos de los ataques realizados en Irán en las primeras 100 horas de la Operación Furia Épica.
La guerra abierta entre Irán, Estados Unidos e Israel continúa escalando tanto en intensidad como en extensión geográfica. Lo que comenzó como una campaña aérea de gran magnitud se ha transformado en un conflicto multidominio que ya afecta de lleno al golfo Pérsico, a todo Oriente Medio, al Mediterráneo oriental y al interior mismo de Irán.
Además, la dimensión naval ha cobrado mayor protagonismo en las últimas horas, al tiempo que aumentan las señales de una posible ampliación terrestre indirecta a través de los grupos kurdos, que recientemente se han integrado en una coalición para combatir a la República Islámica.
Más bajas estadounidenses
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha confirmado que ya son seis los soldados estadounidenses muertos desde el inicio de la Operación Furia Épica, todos en Kuwait. Parte de los cuerpos han sido repatriados a territorio estadounidense en un contexto de creciente presión política interna en Washington.
A estas bajas se suma un incidente aéreo extremadamente delicado: tres cazas F-15 estadounidenses fueron derribados en espacio aéreo kuwaití. Los tres pilotos lograron eyectarse y fueron recuperados con vida en Kuwait. Las circunstancias siguen bajo investigación.
La hipótesis con más fuerza apunta a fuego amigo por parte de un avión de combate kuwaití. Aunque podría tratarse de un error en un entorno de saturación aérea permanente, el hecho de que se produjeran tres derribos consecutivos ha abierto también especulaciones sobre una posible acción deliberada por parte del piloto implicado. Por ahora, no hay confirmación oficial concluyente.
Irán, por su parte, ha intensificado su campaña contra infraestructuras militares en el Golfo. Instalaciones estadounidenses en Baréin, Catar y Kuwait –incluidas la Naval Support Activity en Manama, Al-Udeid y Ali Al-Salem– han sido atacadas de forma reiterada con misiles balísticos y drones. Kuwait ha confirmado la muerte de cuatro soldados kuwaitíes, convirtiéndose hasta ahora en el país árabe con más bajas oficiales.
En el dominio naval, la escalada es evidente. Ya son seis o siete buques comerciales atacados en el golfo Pérsico en los últimos días, lo que está generando un efecto acumulativo de desconfianza entre navieras y aseguradoras.
La danesa Maersk y la suizo-italiana Mediterranean Shipping Company (MSC), dos de las mayores compañías de transporte marítimo del mundo, han anunciado la suspensión del tránsito de sus buques por el estrecho de Ormuz ante el deterioro de la seguridad.
La decisión no solo refleja el nivel de riesgo percibido por el sector, sino que tiene implicaciones directas sobre las cadenas logísticas globales y el mercado energético. Por otro lado, Irán no necesita un bloqueo formal para lograr impacto: ataques intermitentes y declaraciones contradictorias bastan para elevar el riesgo operativo.
La reducción del tráfico marítimo comienza a ser notable –el tráfico de petroleros se ha reducido un 90%, según MarineTraffic– lo que permite a Teherán presionar económicamente sin asumir el coste militar y logístico de un bloqueo absoluto.
Al mismo tiempo, la guerra marítima se ha expandido fuera del Golfo. La fragata iraní Dena ha sido hundida por un submarino estadounidense cerca de Sri Lanka el 4 de marzo. El buque regresaba del ejercicio naval internacional MILAN 2026, celebrado en India, cuando fue alcanzado por un torpedo, dejando alrededor de 150 miembros de la tripulación desaparecidos o muertos, según algunas fuentes.
Asimismo, Israel continúa recibiendo impactos de misiles iraníes, mientras que en el frente norte la confrontación con Hezbolá ha adquirido una dimensión terrestre más visible.
En el sur de Líbano se han producido enfrentamientos directos, con varios tanques Merkava israelíes alcanzados por lanzacohetes antiblindaje de la milicia chií. La aviación israelí responde con ataques sostenidos contra posiciones militares, infraestructuras y figuras clave vinculadas a Hezbolá. El Estado hebreo también ha ampliado de forma limitada su presencia en territorio libanés, aunque sin lanzar por ahora una ofensiva terrestre a gran escala.
En paralelo, Israel ha intensificado bombardeos contra milicias iraquíes proiraníes en Irak, incluyendo ataques a posiciones militares y asesinatos selectivos de algunos líderes. El frente se extiende así a otro escenario indirecto del eje iraní.
Continúa la presión contra Irán
Dentro de Irán, los bombardeos de Estados Unidos e Israel durante los primeros días de guerra siguen concentrándose en Teherán y otras ciudades estratégicas. Han sido alcanzados edificios institucionales, instalaciones de la fuerza Basij y dependencias policiales, en un intento de erosionar tanto la capacidad militar como el control interno del gobierno.
En el Kurdistán iraní se han registrado abundantes ataques aéreos contra puestos fronterizos e instalaciones militares, y paralelamente ha circulado –principalmente a través de medios israelíes como i24– la teoría de que miles de combatientes kurdo-iraníes han recibido armamento y organización para actuar como fuerza terrestre contra el gobierno central, presuntamente bajo un plan respaldado por la CIA –algunas fuentes citan también al Mossad–.
Esta versión, de ampliación directa de la guerra a un frente interno kurdo, tiene que tomarse con cautela: ya son dos partidos kurdo-iraníes importantes –PJAK y Komala– los que han negado públicamente ese tipo de operaciones o apoyo directo, y muchos de los grupos kurdos están políticamente divididos en cuanto a su papel en el conflicto.
Es importante tener en cuenta de que en las guerras, la batalla por la información es un terreno de combate en sí mismo, donde ganar el relato o sembrar confusión contra el adversario puede ser tan relevante como las acciones sobre el terreno.












