El oro une su destino a la Fed y consolida un suelo en los 4.000 dólares

El País
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Su precio acumula una caída desde los máximos de enero del 25% a la espera de que se aleje la amenaza inflacionista y de subida de tipos.

El oro vuelve a tener una reñida rivalidad con los bonos estadounidenses. El metal dorado vivió en 2025 un año histórico, en el que se disparó el 65% alentado por el apetito comprador de los inversores institucionales, que se sumaron con una intensidad sin precedentes a las adquisiciones de oro que ya venían acelerando los bancos centrales. En este año, y tras alcanzar un máximo histórico intradía a finales de enero en los 5.595 dólares por onza, su rally se ha truncado. El oro está purgando los excesos de su ascenso y acusa además la competencia que suponen unos bonos que han elevado su rentabilidad a medida que crecen los temores inflacionistas por el encarecimiento de la energía. El metal tiene las de perder si la Fed subiera los tipos de interés, puesto que tener oro en cartera supondría perderse una mayor rentabilidad por la deuda y por un dólar más caro.

Después de la fiebre compradora que se desató el pasado año, y que incluyó dosis de especulación, los analistas coinciden en que el precio del oro va a guiarse en los próximos meses por factores macroeconómicos como el nivel de tipos en EE UU o la fortaleza del dólar. El apetito comprador de los bancos centrales, que se mantiene firme, va a servir no ya para propulsar de nuevo el precio del oro, sino para establecer al menos un suelo en su cotización alrededor de los 4.000 dólares. Por debajo de esa cota es donde surgirían las oportunidades de compra y, para ver el metal dorado de nuevo sobre los 5.000, hará falta mucho más que el sostén comprador de los bancos centrales, inmersos en un proceso de diversificación de sus reservas más allá del dólar. Los analistas de Citi estiman que el oro podría corregir durante el próximo mes, pero prevén que repunte hasta 4.500 dólares por onza a lo largo del cuarto trimestre del año, para retornar a los 5.000 dólares en la primera mitad de 2027.

“El próximo catalizador significativo para el oro probablemente provendrá de la Reserva Federal. Una vez que los mercados adquieran la confianza de que 2026 no es el punto de partida de un ciclo de endurecimiento agresivo, los flujos de los ETF deberían volver a ser favorables”, señala Kerstin Hottner, responsable de materias primas en Vontobel. Sería la condición necesaria para que el oro rompa su rango de cotización actual y reanude una tendencia alcista general a largo plazo en la que coinciden los expertos. De hecho, y hasta que la guerra de Irán y el temor a una energía más cara y una inflación más elevada irrumpieron en el ánimo de los inversores, el horizonte era claramente prometedor para el oro, con factores estructurales a su favor que hoy siguen presentes, pero muy en segundo plano. Así, la diversificación de las reservas por parte de los bancos centrales continúa, al igual que la demanda de oro físico en Asia, la diversificación de las carteras de inversión y la inquietud sobre los elevados niveles de deuda soberana, en especial en EE UU. Son motivos para esperar un dólar más débil que en algún momento vuelva a impulsar al oro.

Como explica Charlotte Peuron, gestora de fondos especializada en metales preciosos de Crédit Mutuel Asset Management, en la actualidad hay tres factores clave que lastran los precios del oro y limitan el interés de compra por parte de los inversores occidentales: la incertidumbre en torno a la política monetaria de la Reserva Federal, el aumento de los tipos de interés reales en EE UU y la fortaleza del dólar estadounidense. “Estos tres factores están estrechamente interrelacionados, y sería necesario que todos ellos cambiaran de rumbo para que el oro recuperara una tendencia alcista sostenida”, añade.

En plena sacudida de los mercados con el shock energético en Irán, el oro no actuó como activo refugio. Sí lo había sido el año anterior, cuando las preocupaciones por la pérdida de independencia de la Reserva Federal avivaron las compras del metal, pero el estallido de la guerra en Oriente Próximo sorprendió al oro con una prima de valoración que ya había comenzado a purgar semanas atrás, cuando se conoció el nombramiento de Kevin Warsh al frente de la Fed, recibido como un garante para la estabilidad del dólar. Las ventas de oro sirvieron en el inicio de la guerra en Oriente Próximo para hacer acopio de liquidez en un nuevo escenario de gran incertidumbre. “Una gran cantidad de dinero especulativo salió del mercado, con las posiciones largas netas especulativas cayendo a su nivel más bajo en dos años”, recuerda Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM. Ahora, el experto sostiene que “el oro ha vuelto a alinearse con sus motores históricos, que son los rendimientos reales estadounidenses y el dólar ponderado por comercio” y espera que su precio ascienda a los 4.600 dólares a final de año.

El precio del metal dorado ronda ahora los 4.100 dólares, un nivel cercano a su suelo, según los analistas. “A medida que los precios del oro han bajado en las últimas semanas y se han acercado a los 4.000, los bancos centrales han intensificado sus compras de oro para diversificar sus reservas. Los 4.000 constituyen un mínimo sólido para los precios del oro”, defiende Kerstin Hottner. Y por debajo de ese nivel, UBS reconoce que surge una oportunidad de compra. “Los retrocesos del oro hasta los 3.850 dólares por onza son oportunidades para aumentar la exposición, más que motivos para adoptar una postura más bajista”, argumenta el banco suizo. Para Charlotte Peuron, “el nivel de 4.000 dólares por onza representa un umbral técnico y psicológico importante. Sin embargo, dada la volatilidad actual del mercado, podría romperse. Si eso ocurriera, podría suponer una oportunidad de compra atractiva a largo plazo”.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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