Filosofía barata y kichute de goma: ¿Por qué?

Mikio Obuchi
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A todo volumen cuento editorial 3600

Detesto el rock argentino, aunque no porque sea mala música sino porque me trae malos recuerdos (como algún viaje, como alguna comida). Quizás esta frase sea una opinión impopular, pero toca discutirla y ver qué pasa con esa frase categórica casi dictatorial (¿trauma?). El libro: A todo Volumen, una antología que reúne narraciones donde la música funciona como motor y amplía la cuestión: Amistad, compañerismo, nostalgia y retazos de una aventura.

Los antologadores Karen Veizaga y Alan Santos con el apoyo de la editorial 3600 construyeron algo más que un libro; juntaron una flotilla de barcos que flotan entre acordes, melodías, recuerdos y emociones, a partir de algo que cada vez cobra más espacio en el quehacer literario: la música. Hablo de seis cuentos y seis crónicas que nos dan un pantallazo sobre los que suena la literatura actual (y no me refiero a la vocecita que suena mientras decodificamos el lenguaje escrito).

Quiero empezar por los cuentos (quizás porque las crónicas no son de mis favoritas… ando negativo, ¿no?) donde se puede ver una cosa que me parece interesante: estos cuentos roban el tiempo musical (me refiero al tiempo en que se escucha la canción) para redistribuirlo en diferentes situaciones. Para Lourdes Reinaga, ese tiempo no está robado, sino integrado al relato: hace de su cuento una canción cuyo ritmo es la lectura (El pez apunta al sur). Leaño Martinet embriaga de magia su historia: no hay canción, solo una secuencia de notas, quizás armonía, quizás melodía, quizás el timbre del mito (Salud por: La melodía borracha). Rodrigo Simons nos hace una playlist parrillera: ¿de qué puede hacer una parrillada? Hasta ahí, las aguas son el sonido misterio.

Saliendo de aguas misteriosas toca voltear a esos momentos que producen el temor por lo incierto que crece ante nuestros ojos: “La fiesta”, de Karen Veizaga: el rap del primer beso, quizás, un primer amor. ¿Qué padres no llevan la vigilante preocupación entre las notas? ¿Se protege, se encierra o se acompaña? Recuerdo que cuando tocaba guitarra las previas al concierto eran una cuestión terrible: los nervios, las ideas en la cabeza, mientras todo sonaba, así como en el cuento de Ariadne Ávila, donde la música no para de sonar (L’Amour est un oiseau rebelle).

Finalmente, un efecto interesante: Pascal Quignard, en su libro Odio a la música, habla de cómo la música se vuelve ruido, pues no la escuchamos a profundidad; esta irrumpe sin permiso alguno como un flujo continuo (salgan a la calle y pidan a los perros que dejen de ladrar y a las hojas que dejen de sonar). Así lo muestra “Sólo por ella”, de Mauricio Rodríguez (un minibús y su música). En este repaso al vuelo creo que se ve cómo la música está presente en cada cuento. Es curioso que esté presente de forma continua: sigue sonando, recordándonos que algo suena, algo nos susurra y ese algo nos acompaña, para bien o para mal. ¿Sigues detestando el rock argentino? (Sí, para bien o para mal).

A todo volumen crónica ecitorial 3600

Luego tenemos el otro lado, que es un lado lleno de nostalgia: las embarcaciones tienen que transitar por un pasado vivido o contado. Es la parte de la crónica donde Claudia Daza nos pone frente a “Los gringos bandoleros”: son memorias construidas con charangos y quenas, y con fiestas. Spoiler: “hasta había un japonés” (no se fijen en el nombre del autor de la nota). Hacer música hace parte de la construcción de amistades, entre “Cigarros rojos” y Humberto Pinto. Hacer música te lleva por misteriosos caminos: ¿no se habla de Puno? Descubran “El eterno retorno” de Alan Santos; ahí tienen sus respuestas.

“De la música a la palabra”, Claudio Ferrufino nos narra cómo irrumpe la música en su escritura, más que una crónica, un consejo. Al ser el mar, la música está en todos lados, y a Vadik Barrón le persigue de Oruro a La Paz y Cochabamba; sería interesante leer El perseguidor (suena a chaki o resaca 😉) para ver cómo lo hace. A Adrián Nieve la música lo persigue como memoria y, como Cerati (Cerati en un soundtrack), es la voz del espectro que pasó.

¿Sigues detestando el rock argentino?

Lo cierto es que sí, y mucho de ello no es por la música, sino por las cadenas que hacen sonar: personas que se van, personas que quedan, amistades que solo se pueden llevar por WhatsApp. Y es que eso es lo bello de este libro: te hace pensar en los porqués de cada momento, en la música escrita en palabras y en el espectro que habita el mar y los que trepan a sus embarcaciones. Eso no hará que deje de odiar el rock argentino. ¿Hasta cuándo? (No sé y, como dice Charly: “filosofía barata y zapatos de goma… quise quedarme, pero me fui”).

“Leer a todo Volumen”, la antología que fue presentada el seis de agosto de 2026, te pone frente a esa relación entre música y vida (no siempre es positiva: hace de las cicatrices heridas por 3 minutos 30 segundos) … ¿Por qué oímos lo que oímos? ¿Por qué una de Chayanne y no una obra de Bach?… “Y en este torbellino donde nada importa me sentí aliado y te perdí… quise quedarme cuando morí de pena, pero me fui”.

 

(Charly, ya saliste. Vete al infierno).


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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