El voto anticipado vaticina una victoria demócrata en las midterms de Estados Unidos

El voto anticipado –early vote o early voting en inglés– es el primer termómetro de las midterm elections –las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos– y, en 2026, los datos apuntan hacia una misma dirección: una victoria demócrata. Eso mismo han ido indicando numerosos elementos previos al día de la elección.
Según On Point Politics, a 2 de noviembre se habían emitido 50,8 millones de papeletas antes del día de la elección en 47 estados. En los 45 que permiten establecer una comparación, la cifra supera en un 12,1 % la registrada en la misma fecha de 2022. El dato es relevante en términos absolutos, pero lo es todavía más por su distribución territorial y por su composición partidista, que dan de sí una suerte de radiografía anticipada del electorado norteamericano.
Un voto adelantado y más nutrido
El sistema estadounidense no inscribe automáticamente al ciudadano en el censo: con la excepción de Dakota del Norte, cada votante debe registrarse por su cuenta. Al hacerlo, el ciudadano indica a menudo su afiliación partidista, por lo que se reconoce frente a la administración como republicano o como demócrata –otros tantos, no obstante, se registran como non-partisan–.
Ese registro es permanente mientras no cambie de domicilio, de nombre o de afiliación. La ley federal de 1993 impide cerrar las inscripciones más de treinta días antes de una elección federal, y algunos estados, como Minnesota o Wisconsin, permiten incluso registrarse el mismo día de la votación.
Sobre esa base, el voto anticipado –en persona o por correo– no ha dejado de crecer. Rondaba el 31% de las papeletas en 2014 y cerca del 40% en 2018, y en 2020 la pandemia lo convirtió por primera vez en la vía mayoritaria de participación.
Desde entonces, además, adquirió un sesgo partidista claro: los demócratas votan antes y los republicanos, tras años de desconfianza en el sistema de custodia de los sufragios, alentada por el propio Donald Trump, prefieren hacerlo el día de la elección.
En este contexto, el crecimiento de 2026 resulta llamativo. Virginia (+71%) y Wisconsin (+70%) encabezan la lista entre los estados con datos sólidos, seguidos de Illinois (+50%), Nueva York (+41%), Kansas y Alaska (+33%), Carolina del Norte (+30%), Texas (+24%) y Ohio (+21%). Las caídas se concentran en los estados cuyo early vote es casi enteramente por correo –Washington, Oregón, Utah–, donde el ritmo de devolución de papeletas distorsiona la comparación, y en Pensilvania (−6%).
Míchigan aparece en el rastreador con un −15%, una cifra que contradicen los datos de su Secretaría de Estado y de la agencia AP. No obstante, más votos no equivalen automáticamente a más votantes: parte del aumento puede proceder de electores que en 2022 votaron el día de la elección y ahora han adelantado su papeleta.
Por ello, el indicador más revelador no es el volumen, sino la composición. Entre los votantes anticipados de los estados que publican la afiliación, los demócratas registrados –ciudadanos que, al registrarse como electores, declararon ser demócratas– suman el 40,5% de las papeletas y los republicanos, el 32,9 %.
Pero además, frente al mismo día de 2022, la ventaja demócrata –es decir, la diferencia entre el porcentaje de votos anticipados emitidos por votantes demócratas y por votantes republicanos– ha mejorado en favor de los Dems en Carolina del Norte, donde ha pasado del 7 al 12,2, o en Iowa, donde ha pasado del 12,1 al 18. En Texas, por ejemplo, el voto anticipado sigue siendo mayoritariamente republicano, pero con una distancia sensiblemente menor: del 13,4 en 2022 al 8,3 en 2026.
Mapas a medida y un Senado en juego
La traducción de ese voto en escaños, sin embargo, no es lineal, puesto que la Cámara de Representantes se elige en 435 distritos uninominales cuyo trazado depende de las legislaturas estatales. En 2025 Trump forzó una ronda excepcional de redistribución a mitad de década. Texas, Ohio, Carolina del Norte, Misuri y Florida redibujaron sus mapas en beneficio del Partido Republicano, mientras que California y Virginia respondieron con mapas favorables a los demócratas.
El gerrymandering –la reordenación interesada de los límites distritales– consiste precisamente en concentrar o dispersar el voto rival para que la misma cantidad de papeletas produzca menos escaños. En consecuencia, un aumento del voto demócrata en Ohio o Carolina del Norte puede quedar parcialmente neutralizado en la Cámara por un trazado diseñado para absorberlo.
Esto funciona si, por ejemplo, el Partido Demócrata cosechó en 2022 un 52% de votos en un distrito X y un 28% en otro distrito Y adyacente al distrito X. Con esa distribución, los Dems habrían obtenido uno de esos dos diputados.
El gerrymandering consistiría en redibujar ambos distritos, de forma que franjas donde el partido es particularmente fuerte en el distrito X pasen al distrito Y. Como consecuencia, el Partido Demócrata obtendría un 45% en el distrito X y un 35% en el distrito Y, cosechando así cero diputados entre ambos distritos.
Desde esta perspectiva, teniendo en cuenta el efecto compensatorio que el gerrymandering tendrá inevitablemente en la disputa por la Cámara de Representantes, cuyo reparto se efectúa distrito a distrito, el voto anticipado resulta más útil para leer el Senado, que se decide en todo el estado y escapa a la ingeniería distrital.
Y es ahí donde los datos coinciden con el tablero competitivo. Son toss up –carreras sin un favorito claro– los asientos de Texas, Ohio, Alaska, Iowa, Kansas, Maine y Míchigan, mientras que Carolina del Norte se considera ya un probable cambio de manos a favor de los demócratas. Cinco de ellos combinan un crecimiento del voto anticipado con un desplazamiento hacia los demócratas, en estados que Trump ganó en 2024 por márgenes que en algunos casos superaban los diez puntos.
El cuadro, con todo, no es homogéneo. En Iowa, Kansas y Pensilvania la composición del voto anticipado se desplaza hacia los republicanos. Esto sugiere que el aparato del partido ha logrado convencer a una parte de sus bases de abandonar la desconfianza hacia el sufragio por correo, lo que no implica necesariamente una mayor movilización republicana, sino un cambio en la forma de votar.
En conjunto, si los datos son correctos, el voto anticipado de 2026 dibuja un electorado demócrata más movilizado y, sobre todo, un desplazamiento en estados conservadores donde el malestar económico erosiona la base del trumpismo. Será el recuento del 3 de noviembre el que determine si esa ventaja inicial resiste o si el voto republicano del día de la elección vuelve a compensarla.












